José Manuel Bujanda Arizmendi

Hay aniversarios que por la rotundidad del número de años que han pasado desde aquel “entonces” adquieren cierta especificad, y así el recuerdo se vive de una manera quizás diferente, más contundente. Incluso la nostalgia del recuerdo es más acentuada. Y es el caso. Un aciago 23 de julio de 1976 desapareció, mejor dicho te hicieron desaparecer, Eduardo Moreno Bergaretxe. Han pasado 50 años, medio siglo. Toda una vida, vida e historia. Hoy le escribo esta carta a Pertur, carta íntima reconvertida en artículo a publicar. Lo hago desde el sentimiento y el corazón, latido a latido. Espero que de una manera u otra le llegue a su ser, o a su espíritu. Estés donde estés:

Cada 23 de julio somos muchos los que nos acordamos de ti, “Pertur”. Y hoy lo hacemos especialmente. Sí, hoy, especialmente. Han pasado cincuenta años. Medio siglo ya de tu desaparición. Tú desapareciste y en mi caso yo estaba en la cárcel de Carabanchel. Hoy te dirijo esta carta. Léela por favor con atención y cariño. Sucede que van cayendo uno tras otro calendarios en la historia de esta nuestra Euskadi de amores y desamores, y paralelamente en las nuestras propias y particulares vivencias, nos estamos haciendo mayores pero a pesar de ello créeme, que nunca jamás olvidaremos que hubo un momento, hace ya medio siglo, en que nuestras vidas mucho más jóvenes se cruzaron intensa, inexorablemente y para siempre en uno de los cruces de la historia.

Permíteme “Pertur” permíteme Eduardo Moreno Bergaretxe, que te escriba estas líneas con un punto de emoción a ratos muy difícilmente contenida. Tu aita y tu ama fallecieron, los dos se fueron de este mundo sin saber ni dónde están tus restos ni qué te sucedió realmente. Cuánto dolor injusto, cuánto sufrimiento y cuántas lágrimas. Un informe hecho público por el “Instituto Vasco de la Memoria” fechado en 2017 asegura que nada se sabe de lo que te aconteció ese mediodía del 23 de julio. Y a partir de ese momento nada se supo de ti. Nada. Oscuridad. Hipótesis. Supuestos. Teorías. Yo personalmente y muchos más desconocemos real y ciertamente lo ocurrido. Pienso y deseo con todas mis fuerzas que algún día se esclarezca el pasado, tu pasado, porque para construir el futuro debe arrojarse luz sobre todo lo acontecido. No quiero especular sobre lo que desconozco. Pero al menos no quisiera irme de este mundo sin saber donde yacen tus restos.

Te quiero decir, Pertur, que caminando a los 73 años observo que lejanía temporal y cercanía personal se me enzarzan en un intrincado nudo de nostalgia, nostalgia que se agudiza al límite al mirar el movimiento continuo, periódico y eterno de las olas del mar cuando a la altura del Kursaal Donostiarra pugnan incansables e inasequibles, con mayor o menos fragor, por entrar y abordar por las bravas el cauce del río Urumea. Te quiero manifestar que a estas alturas de mi vida suelo reflexionar sobre la certeza que supone que desde el mismo primer latido del corazón que asoma a la vida, desde el propio alba de su existencia, todo ser humano marcha, lucha, conquista, progresa, trabaja, ríe, ilusiona, sufre y llora. Y así, cae y levanta, pelea, vive y muere, convive con contradicciones superables e insuperables, virtudes y defectos, fortalezas y debilidades. «Pertur», siento que 50 años más tarde de tu desaparición a muchos nos sigues doliendo y que por encima de cualquier otra consideración 600 meses después del estupor muchos seguimos acordándonos de ti.

El pasado está ya escrito, y podemos describirlo, pero ya no podemos cambiarlo, el futuro, en cambio, es el mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos y nietos, está por escribir, es nuestro único patrimonio intacto y nuestra esperanza. Y a aquellos que creen que no pueden cambiarse tendencias ni rumbos torcidos, tenemos que decirles que sí vale la pena sembrar, que cierto es que muchas semillas no germinan nunca, pero hay sólo un fruto que nunca se recoge, el de la semilla que no se haya tenido el coraje vital de plantar. Y con el viento del norte, la lluvia mojando y el olor penetrante a salitre viejo deseo más que nunca que la dignidad y la condición del ser humano se anteponga en Euskadi a cualquier otra consideración ideológica o política. Para siempre. Así lo intento con mis cuatro nietos/as.

Llevamos años ya sin violencia terrorista, sin amenazas, chulerías políticas ni extorsiones, ETA felizmente, hace años, que, vencida definitiva e inapelablemente por la democracia y el principio de realidad, declaró el alto el fuego unilateral, y posteriormente procedió a su desarme y disolución definitiva…cuánto tiempo perdido, cuánto dolor injusto, cuántas lágrimas, cuánta ética aplastada, cuánta vulneración de DDHH cuánta imbecilidad colectiva, cuánta vergüenza!! Demasiados años tarde, el mundo de la llamada izquierda independentista decidió en una mezcla de cordura y trabajada habilidad, conveniencia y, quizás, convicción, la asunción práctica de la hasta entonces denostada legalidad vigente y el principio de la realidad democrática.

Y así, empaquetaron casi a escondidas su hasta entonces supuesta pétrea coherencia y asumieron con cierto adanismo el celofán justificativo del imperativo legal y la realidad democrática. Ayer no, hoy sí, otros no, ellos sí, lo anteriormente sospechoso de colaboracionismo mendigante con el opresor pasaba a ser necesario, acertado, inteligente e incuestionable para el buen futuro de los vascos. Quienes en su bucle del pasado de auténticos resistentes repartían en otros tiempos, felizmente superados, avales de buen y honesto vasco teorizan ahora sobre el descubrimientos de nuevas oportunidades. Antes no, ahora sí, otros no, ellos sí. Paradojas de la vida. Rectificar es de sabios, y es duro. Espero que esa rectificación aborde más pronto que tarde una asignatura aún pendiente que tiene por nombre autocrítica. Autocrítica que supone asumir que el dolor causado fue injusto, que matar estuvo mal y que aquello fue un tremendo y patético error y horror. Yo al menos así lo siento y manifiesto.

Hoy y aquí, «Pertur», estarías de acuerdo en afirmar que es tarea de todos arrimar el hombro, que es un reto colectivo de toda la sociedad, que sin ira y por el futuro de nuestros hijos e hijas es hora y obligación de conquistar definitivamente la convivencia. Tenías razón, siempre la tuviste. El discurrir de los años, 50 años largos años, han confirmado, larga, machacona y tozudamente tu lúcida, arriesgada y valiente apuesta política por la Política, con mayúsculas. Te asesinaron. Y de paso asesinaron, también, expectativas inteligentes y necesarias, fotografías superadoras y compartidas incluso con posibles futuros esperanzadores. Porque negar que todos los humanos somos iguales, nos lleva a la crueldad de arrancar la vida y la conciencia, y a la incapacidad de descifrar el enigma de lo que significa negar el ser a otro ser en un acto de violencia sin vuelta atrás, no rectificable ni modificable, definitivo, de vergüenza y escalofrío. Banalizar la violencia en aras de alcanzar objetivos políticos fue un tremendo error y horror que nunca debió ocurrir.

Sí, es de sabios rectificar, quizás (como dice una bella canción) nos equivocamos desde el mismo comienzo, sí. Aunque también hay que reconocer que no es fácil mirar con objetiva proyección y gafas del presente democrático resistencias antifranquistas y activos compromisos políticos de lucha y oposición en contextos de sistemática represión y cruel dictadura. Se dice que es difícil ser profeta en la tierra de uno, a ti te costó la vida, te la arrebataron fanáticos o mercenarios, lo hicieron de un zarpazo diabólico. Maldigo a tus asesinos, estúpidos iluminados o mercenarios canallas. Mataron tu cuerpo, lo hicieron desaparecer, pero sigues vivo en muchos corazones, y ojala que, estés donde estés, lo hayas podido percibir de alguna manera. Ojalá, sí.

Siento que 50 años más tarde, medio siglo más tarde,  nos sigues doliendo «Pertur», quiero decirte que muchos y muchas pensamos que fue una gran suerte haberte conocido y que nos marcaste para siempre. Y cuando la finitud inspira y provoca a esa vocación de vivir más intensamente lo que tenemos, y de pasar de tener una idea -y aferrarse a ella- a pasar a la imperiosa necesidad de tener que buscar la capacidad de relacionarlas, entonces, con el viento y al alba te deseo en este bisoño verano, que la tierra, próxima o lejana donde yaces, estés donde estés, te siga siendo leve.

Hoy, cincuenta 23 de julio más tarde, 600 meses más tarde, 18.000 día más tarde, te recordamos y lloramos. Jamás te olvidaremos, nunca flaquearemos en preservar tu memoria. Muchos somos los que no estamos dispuestos a que caigas en el olvido de la historia. No cejaremos en saber qué es lo que te sucedió realmente. Muchos somos los que exigimos saber toda la verdad. Agur Pertur, beti arte Eduardo Moreno Bergaretxe, ez adiorik: soy José Manuel Bujanda Arizmendi, aunque tú me conocías simplemente como Bixar.

Gai honetako beste sarrerak / Otras entradas relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *