Confluencia o Disolución, Bergara el spoiler de la rendición moral y política del Jeltzalismo

Jon de Urbia

Hay decisiones políticas que trascienden el simbolismo para convertirse en un síntoma. La participación de EAJ-PNV en un acto de reivindicación compartida de las figuras de los lehendakaris José Antonio Agirre y Juan José Ibarretxe, dejando deliberadamente al margen a Carlos Garaikoetxea, José Antonio Ardanza e Iñigo Urkullu, constituye, desde una óptica inequívocamente jeltzale, un error político de enorme calado.

No es un simple homenaje. Es una escenificación cuidadosamente diseñada para proyectar una imagen de acercamiento entre proyectos políticos cuya naturaleza, historia y objetivos han sido profundamente distintos. Se pretende acortar distancias ante la opinión pública y difuminar las fronteras ideológicas que durante décadas definieron al nacionalismo democrático frente a la izquierda abertzale.

A mi juicio, el PNV ha permitido que el legado de Agirre e Ibarretxe sea utilizado en una representación política de conveniencia. Una puesta en escena concebida para evitar la confrontación política con EAJ y favorecer una estrategia de aproximación cuyo beneficiario siempre será quien más necesita normalizar su pasado. Es, una vez más, un paso más en una dinámica de implosión por absorción.

Nunca caminaré junto a quien considero el principal adversario político del jeltzalismo. La identidad de EAJ-PNV jamás se ha construido desde la confusión, sino desde la diferenciación ética, democrática e institucional.

Resulta especialmente llamativo contemplar cómo determinados dirigentes parecen descubrir ahora un soberanismo de circunstancias. Da la impresión de que algunos pretenden ocupar un espacio político construido sobre gestos mientras permanecen sin resolver problemas que afectan al día a día de los ciudadanos. La prioridad parece haber dejado de ser la gestión para convertirse en la representación. Mientras tanto, Bilbao afronta desafíos reales relacionados con la seguridad, la convivencia y la integración.

Pero la cuestión de fondo trasciende con mucho la organización de un acto o la fotografía de un día. Lo verdaderamente preocupante es la estrategia política que parece esconderse detrás de estos gestos. Muchos jeltzales tememos que la izquierda abertzale, heredera del entorno político de ETA, utilice el acercamiento al nacionalismo democrático como un instrumento coyuntural. Mientras resulte útil, compartirá símbolos, apelará a una identidad común y procurará difuminar las diferencias. Pero cuando considere que del nacionalismo vasco ya no puede obtener más rédito político, se desprenderá de esa máscara y regresará a su espacio ideológico de referencia, dejando tras de sí un nacionalismo debilitado, desdibujado y confundido.

El mayor peligro es que entonces se consuma una inversión moral e histórica de consecuencias devastadoras. Quienes protagonizaron o justificaron décadas de violencia acabarán presentándose como referentes de la paz, mientras el nacionalismo democrático verá injustamente empañado su legado. Los verdugos ocuparán el lugar de las víctimas y las verdaderas víctimas correrán el riesgo de quedar relegadas al olvido. Los crímenes terminarán siendo atribuidos al «nacionalismo» en abstracto, mientras quienes los cometieron o los ampararon tratarán de eludir su responsabilidad histórica.

Georges Bernanos escribió en Los grandes cementerios bajo la luna: «La cólera de los imbéciles llena el mundo. Sin duda es menos temible que su piedad». Y Henri Bergson dejó otra reflexión igualmente vigente: «El ojo ve solamente lo que la mente está preparada para comprender». Ambas citas deberían servir de advertencia frente a quienes confunden el oportunismo político con la reconciliación auténtica.

A ello se suma una cuestión que sigue siendo irrenunciable para muchos jeltzales: la memoria de las víctimas no puede convertirse en moneda de cambio. No hubo una colaboración plena para esclarecer todos los asesinatos. No se reparó el inmenso daño causado a centenares de familias. Y, para muchas víctimas, el reconocimiento del sufrimiento injustamente provocado continúa siendo insuficiente. Sin verdad completa, sin memoria íntegra y sin responsabilidad, la convivencia siempre será incompleta.

Tampoco debe olvidarse que el 21 de julio simboliza la abolición de los Fueros. La respuesta histórica del jeltzalismo fue la defensa de la reintegración foral plena, no la sustitución de ese legado por marcos ideológicos ajenos a su tradición. Confundir ambos caminos supone desfigurar la propia historia del nacionalismo vasco.

Cada organización decide el rumbo que desea seguir. Algunos optan por difuminar perfiles y recorrer el camino del abrazo permanente con quienes durante décadas combatieron política y moralmente al nacionalismo democrático. Otros seguimos creyendo que la identidad jeltzale no se negocia, que la memoria no se instrumentaliza y que la ética jamás puede sacrificarse en el altar del tacticismo.

Algunos jeltzales caminaremos solos. Hacia la libertad, la moral y la ética. Nunca junto a quienes consideramos nuestros adversarios políticos fundamentales. Ese podrá ser el camino de otros. Nunca será el nuestro.

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14 comentarios en «Confluencia o Disolución, Bergara el spoiler de la rendición moral y política del Jeltzalismo»

  1. Si analizamos el documento publicado el 18 de julio por EH Bildu de Álava y lo comparamos con la interpretación que hace Jon de Urbia, observamos una diferencia significativa. Urbia interpreta la estrategia de EH Bildu como un intento de confluencia dentro del nacionalismo, es decir, como una aproximación al PNV con el objetivo de disputarle la hegemonía del nacionalismo vasco.

    Sin embargo, el manifiesto no plantea la construcción de un frente nacionalista, sino de un frente democrático, republicano, plurinacional y antifascista. Al menos en su formulación explícita, ese frente no se dirige específicamente al nacionalismo vasco, sino al conjunto de los sectores que compartan ese proyecto político, entre los que potencialmente podrían encontrarse también sectores del PNV, del PSE o de otras sensibilidades. Su eje de articulación no es «nacionalistas frente a españoles», sino «demócratas frente al bloque reaccionario». Esa diferencia no es menor, porque desplaza el centro de gravedad del conflicto desde la cuestión nacional hacia un marco político e ideológico más amplio.

  2. ¿HB-PCTV-Ehherritarrok-Bildu o como quiera llamarse, que no condena los asesinatos y extorsiones para imponer su proyecto politico es «antifascista»?
    Despues de los visto estos dias en los que se niega servir al diferente, se ataca y golpea a quien no piensa igual , … ¿alguien puede creese que son «antifascistas»?

    Si visten como fascistas, si desfilan como fascistas, si actuan como fascistas … No tengas dudas: SON FASCISTAS

  3. Leido hoy en la prensa en relacion a lo ocurrido estos dias:

    «Esos pueblos, barrios y espacios autoproclamados “libres de fascismo, machismo, sexismo, racismo y lgtbeitransfobia”, solidarios con Palestina, Cuba y el Sáhara, pero, paradójicamente, tan fanáticos como las bandas de colonos sionistas de extrema-derecha en Cisjordania hacia el 50% de la población vasca.
    Sólo que, pura esquizofrenia, se creen heroicos antifascitas».

    El fascismo es fascismo siempre (aunque «se vista de seda»)
    Y lo mismo vale para «los de un signo» que para «los de contrario».

    Y debemos poner más énfasis en luchar contra el fascismo «más proximo»

  4. Bertze egunean galdetu nuen, eta berriz galdetzen dut.
    Guzti honen aurrean, zer egin dezakegu?

    Zerbait egin beharra baitago!

  5. Xabier, te ha sentado algo mal de tu alimentación diaria ?
    Porque boutades más sin sentido no se pueden decir

    Ahora mismo lo más parecido a lo que dices está en el discurso de Ayuso
    Con una diferencia, ella echa tinta de txipirón para tapar sus verguenzas, las de su pareja, los muertos de la pandemia ect …

    Pero lo tuyo, salvo agenda oculta que quizás la haya nunca se sabe, no tiene ninguna explicación.

  6. Yo no me volvería loco Juan I., lo ha repetido Arnaldo varias veces

    … para destacar que conformó un Gobierno de “amplio espectro, donde estaban comunistas, socialistas y las dos familias del abertzalismo”. Por ello, ha afirmado que es un “orgullo” para su formación, “en este momento histórico”, plantear Ejecutivos de “amplio espectro con todo el mundo, salvo con los sectarios y los autoritarios”. “No es una posición de partido, sino de principios”, ha subrayado, informa Europa Press

    Se trata y parafraseo de … parar los “nubarrones” de PP y Vox

    Porque alguien aquí mira las encuestas ? pues esta es la ultima, que no la menos perjudicial y sobre todo para EH :

    El PSOE retrocede y PP con VOX rozan los 200 escaños. ( La Vanguardia )

    Pues eso, hablar de pájaros y flores no conviene, ya quedan pocos meses para la cita electoral.

  7. Gorka, creo que la comparación con el Gobierno de Agirre no ayuda a entender lo que plantea el manifiesto de EH Bildu.

    El Gobierno de Agirre fue un gobierno de concentración porque un golpe militar había destruido el funcionamiento normal de la democracia. En plena guerra no podía existir un Parlamento plural funcionando con normalidad y era necesario unir a todas las fuerzas democráticas para sostener las instituciones vascas frente a una situación excepcional.

    Hoy ocurre exactamente lo contrario. Euskadi dispone de un Parlamento plenamente democrático en el que están representadas todas las sensibilidades políticas y donde existen mayorías y minorías que pueden gobernar o ejercer la oposición con total normalidad. No existe ninguna situación excepcional que justifique un gobierno de concentración como el de 1936, ni EH Bildu lo está proponiendo.

    Lo que plantea el manifiesto es otra cosa. Propone construir un amplio frente democrático, republicano, plurinacional y antifascista frente al denominado «bloque reaccionario». Pero ese frente no constituye un fin en sí mismo. Como intentaba explicar en mi comentario inicial, su función es acumular fuerzas para configurar un nuevo bloque histórico capaz de alcanzar la hegemonía política y cultural. Es una estrategia de ampliación de la base social y de construcción de una nueva mayoría política, no la respuesta a una situación de excepción como la que vivió Agirre.

    Por eso creo que la referencia al Gobierno de Agirre introduce una comparación que puede resultar atractiva desde el punto de vista retórico, pero que no explica la naturaleza de la estrategia que hoy plantea EH Bildu. Son contextos históricos y objetivos políticos profundamente distintos.

  8. La lógica de bloques no es exclusiva de EH Bildu. También una parte de la derecha española está planteando la política en esos términos.

    Si EH Bildu propone un amplio frente democrático y antifascista frente al denominado «bloque reaccionario», desde determinados sectores de la derecha se impulsa, a su vez, un gran espacio de «moderación» frente a la izquierda radical y a los independentismos, tratando de situar al PNV ante la disyuntiva de alinearse con uno u otro bloque.

    Es decir, unos y otros tienden a ordenar la política en torno a dos grandes frentes enfrentados. La cuestión, al menos para mí, es si Euskadi necesita seguir instalada en esa lógica de bloques o si no sería más útil fortalecer un proyecto político propio, basado en el pluralismo, los acuerdos transversales y la legitimidad de las instituciones democráticas. Ahí es donde creo que la tradición de Agirre sigue teniendo mucho que aportar.

  9. Quizá la cuestión de fondo no sea elegir entre el frente que propone EH Bildu y el que, en sentido contrario, promueven determinados sectores de la derecha española. Ambos ordenan la política a partir de bloques enfrentados, aunque con proyectos y objetivos distintos.

    La tradición de Agirre y sus colaboradores apunta en otra dirección. No propone un tercer bloque, sino salir de la lógica de bloques. No se trata de construir un nuevo «frente», sino un cauce central compartido desde el que fortalecer la comunidad, el pluralismo democrático, el tejido asociativo y unas instituciones capaces de integrar la diversidad de la sociedad vasca.

    Eso es, a mi entender, lo que se desprende de la respuesta que el lehendakari Pradales dirige tanto a EH Bildu como al PP: una apelación a dejar de priorizar cómo vencer al adversario y a empezar a colaborar en la construcción de un proyecto político que pueda ser compartido por personas muy distintas, sin exigirles que se integren previamente en un frente.

    En definitiva, se trata de dejar de priorizar las estrategias electorales basadas en la confrontación entre bloques y de fortalecer una convivencia democrática asentada en el pluralismo, la colaboración institucional y la construcción de un espacio político compartido.

  10. Muy bien Juan I., respeto tus opiniones como no podía ser menos en cualquier debate democrático.

    Pero en absoluto las comparto porque , salvo el golpe de estado que dió el fascismo en el 1936, todos los parámetros indican que vamos a una situación incluso peor que la de entonces, salvo eso sí que al ejercito español no se le espera en ningún caso.

    Pero es que ya lo han anunciado por tierra mar y aire, no habrá ley de memoria, se legislará a golpe de mayoría parlamentaria, la judicatura será más franquista que ahora si cabe, la cuestíón social será un remedo de lo de Milei en Argentina y las nacionalidades históricas irán a parar al cubo de la basura.

    Se puede o no estar de acuerdo con A.Otegi, pero lo que nadie con dos dedos de frente duda es que el cambio está a la vuelta de la esquina.
    Y en ese cambio el que tiene todas las de perder es el PNV, porque EHBildu pasará a formar parte del núcleo de la resistencia, y eso en este país tiene mucho recorrido.

    La pregunta del millón es la siguiente : quién lidera en EAJ/PNV ? sobre todo después de los navajazos para liderar el EBB, están todos los altos dirigentes de acuerdo ? o algunos se han apartado para no crear problemas pero a su vez influyen en el partido ?

    Preguntas importantes que necesitan una respuesta.

    Aspectos por otro parte que felizmente no se contemplan en EHBldu, que ahora mismo goza de excelente salud, pero que por el bien de todos en general debería resolver el PNV
    Y no lo digo como crítica negativa, el futuro próximo necesita que los dos partidos abertzales funcionen como un reloj suizo.

    Pues eso.

  11. Gorka, entiendo tu preocupación por el contexto político y por la posibilidad de que se produzcan retrocesos en aspectos que consideramos fundamentales. Es un debate legítimo.
    Sin embargo, creo que hay una enseñanza de nuestra propia historia que conviene no olvidar. La izquierda abertzale ha demostrado una gran capacidad para fortalecer su propio espacio político, pero no para articular el cauce central de la sociedad vasca. Su estrategia ha consistido, de forma recurrente, en reforzar una de las orillas del país, cuestionando la legitimidad política de quienes no compartían ese proyecto y presentando la incorporación a su propio frente como la única vía para construir el futuro de Euskadi. A mi juicio, el planteamiento que hoy se propone responde, con otros términos y en un contexto distinto, a esa misma lógica de acumulación de fuerzas.
    Ahí radica, a mi entender, una diferencia esencial con la tradición de Agirre. Su objetivo no fue fortalecer una orilla frente a la otra ni construir un bloque alternativo, sino consolidar un espacio común donde pudieran convivir personas de sensibilidades muy distintas. Su empeño fue fortalecer el cauce central de la sociedad vasca, porque entendía que la fortaleza de un pueblo no depende de que una parte se imponga sobre la otra, sino de la capacidad de mantener una comunidad política cohesionada, plural y con instituciones compartidas.
    Por eso creo que el reto no consiste en poner en marcha un bloque frente a otro. Lo que necesita Euskadi es un pueblo en marcha: una sociedad consciente de su propia fortaleza, capaz de activar sus recursos cívicos, culturales e institucionales para afrontar tiempos difíciles sin caer en la dinámica permanente de los frentes.
    La mejor respuesta ante quienes, desde un lado u otro, pretenden ordenar la política en torno a bloques no es levantar un bloque alternativo, sino fortalecer el cauce central de nuestra comunidad. Blindar aquello que compartimos y que está en nuestras manos: el autogobierno, cuya verdadera fuerza reside en una sociedad que lo hace suyo y lo defiende; el pluralismo democrático; el tejido asociativo; la colaboración entre personas diferentes; y unas instituciones que sean patrimonio de todos, legitimadas por una ciudadanía plural y no puestas al servicio de una sola parte.
    Hay, además, una diferencia de fondo que me parece importante. Agirre no fue un hombre fascinado por la guerra ni un nostálgico de los frentes. Le tocó vivir una guerra que no buscó y asumir responsabilidades extraordinarias, pero toda su obra política posterior estuvo orientada a reconstruir la comunidad y a evitar que la sociedad vasca quedara prisionera de una lógica de vencedores y vencidos. No hizo una pedagogía de la guerra, sino de la reconstrucción.
    Por eso me cuesta compartir una visión de la política que sigue entendiendo que el futuro depende, ante todo, de construir un frente más amplio que el del adversario. Cambian los actores, cambian los discursos y cambian las circunstancias históricas, pero permanece la misma lógica: primero se acumulan fuerzas, después se derrota al contrario y, finalmente, se reorganiza la sociedad desde esa victoria.
    Creo que Agirre nos enseñó justamente lo contrario. **La verdadera victoria política no consiste en derrotar al adversario, sino en construir una comunidad capaz de afrontar unida los desafíos de la historia.** No en ensanchar una de las orillas, sino en cuidar el cauce central por el que puede avanzar todo un pueblo.
    Porque, al final, los bloques movilizan a los suyos; el cauce central moviliza a un pueblo. El liderazgo de Agirre no consistió en liderar un frente, sino en liderar un pueblo. **Los frentes se preparan para derrotar a un adversario; los pueblos se preparan para afrontar juntos las dificultades de la historia.**

  12. Lizarra-Garazi fué un buen ejemplo de lo que digo y ahí tanto la IA como EAJ/PNV entraron junto a muchos otros actores de la política vasca
    Y no está tan lejana en el tiempo.
    Y por cierto, el bloque que propugna EHBildu no es polarizante en sí mismo, cada uno seguiría con sus propias ideas, sí porque parafraseando a Agirre » los pueblos se preparan para afrontar las dificultades de la historia »

    Cada vez queda menos tiempo para que el bloque trumpista gobierne en el estado, y lo que se haga despues será al rebufo de sus políticas.
    Preparémonos ahora para prevenir mayores males.

    Comentar nada más ( y nada menos) y agradecer el tono de este debate, así debería ser siempre.

  13. Gorka, creo que Lizarra-Garazi ilustra bien una diferencia que me parece importante.

    En Lizarra se vio tanto la necesidad de dialogar y alcanzar acuerdos entre diferentes como el peligro de construirlos sobre una lógica de frentes o sobre una condición que una de las partes controla unilateralmente.

    Hay además una enseñanza histórica que, a mi juicio, no deberíamos olvidar. La idea de que una vanguardia puede construir un bloque hegemónico para conducir al conjunto de la sociedad vasca ha estado muy presente en una parte de nuestra historia reciente. ETA se legitimó durante años desde esa convicción: la de considerarse la expresión más auténtica del pueblo vasco y, por ello, con derecho a intervenir para orientar su destino. Esa lógica de la hegemonía acabó subordinando la pluralidad real del país a un proyecto concebido por una parte.

    Por eso creo que conviene ser prudentes con cualquier estrategia que vuelva a situar el futuro de Euskadi en la construcción de un bloque, aunque hoy se formule por medios exclusivamente democráticos. Los instrumentos han cambiado, y eso es una diferencia fundamental, pero la aspiración de construir una mayoría hegemónica que termine representando al conjunto del pueblo merece, al menos, una reflexión crítica.

    La tradición de Agirre apuntaba en otra dirección. No aspiraba a que una parte dirigiera al conjunto, sino a fortalecer un espacio compartido donde sensibilidades diferentes pudieran reconocerse mutuamente y colaborar sin dejar de ser distintas.

    Quizá esa siga siendo la principal tarea: no decidir qué bloque debe imponerse, sino cómo fortalecer una comunidad política suficientemente plural, fuerte y cohesionada como para que nadie pueda volver a hablar en nombre exclusivo del pueblo vasco.

  14. En el fondo del debate que estamos compartiendo en torno al artículo publicado veo dos formas de interpretar tanto nuestra historia como nuestro presente que considero equivocadas.

    La primera consiste en convertir aspectos parciales, errores o limitaciones reales en la explicación definitiva de todo un proceso histórico. Ninguna sociedad construye su futuro sin contradicciones ni conflictos. Pero cuando esos elementos acaban ocupando todo el espacio, dejamos de comprender qué fue lo que realmente permitió avanzar a la sociedad vasca.

    La segunda consiste en difuminar las diferencias entre dinámicas que fueron profundamente distintas, presentando como complementarias actuaciones que no lo fueron. Comprender la historia exige integrar todas sus dimensiones, también las más dolorosas. Pero comprender no significa equiparar. La violencia y la coacción no pueden interpretarse como una aportación más a un proceso de construcción colectiva cuya fuerza residió precisamente en el trabajo social, el acuerdo, la iniciativa comunitaria, el desarrollo institucional y el compromiso de miles de personas.

    Esta reflexión no nace de la voluntad de repartir méritos ni de reabrir viejas divisiones. Nace de una preocupación por el futuro. El relato que una sociedad construye sobre sí misma acaba configurando su sentido común. Y el sentido común condiciona las decisiones que toma.

    Nuestra generación todavía recibió, a través de la transmisión oral, el testimonio de personas que, pese a haber perdido la guerra, supieron mantener vivo un relato sobre los valores y las formas de construir país. Hoy corremos el riesgo contrario: haber contribuido a levantar una sociedad más libre y próspera, pero no saber explicar con suficiente claridad qué dinámicas lo hicieron posible.

    Si perdemos esa memoria, no solo estaremos siendo injustos con quienes hicieron posible ese recorrido. Estaremos privando a las próximas generaciones de una brújula para afrontar los desafíos del futuro.

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