Imanol Lizarralde
Recuerdo una conferencia del entonces Consejero Pedro Miguel Etxenike en el Batzoki de Amara. Sería poco después de la elección del Gobierno Vasco. Entonces nos contó a los allí reunidos lo que iba a ser la política industrial del nuevo gobierno: la inversión en I + D, la creación de industrialdeas, la conexión entre empresas y universidades… Fueron los trazos de una política continuada que ha llegado hasta nosotros, demostrando que aquel primer Gobierno Vasco tras la dictadura miró a los problemas de frente planteando soluciones a largo plazo.
Recuerdo también el recibimiento que hizo el Lehendakari Carlos Garaikoetxea al Lehendakari Jesús María de Leizaola en el aeropuerto de Sondika. La transmisión de legitimidad del Lehendakari Zaharra a Garaikoetxea cimentó el principio sucesorio del primer Gobierno que presidió el Lehendakari Agirre en plena guerra civil. Las 30000 personas que nos reunimos en el campo de San Mamés ovacionamos ese momento histórico.
Las circunstancias eran poco menos dramáticas que las que ocurrieron en 1936. En 1979, el proceso de desindustrialización galopante, tras la crisis del petróleo, afectaba a más del 20% de la población activa en el País Vasco; la droga llevaba a una generación de jóvenes a la muerte y la marginalidad; la acción de ambas ETAs, incluyendo los Comandos Autónomos, golpeaba a nuestro país con regueros de muertos; y la policía y judicatura, indemnes a cualquier cambio democrático, consagraban la continuación de grupos parapoliciales, la tortura, los malos tratos y la represión.
Quien crea en la Providencia no podrá menos que señalar el paralelismo de la creación de ambos Gobiernos, tan lejanos en el tiempo y que nacieron en medio de crisis agónicas. También podría subrayarse otro paralelismo: el hecho de que nuestro pueblo encontró en ambos Lehendakaris, los hombres que supieron liderarlo, defendiendo su ideal nacional y los derechos de los ciudadanos. Tanto para Agirre como para Garaikoetxea, la defensa de una ética humanista constituía parte consustancial de su ideario nacionalista. En dos épocas en las que las matanzas eran cosa habitual, ellos pusieron todo el empeño en evitarlas y denunciarlas.
Cuando el Lehendakari Garaikoetxea negoció el Estatuto de Gernika con Adolfo Suarez demostró su habilidad y capacidad, ayudado por la sincera voluntad del presidente español de solucionar lo que se llamaba “el problema vasco”. Hoy día no sería posible semejante Estatuto. Garaikoetxea se reveló como un gran estadista. Y lo hizo una vez más, cuando se rodeó del mejor equipo posible en su primer gobierno, trasladando a sus miembros la emoción de la construcción institucional del país y pulsando su fibra de ciudadanos y patriotas vascos.
Su primera preocupación fue la de dotar a ese gobierno de los medios para construir un país que se desangraba. Recordemos como unos grupos de la Izquierda Abertzale tuvieron retenida a la sesión parlamentaria de ese gobierno en la Diputación de Bizkaia, insultando y vejando a Garaikoetxea y a Leizaola, tratando de ahogar en la cuna el proyecto de reconstrucción institucional vasca. Como lo cuenta Iñaki Anasagasti, fue la acción de cientos de ciudadanos que se reunieron allá y ovacionaron a ambos Lehendakaris, la que impidió que eso fuera a más. Pues en medio de las incertidumbres de la situación existía la esperanza, que Garaikoetxea supo además insuflar con su elocuencia y su encanto personal.
La dotación de poderes para el nuevo Gobierno Vasco fue prioridad. Por ello Garaikoetxea impulsó la recuperación del Concierto, para Bizkaia y Gipuzkoa, y la renovación del mismo en Araba, que fue copiada por el Gobierno de Navarra; impulsó la primera Ley de Normalización del Euskara; convirtió las Ikastolas en parte nuclear del proyecto educativo vasco, sacándolas, en muchos casos, de la quiebra; fue el Lehendakari que puso en marcha la Televisión Vasca-ETB; y consiguió, como derecho histórico, la Ertzaintza, como medio de sustitución gradual de la no depurada policía española.
Siendo navarro y abertzale, fue antes que eso un demócrata a carta cabal que no quiso imponer su proyecto en su territorio. Consiguió la solución más democrática. Que el Estatuto de Gernika permitiera la unión de Navarra con el resto de los territorios. Y cuando el Estado quiso recortar el Estatuto, encabezó el gran movimiento cívico en contra de la LOAPA, demostrando que un gobierno democrático tenía fuerza de masas.
Recordemos el liderazgo de Garaikoetxea en los días aciagos de las grandes riadas de 1983 en las que el Gobierno Vasco consiguió que el Gobierno Español delegara sus poderes para solucionar una situación de extrema gravedad. Con el mismo espíritu del Lehendakari Agirre, Garaikotxea supo gestionar con acierto semejantes circunstancias y concitar la confianza de su pueblo.
Garaikoetxea estaba, además, orgulloso de haber liderado las primeras manifestaciones masivas en contra de la violencia de ETA. Pues también hay que recordar que ETAm y HB, englobados en lo que se llamó el MLNV, fueron enemigos acérrimos de todo este proceso de construcción institucional y social, que se hizo a pesar y en contra de ellos. Y en los 80 hicieron bascular el antagonismo respecto al Estado hacia el antagonismo contra las instituciones vascas y sus detentadores públicos, incluyendo a la Ertzaintza.
No debemos olvidar que Garaikoetxea, además de Lehendakari, también fue creador de Eusko Alkartasuna, el partido que surgió tras la crisis del PNV. Desde ese nuevo instrumento político, siguió siendo fiel a sus convicciones éticas y abertzales, como lo demostró la ejecutoria de los miembros de EA en los puestos de responsabilidad de la Diputación de Gipuzkoa y las alcaldías de múltiples pueblos, que impulsaron políticas públicas ejemplares, a pesar de las brutales circunstancias promovidas por la estrategia político-militar del MLNV. En otro momento crítico, como fueron las elecciones de mayo del 2001, en medio de la pinza de Mayor Oreja y Arnaldo Otegi, EA contribuyó a la gloriosa victoria del Lehendakari del PNV Juan José Ibarretxe.
Ha muerto un gran benefactor de la patria vasca. Fue hombre de principios e incorruptible. Los vascos tenemos con él la deuda de la gratitud y del recuerdo obligatorio pues lideró a nuestro pueblo en tiempos muy difíciles. Agur, Lehendakari maitea, egun handirarte.