Cancelación de una asociación por parte del gobierno municipal (Abotsanitz-Bildu) en el conflicto del Alarde de Hondarribia (IV)

Mikel Arriaga (Profesor e investigador)

A continuación, finalizamos con el punto de vista de cuatro autores más, provenientes de diferentes ideologías, aportando sus análisis sobre diferentes visiones de este conflicto.

Philippe Descola y Maurice Godelier: instituciones simbólicas, reproducción y orden social

La antropología de Philippe Descola y Maurice Godelier permite profundizar en esta dimensión estructural del ritual. Ambos autores insisten, desde perspectivas distintas, en que las instituciones simbólicas no constituyen un mero decorado ideológico superpuesto a la vida social, sino formas fundamentales de organización de las relaciones humanas, de la memoria colectiva y de los regímenes de pertenencia. (7)

Godelier ha mostrado que las sociedades se sostienen no solo sobre relaciones económicas o jurídicas, sino también sobre aquello que consideran digno de ser transmitido, preservado y sacralizado. Hay elementos de la vida social que no pueden reducirse a su utilidad inmediata porque operan como soportes de continuidad simbólica. (8) Los rituales se inscriben precisamente en esta lógica: organizan no solo la representación del pasado, sino también las condiciones de reconocimiento mutuo entre generaciones y grupos.

Descola, por su parte, permite recordar que las formas de clasificación y relación no son universales ni neutras, sino culturalmente estructuradas. Esto es relevante porque evita analizar los conflictos rituales únicamente desde categorías abstractas de modernización o progreso, como si existiera una sola forma legítima de reorganizar la vida simbólica. Lo que para unos actores puede aparecer como transformación emancipadora, para otros puede vivirse como una ruptura del tejido de inteligibilidad que hacía habitable la pertenencia.

Desde esta perspectiva, intervenir sobre un ritual por razones de género puede ser, en ciertos casos, una práctica de justicia o ampliación democrática, o una práctica de ruptura simbólica y social, que derive en injusticias; pero también puede implicar una reordenación profunda del campo simbólico comunitario. Por ello, la pregunta analítica no debe ser únicamente si el cambio es normativamente deseable, sino cómo se gestiona políticamente la tensión entre transformación moral y continuidad simbólica. Además de poder adoptar el cambio sin romper la convivencia y la cohesión social. En este caso en concreto, el gobierno de Abotsanitz-Bildu no tiene en cuenta esto, y ha optado por la ruptura social.

El documento de Hondarribiko Emakumeak expresa precisamente esa experiencia de ruptura cuando formula la exclusión no solo como desacuerdo político, sino como una negación de reconocimiento a mujeres que se consideran parte legítima de la vida cultural, social y ritual de la ciudad. Lo que se disputa, por tanto, no es solo una posición en una mesa institucional, sino el derecho a seguir formando parte del universo simbólico legítimo de la comunidad. Y en este caso, se rompe y se vulnera de forma impositiva una estabilidad simbólica y estructural de la sociedad que permanecía en equilibrio durante más de 300 años. De ahí la importancia de promover dos Alardes diferentes en distinto momento, para visibilizar las dos concepciones del ritual y dar cabida a la expresión de ambas.

Steven Pinker y Alain de Botton: progreso moral, sensibilidad contemporánea y necesidad de reconocimiento

Para evitar una lectura unilateralmente defensiva de la tradición, resulta útil incorporar dos perspectivas que introducen una necesaria tensión crítica. Steven Pinker ha defendido, desde una óptica ilustrada, que la historia moderna puede leerse en parte como una ampliación progresiva de los círculos de empatía, del reconocimiento moral y de la sensibilidad frente a formas de exclusión antes naturalizadas. (9) Esta tesis recuerda que muchas controversias sobre rituales y género no son simples caprichos contemporáneos, sino que se inscriben en procesos más amplios de cuestionamiento de jerarquías históricas efectivamente desiguales.

Este punto es importante porque impide romantizar toda tradición por el mero hecho de ser heredada. Que una práctica ritual esté cargada de sentido no significa automáticamente que deba permanecer intacta ni que sus formas históricas de organización sean normativamente incuestionables. La crítica feminista a ciertos rituales puede responder, en muchos casos, a exigencias legítimas de justicia, representación o reparación simbólica.

Sin embargo, reconocer esta dimensión no elimina el problema central analizado en este capítulo: cómo se tramita políticamente esa crítica. Y aquí Alain de Botton aporta una intuición especialmente fundamental. Su reflexión sobre el estatus, la ansiedad social y la necesidad de reconocimiento permite comprender que los conflictos culturales no se juegan solo en el plano de las ideas, sino también en el de la dignidad, la pertenencia y el valor social percibido. (10) Cuando una tradición es públicamente degradada, quienes se identifican con ella pueden experimentar no solo desacuerdo, sino una forma de humillación simbólica.

Los rituales no son solo estructuras abstractas de significado; también son espacios donde los individuos y grupos encuentran reconocimiento, continuidad biográfica y sentido compartido. Cuando una tradición es presentada públicamente como moralmente vergonzosa, o incompatible con la ciudadanía legítima, o no alineada con los cánones vigentes de lo políticamente correcto, quienes se identifican con ella pueden experimentar no solo una discrepancia ideológica, sino una forma de humillación simbólica. Esto no invalida la crítica, pero sí obliga a pensar con mayor finura las condiciones democráticas de su formulación. Cosa que no está haciendo el gobierno municipal de Hondarribia, ya que impone nítidamente una postura sesgada, además de que su propuesta está unida a una ideología concreta.

En este sentido, la cancelación de rituales simbólicos por razones de género no puede analizarse únicamente como una corrección normativa del pasado. También debe comprenderse como una intervención sobre necesidades humanas fundamentales de arraigo, continuidad y reconocimiento. Ignorar esta dimensión suele producir no integración, sino resentimiento, polarización y cierre identitario. De modo que la aplicación de esta cancelación que pretende Abotsanitz-Bildu, lejos de ser una solución será un cierre en falso del problema que acarreará más conflicto en un futuro.

El caso Hondarribiko Emakumeak como conflicto de representación y legitimidad

A la luz de los marcos teóricos expuestos, el documento de Hondarribiko Emakumeak puede leerse como una formulación explícita de un conflicto de representación, legitimidad y control institucional del espacio simbólico. El texto no se limita a protestar por una exclusión procedimental; construye un relato según el cual la asociación habría sido situada fuera del campo del feminismo legítimo y privada de participación efectiva en nombre de una determinada lectura del conflicto del Alarde.

La asociación insiste en que no se opone al Plan de Igualdad, que se define a sí misma como defensora de la participación femenina, de la diversidad y de la libertad de elección, y que su desacuerdo se dirige a las “limitaciones, impedimentos y condicionantes” impuestos a su participación. Asimismo, sostiene que el conflicto del Alarde habría sido utilizado como criterio de exclusión política dentro de un proceso institucional que formalmente se presenta como abierto e igualitario. Lo más significativo del documento no es únicamente la denuncia procedimental, sino el hecho de que la asociación interprete su exclusión como una forma de desautorización moral. La acusación central es que determinadas instituciones y asociaciones habrían decidido de antemano qué mujeres representan una forma válida de feminismo y cuáles no.

Aquí se produce un desplazamiento analíticamente crucial: el conflicto deja de ser simplemente “sobre el Alarde” y pasa a ser sobre el régimen de legitimidad que organiza quién puede hablar sobre igualdad.

Así pues, desde un punto de vista analítico, este documento es relevante porque muestra cómo una asociación de mujeres puede experimentar su exclusión no como un desacuerdo puntual, sino como una forma de cancelación política y simbólica. La acusación central no es solo “no nos han dejado participar”, sino: “han decidido que no representamos una forma válida de ser mujeres, de ser feministas o de hablar sobre igualdad”.

Un elemento importantísimo es que el documento muestra que la categoría “igualdad” no funciona en la práctica como un concepto neutral y autoevidente, sino como un campo de disputa. La asociación reivindica una noción de igualdad vinculada a la libertad de elección, a la pluralidad de experiencias femeninas y a la participación no condicionada por alineamientos ideológicos previos.

Esto obliga a reconocer que la igualdad no aparece aquí como una sustancia homogénea, sino como una categoría políticamente disputada. El conflicto no se produce entre igualdad y desigualdad en abstracto, sino entre diferentes formas de definir qué cuenta como igualdad legítima.

  • (7) Philippe Descola, Más allá de naturaleza y cultura (Buenos Aires / Madrid: Amorrortu, varias eds.).
  • (8) Maurice Godelier, Lo ideal y lo material (Madrid: Taurus, varias eds.).
  • (9) Steven Pinker, Los ángeles que llevamos dentro (Barcelona: Paidós, varias eds.).
  • (10) Alain de Botton, Ansiedad por el estatus (Madrid: Taurus / Penguin, varias eds.).

Gai honetako beste sarrerak / Otras entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *