Gipuzkoa y sus pueblos pequeños: una llamada a renovar la democracia local

Pello Sasiain

Dentro de menos de un año volveremos a celebrar elecciones municipales. En los 88 ayuntamientos de Gipuzkoa comenzará el proceso habitual: formar candidaturas, buscar personas dispuestas a asumir responsabilidades y preparar nuevos equipos de gobierno. Sin embargo, detrás de ese ritual democrático hay una realidad que merece una reflexión más profunda.

De esos 88 municipios, 43 tienen menos de 2.000 habitantes. Son casi la mitad del territorio. Pueblos como Orexa, Gaintza, Baliarrain, Arama, Beizama, Altzo, Abaltzisketa, Elduain, Zerain o Leintz-Gatzaga. Lugares que rara vez ocupan titulares, pero que conservan una parte esencial de la identidad social y comunitaria de Gipuzkoa.

Comunidades que sostienen la convivencia

Los pequeños municipios no son simplemente administraciones locales de menor tamaño. Son, ante todo, comunidades humanas. En ellos la política no se limita al ayuntamiento: continúa en la plaza, en la sociedad gastronómica, en el club deportivo, en la asociación cultural, en las fiestas del pueblo o en la escuela. Quienes discrepan en un pleno municipal vuelven a encontrarse al día siguiente en cualquiera de esos espacios compartidos.

Esa proximidad genera una forma de convivencia que constituye uno de los patrimonios más valiosos del territorio. El capital comunitario no nace por decreto: se construye cuando las personas participan, colaboran y hacen suyos los asuntos que afectan al conjunto. Esa confianza, esa responsabilidad compartida y esa cultura de colaboración son difíciles de medir, pero resultan decisivas para la calidad democrática.

El reto silencioso: encontrar candidaturas

A pesar de esa fortaleza comunitaria, cada vez resulta más difícil encontrar personas dispuestas a asumir responsabilidades municipales. No se trata solo de la complejidad administrativa o de la conciliación personal. Hay algo más profundo: la representación política en los pueblos pequeños exige cuidar una comunidad, integrar sensibilidades distintas y mantener vínculos que seguirán existiendo cuando termine el debate político.

En un municipio de 200 habitantes, gobernar no es gestionar desde la distancia: es convivir. Por eso la lógica partidista tradicional no siempre encaja con la realidad social de estos pueblos. La democracia representativa es imprescindible, pero necesita adaptarse a contextos donde la comunidad sigue siendo el corazón de la vida pública.

Candidaturas comunitarias: una vía para revitalizar la democracia local

En este contexto surge una idea que cada vez gana más fuerza: explorar candidaturas comunitarias en los municipios pequeños. Fórmulas abiertas, nacidas desde la propia comunidad, capaces de integrar sensibilidades diversas alrededor de objetivos compartidos.

No se trata de sustituir a los partidos políticos ni de cuestionar el pluralismo democrático. Se trata de reconocer que un municipio de doscientos habitantes no funciona como una ciudad de ciento ochenta mil, y que la representación puede adoptar formas más cercanas, más participativas y más vinculadas a la vida comunitaria.

Estas candidaturas podrían convertirse en laboratorios de innovación democrática: espacios donde experimentar nuevas formas de participación, colaboración vecinal y relación entre instituciones y comunidad.

Una propuesta para Gipuzkoa

Si queremos que los pequeños municipios sigan siendo comunidades vivas, quizá haya llegado el momento de abrir una reflexión compartida sobre cómo fortalecer su democracia local.

Ello podría traducirse en iniciativas como:

facilitar el relevo generacional en los ayuntamientos,

ofrecer apoyo técnico y jurídico a quienes desean asumir responsabilidades públicas,

reconocer la singularidad de la representación en los municipios pequeños,

impulsar espacios de participación y colaboración que permitan a las propias comunidades explorar nuevas formas de organizar sus candidaturas cuando así lo consideren oportuno.

No se trata de imponer un modelo único ni de cuestionar el papel de la democracia representativa. Se trata, simplemente, de reconocer que los pequeños municipios poseen una realidad social singular y que, precisamente por ello, pueden convertirse en un espacio de innovación democrática al servicio de todo Gipuzkoa.

Una oportunidad para Gipuzkoa

En una época marcada por la polarización, el individualismo y la fragilidad de muchos vínculos sociales, los pequeños municipios de Gipuzkoa conservan algo que el conjunto del territorio necesita: capital comunitario. Confianza, responsabilidad compartida, cultura de colaboración. Una forma de entender la convivencia que ha permitido a este país construir proyectos colectivos durante generaciones.

Cuidar ese patrimonio no es una cuestión local. Es una inversión en la cohesión social y en la calidad democrática de todo el territorio.

Gipuzkoa no se construye solo desde sus centros urbanos. También se construye desde Orexa, Gaintza, Baliarrain, Arama, Beizama, Altzo, Abaltzisketa, Elduain, Zerain o Leintz-Gatzaga. Desde esas comunidades que, silenciosamente, siguen recordándonos que la democracia no se sostiene solo sobre instituciones, sino sobre personas capaces de colaborar, asumir responsabilidades y construir proyectos comunes.

Quizá haya llegado el momento de escucharlas.

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5 comentarios en «Gipuzkoa y sus pueblos pequeños: una llamada a renovar la democracia local»

  1. Lo que plantea este artículo sobre los pequeños municipios de Gipuzkoa encaja con una tendencia que también se observa en otros territorios europeos. En Inglaterra, por ejemplo, los town councils y parish councils —municipios de una escala muy similar a muchos de los nuestros— han visto crecer en los últimos años candidaturas independientes y de base comunitaria. Son vecinos que se organizan para gestionar la vida local, poniendo el acento en la convivencia, los servicios cotidianos y el relevo generacional.

    Estas experiencias muestran que, cuando la escala es pequeña, la comunidad adquiere un protagonismo especial. No se trata de sustituir a los partidos políticos, sino de adaptar la representación democrática a una realidad en la que la proximidad, la confianza y la responsabilidad compartida resultan determinantes.

    Desde esta perspectiva, la reflexión que se propone para Gipuzkoa no es excepcional: forma parte de un movimiento más amplio que busca fortalecer la democracia local cuidando el capital comunitario de los municipios pequeños.

  2. La reflexión sobre cómo la política en pueblos pequeños trasciende el pleno municipal es clave: en esos espacios cotidianos se teje la confianza que sostiene la democracia local. Herramientas como un contador online pueden ayudar a medir la participación en asambleas vecinales o eventos comunitarios de manera sencilla, como el que ofrece onlinecounter.org.
    online counter

  3. Desde mi punto de vista es una visión excesivamente buenista. En muchos de esos pueblos guipuzcoanos, durante las últimas tres décadas, hay una mafia vinculada al mundo de los ultras del MLNV que lo domina todo: la política, el urbanismo,el control de la población… Pueblos como Orexa, Lizartza, Altzo, Belauntza, Gaztelu… son el ejemplo de un duro fascismo, con los ultras dominando a través de las herri plataformak. Un entorno que Joseba Egibar, más allá de sus errores en la gestión de este fascismo, definió con mucho acierto hace veinte años como “Puerto Hurraco”.

  4. Juan, precisamente porque en muchos pueblos pequeños de Gipuzkoa la práctica hegemonista ha podido arraigar con más facilidad, debido a la proximidad y al peso de las relaciones sociales, creo que la respuesta no puede ser la misma que en una gran ciudad.
    Si aceptamos ese diagnóstico, la pregunta es: ¿qué hacemos? ¿Damos por perdida la comunidad o intentamos recuperarla para todos?
    Yo me inclino por lo segundo. Creo que reactivar el fondo comunitario que sigue existiendo en esos pueblos es una tarea en la que todos podemos estar llamados a colaborar. Una comunidad no pertenece a ninguna fuerza política; es el espacio común donde personas con ideas diferentes pueden convivir, participar y asumir responsabilidades compartidas.
    Por eso no creo que tirar la toalla sea una respuesta de recibo. Precisamente porque conocemos los riesgos del hegemonismo, merece la pena fortalecer una comunidad más abierta, más plural y más inclusiva. Esa es, en el fondo, la propuesta del artículo.

  5. Kaixo Pello,
    Gracias por tu reflexión, que aprecio y valoro. Estoy de acuerdo en la necesidad de ese esfuerzo. Quizá he querido subrayar la parte negativa de ese entramado social. Tienes razón en su valor. Pero a veces la gran ciudad tiene la ventaja de la libertad frente a la red social que muchas veces oprime.
    Un ejemplo que escapa de la política: muchos homosexuales escapan del pueblo a la gran ciudad para vivir en libertad su orientación sexual. Ahí la red normalmente es opresiva.
    Agur bero bat.

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