Disertación sobre disputas en el Alarde de Hondarribia (I)

Josu Markuleta

Recientemente en un artículo publicado en DV el alcalde de Hondarribia Igor Enparan declaraba: «Estoy convencido de que las y los hondarribiarras serán capaces de buscar un acuerdo compartido». También ha reconocido que «sigue habiendo división» y ha apuntado a que este es un asunto que se está trabajando. «Llevamos muchos años dialogando –dice-, buscando espacios para que podamos celebrar, toda la ciudad junta y unida, este día». Igor Enparan ha mostrado su convencimiento de que habrá solución, y ha reivindicado que «la única herramienta que tenemos es el diálogo».

El alcalde miente cuando dice que ha tenido gestos significativos a favor del encuentro entre las dos formas de entender el Alarde, y que está promoviendo, incluso, que compartieran espacios físicos. Es falso, ya que han excluido a una parte de la ciudadanía de forma deliberada a la hora de hablar en una mesa de negociación sobre este tema.

Está manipulando cuando dice que se han encontrado con la reticencia de Hondarribiko Alardea, que se mantiene firme en la postura de reclamar respeto a su conmemoración y a una fiesta que cuenta con un respaldo mayoritario por parte de la ciudadanía.

El alcalde ha afirmado que «la ciudadanía de Hondarribia tiene los mismos derechos, sean hombres o mujeres, o independientemente del color de su piel. También cierto, pero promover una postura discrimina a la otra, y no hace nada por conciliar ambas posturas. ¿Y por qué no plantear dos Alardes? ¿Por qué no esta opción?

Es cierto que Hondarribiko Alardea se mantiene firme en la postura de reclamar respeto a su conmemoración, pero esta postura está amparada por la sentencia del Tribunal Supremo, y no es discriminatoria:

Sin embargo, no dice nada sobre la discriminación que el alcalde, él mismo, ha promovido sobre Hondarribiko Emakumeak en la mesa de negociación propuesta por él entre otros:

Sobre la solución de los dos Alardes habría que recordar que hace años lleva proponiéndose una solución que no se está teniendo en cuenta por la administración municipal, y es la de los dos Alardes.

Sobre esto hace años que desde Aberriberri se lleva hablando y se plantea esta opción como la solución más clara y efectiva, como ya se demuestra en Irún. No obstante, desde otros foros y fuentes, también se plantea esta alternativa. Concretamente en la tesis doctoral de Ilargi Bengoetxea Gartzia, que recoge una entrevista realizada a José Ramón Uriz Zurutuza el 20 de agosto de 2020. Es importante aclarar que lo que sigue procede de su testimonio recogido en esa investigación, no de un texto académico escrito por él.

Según la posición expresada por Uriz Zurutuza, él es partidario de que en cada localidad (se refiere a Irún y Hondarribia) puedan existir dos Alardes, de manera que cada persona pueda vivir la fiesta según su concepción, y específicamente defiende no modificar el Alarde tradicional. La tesis lo describe expresamente como partidario de “bi Alarde egotearen aldekoa” —dos Alardes— y de que cada uno pueda vivir la fiesta como quiera. Que es también la tesis que plantea Mikel Arriaga en sus publicaciones de Aberriberri desde 2019 (o quizá antes).

Esta posición tiene además una dimensión importante: no entiende el conflicto únicamente como una cuestión de incorporación de las mujeres. En la entrevista explica Uriz que inicialmente le resultaba difícil comprender por qué determinadas mujeres querían incorporarse al Alarde y expresa enfado por la forma en que se produjo la entrada de algunas de ellas. También vincula el surgimiento de esa reivindicación con personas que anteriormente habían cuestionado el propio carácter de simulacro militar del Alarde. Es evidente que aquí entra el componente de la motivación política. También explicado y expuesto en Aberriberri, por ejemplo:

Esto es relevante porque nos permite entender que, desde su perspectiva, el conflicto no se reduce a:

“mujeres sí / mujeres no”.

Hay una disputa más profunda sobre qué es el Alarde, qué significa y qué elementos constituyen su identidad. Y aquí conecta mucho con lo que estábamos hablando.

La posición que se desprende de su testimonio encaja bastante bien con el modelo antropológico que comentábamos antes: No intentar fusionar los dos rituales, sino permitir que cada uno conserve su estructura y significado.

Pero hay una diferencia importante entre decir:  “dos Alardes porque no podemos ponernos de acuerdo”

y decir: “dos Alardes porque existen dos sistemas rituales diferentes que debemos preservar dentro de una misma comunidad.”

La segunda formulación es antropológicamente mucho más interesante.

Su propuesta de los dos Alardes no necesariamente equivale a “separar la sociedad”. Podría interpretarse como una propuesta de separación ritual para evitar una fractura social mayor:

“No podemos compartir el mismo ritual porque atribuimos significados diferentes al ritual; permitamos entonces que cada comunidad ritual preserve aquello que considera esencial y construyamos la convivencia en otro nivel.”

Esto conecta directamente con la pregunta se formulaba anteriormente sobre cómo preservar dos rituales inmiscibles.

Y aquí hay una hipótesis que podríamos explorar con bastante profundidad: Quizá el error sea intentar resolver un conflicto de pluralismo ritual mediante la homogeneización del ritual.

La alternativa sería pluralismo ritual + ciudadanía compartida.

Eso permitiría conservar simultáneamente:

  • la continuidad simbólica del Alarde tradicional;
  • la reivindicación de participación del Alarde mixto;
  • la autonomía de cada grupo;
  • y un marco común de convivencia.

Ahora bien, hay un punto crítico que la posición de Uriz por sí sola no resuelve: ¿cómo se compatibiliza esa coexistencia ritual con la reivindicación de igualdad y con la cuestión de quién tiene derecho a ocupar el espacio público? Ahí es donde habría que incorporar al análisis las posiciones de Jaizkibel, la jurisprudencia, el Ayuntamiento y la legislación sobre igualdad. No sería suficiente quedarse únicamente con la perspectiva de Uriz. Y seguramente sería labor del alcalde propiciar la gestión de estos análisis aquí planteados.

Recientemente Igor Zulueta también ha planteado algo similar. Su planteamiento sobre los dos Alardes es muy claro y, además, encaja casi exactamente con la cuestión que desarrolla Uriz.

Su tesis central -la de Zulueta- sería esta: no hay que mezclar lo que considera inmiscible. Zulueta parte de una distinción muy concreta:

  • Alarde Tradicional: marco antropológico, contexto ritual o étnico-simbólico.
  • Alarde Mixto: marco ideológico, contexto reivindicativo, vinculado a la igualdad de género.
  • Y añade un tercer elemento: el objetivo. Que también es diferente es cada caso.

Según él, el objetivo del Tradicional sería rememorar un hecho histórico y unos votos y reafirmar el ethos de la comunidad; el del Mixto sería conseguir un Alarde paritario.

Por tanto, su diagnóstico es que no estamos ante dos versiones diferentes de una misma cosa, sino ante dos actos que tienen marcos, contextos y objetivos diferentes.

De ahí deriva su concepto de “inmiscibilidad”: si los significados de partida son diferentes, intentar construir un único ritual mediante la mezcla de elementos de ambos produciría, en su opinión, algo que dejaría de representar adecuadamente a cualquiera de las dos partes.

Cuando diserta sobre un posible “punto medio”, dice que el punto medio no consiste en mezclar.

Utiliza una analogía muy gráfica: no habría que hacer una mezcla de fútbol y baloncesto para encontrar un término medio; habría que permitir que se juegue primero a uno y después al otro. Aplicado al Alarde: “Hay que sumar dos elementos, no hay que mezclar.”

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