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“Los Mitos del Nacionalismo Vasco” y las mentiras de José Díaz Herrera(1)

Los Mitos del Nacionalismo Vasco y las mentiras de José Díaz Herrera

Los Mitos del Nacionalismo Vasco y las mentiras de José Díaz Herrera

En 1997 Jon Juaristi escribió El Bucle Melancólico, cuyo impacto mediático fue uno de los principales motivos de que el ensayo literario antinacionalista se convirtiera en género. Desde entonces se han escrito innumerables libros sobre el tema con distinto éxito, pero siempre con el constante apoyo entusiasta de la derecha española. En el 2005 el periodista canario José Díaz Herrera se nos subió al carro.

Con el objetivo de que fuera un punto de inflexión en este tipo de literatura, el periodista tinerfeño publicó una de las obras cumbre del género. José Díaz Herrera, que recibió en 1987 el premio Ortega y Gasset de periodismo por un valiente reportaje sobre corrupción policial, escribió “Los mitos del nacionalismo vasco” libro en el que pretende desentrañar la historia oculta del nacionalismo vasco y derribar todos sus mitos.

El libro cayó en mis manos, poco antes de la pandemia y primer confinamiento, por una combinación de reto y sincronía. Alguien me retó a leerlo. Sin buscarlo lo encontré en Traperos de Emaús por el módico precio de un euro y no pude reprimir la tentación.

A José Díaz Herrera hay que reconocerle el haber realizado un trabajo brutal. Casi 900 páginas, más de kilo y medio de peso, infinidad de citas y libros leídos, y una gran cantidad y variedad de fuentes consultadas.

Un libro que desde la primera página no deja impasible a nadie, ni títere con cabeza. Una crítica feroz al nacionalismo vasco.

Después de leer “los mitos de nacionalismo vasco” he llegado a la conclusión de que lo que nos quiere vender el periodista José Díaz Herrera es que los vascos somos un pueblo muy valiente y leal… solo cuando nos sentimos españoles. El autor defiende con su relato que el sentimiento español por un lado y por el otro la lealtad y la valentía son cualidades que van inexorablemente unidas. Que en el momento en que los vascos abandonamos ese sentimiento nos transmutamos en los seres más cobardes con una irrefrenable tendencia a la traición.

A pesar de ser un pueblo tan pequeño, somos un pueblo sobresaliente. No por hablar la única lengua aislada de Europa, ni siquiera por haber sobrevivido como pueblo durante milenios inexplicablemente mientras nuestros vecinos, enemigos y posibles parientes desaparecían o diluían. Esto es así, según Díaz Herrera, porque cuando vamos unidos a España, destacamos en sus gestas más heroicas. Y, al contrario, cuando nos desligamos de ella, “Los nacionalistas han sido los causantes de gran parte de las calamidades y desgracias ocurridas en España en los siglos XIX y XX”.

Desde una perspectiva histórica el discurso de Larrazábal (1893) se considera el acto fundacional del nacionalismo vasco. Si como defiende el periodista canario, somos los causantes de gran parte de las calamidades y desgracias ocurridas en España en todo el siglo XIX, seríamos un poco como Mae West, que decía “cuando soy buena, soy muy buena pero cuando soy mala, soy la mejor.

Incluso, y agárrate a la silla, José Díaz Herrera afirma sin despeinarse que “el PNV impidió, entre otras cosas, la muerte de Hitler, poco antes del hundimiento de Alemania”. Ahí lo dejo.

He de confesar que no me voy a ocupar de todo el libro, tarea que requeriría fuerzas ciclópeas. Me concentraré en la época histórica que más me ha llamado la atención por el enfoque y método utilizados por José Díaz Herrera y que creo que es extrapolable al resto del libro.

Cuando comenzó la Guerra Civil en Euskadi, nuestro padre era un adolescente nacido en una familia de clase media de San Sebastián. Su padre era simpatizante de UGT y su madre del PNV. No eran personas con una ideología muy marcada. Tanto por circunstancias familiares y porque en aquella época se aplicaba el castigo del anillo en su escuela, y a pesar de que nuestros abuelos eran euskaldunes, no le transmitieron la lengua que entonces era mayoritaria en las clases populares de Donosti.

Como la mitad de la población donostiarra, nuestro padre y sus hermanos huyeron de la ciudad cuando los fascistas entraron en San Sebastián y fueron dando tumbos de un lado a otro hasta acabar la guerra.

Fueron testigos de crímenes de los republicanos y de los fascistas, del bombardeo de Durango, del miedo, del hambre y de muchas cosas más. En nuestra casa se ha hablado de todo esto:  de los asaltos a las cárceles, del fusilamiento del cónsul de Austria-Hungría, de los garbanzos mexicanos y de otras desgracias y sucesos de la guerra.

Nuestro padre afirmaba que el PNV era con diferencia, la organización política que más había procurado actuar con humanidad y no mancharse las manos con la sangre de gente inocente en esa orgía sanguinaria y criminal que fue la Guerra Civil. Estaba admirado, tanto por sus políticos como por los gudaris que él creía que habían intentado defender los derechos humanos en un contexto casi imposible para ello.

Tal fue el impacto que los sucesos de la Guerra Civil le produjeron que, como reacción, en la década de los 40, comenzó a aprender euskera y trabajó con Euzko Gaztedi-Juventud Vasca en San Sebastián, de la mano del líder provincial de la organización, Joxe Murua. Con el tiempo no solo aprendió nuestro idioma, sino que colaboró con en la creación de las ikastolas y en la lucha política clandestina en favor de la democracia.

José Díaz Herrera no solo no comparte la versión de nuestro padre, sino que va mucho más allá pretendiendo demostrar que los nacionalistas vascos son cobardes y traidores.  Es su intención hacernos ver que estos fueron, entre todos los contendientes, los más criminales y sanguinarios.

Cuando comencé a leer “los mitos del nacionalismo” de José Díaz Herrera no pude reprimir una concatenación de reacciones. La primera: estupor. Estupor porque el relato era diametralmente opuesto al que me habían contado. Y a pesar de que yo pensaba que mi padre idealizaba bastante su relato, el de José Díaz Herrera es completamente antagónico.

Así que decidí comprobar las afirmaciones y acusaciones del libro que más me llamaban la atención.

El libro impresiona. Por estar repleto de citas a pie de página que parecen respaldar su relato y, por la gravedad de las acusaciones al PNV y al lendakari Agirre. A este último le dedica calificativos rescatados de los voceros del franquismo y otros de cosecha propia como: “el chocolatero”, “Fürher interino de los vascos”, “presidente “ochomesino””, “primer lehendakari provisional de los vascos después de Tubal”, “dictadorzuelo cualquiera”, “emperador de los vascos”…y destaca de él  “sus aires de grandeza, sus ansias de emular a Napoleón Bonaparte, al Káiser Guillermo II de Prusia o al Zar Nicolás de todas las Rusias”, “su complejo de superioridad”…

Por un momento se me ha llegado a pasar por la cabeza la descabellada idea de que en el fondo Agirre no acaba de caerle bien al bueno de José Díaz Herrera.

Para analizar el texto de Díaz Herrera, voy a compartir el marco geográfico vasco que plantea el periodista chicharrero y que incluye a los navarros dentro del término “vasco”.

Me sorprendió para hacer una crítica tan contundente, José Díaz Herrera tomase partido en la contienda alineándose claramente en favor de uno de los bandos. Tenía varias opciones; descartado ponerse en el lado de los nacionalistas vascos, podía tomar partido por los republicanos, o sencillamente no tomarlo. Para criticar al nacionalismo no era necesario alinearse con el fascismo. Sin embargo, no duda en sumarse entusiastamente al “Glorioso” Movimiento Nacional.  

Según Díaz Herrera, a diferencia de los republicanos, los miembros del ejército franquista “luchaban por una España mejor” Pág 117.

También, comparte la casuística golpista de los franquistas:

“Llegada la hora de la verdad, los “jóvenes holgazanes”, los “señoritos de Neguri”, los “hijos de los depredadores de la riqueza nacional”, como les bautizaba despectivamente la prensa nacionalista, fueron, con los recios carlistas de Navarra, los primeros en tomar las armas para imponer un régimen que pusiera coto a la inseguridad y la barbarie instaladas con la Segunda República y batirse el cobre cuando la patria estaba en peligro de muerte. “ Pág109

No me diréis que no deja de tener gracia que un ex miembro del Partido Unificado de Canarias (comunista), acabe defendiendo el golpe de estado franquista.

En cualquier caso, hay que reconocer lo a menudo que “la patria estaba en peligro de muerte”.

25 pronunciamientos militares en 200 años. Lo que en cualquier estado europeo sería inaudito, en España es tradición. De hecho, el ejército español inventó el concepto. Es un fenómeno netamente hispano, que junto con el “mestizaje”, el ”idioma universal” y las “universidades”, son parte de la herencia que ha dejado España allá por donde ha pasado.

Aunque solo fuera por estadística, tocaba.

Y nadie le puede quitar el mérito el Caudillo de romper todos los récords, 40 años de pronunciamiento militar permanente.

Los Mitos del Nacionalismo Vasco

El “problema” que yo le veo al libro es que la inquina de José Díaz Herrera por el nacionalismo vasco le ha hecho traspasar ciertos límites. Todos podemos meter la pata y seguro que en los distintos capítulos que le voy a dedicar a José Díaz Herrera cometo más de un error. Aprovecho para invitar al lector interesado a subrayármelos. Los corregiré sin el más mínimo problema.

No soy ni periodista ni historiador. Lo más gracioso del tema es que ni siquiera soy del PNV. Soy solo un ex militante jeltzaile de EA que abandonó el partido cuando este formó coalición con Sortu.

Mi trabajo es fundamentalmente comercial y este libro cayó en mis manos de forma providencial.

En mi opinión, sin duda no compartida por José Díaz Herrera, el periodista tiene La responsabilidad de transmitir una información veraz y de no mentir al lector.

Desde una perspectiva comercial, tienes un compromiso con el comprador que se ha gastado unos euros en tu producto. Debes de intentar cumplir con las expectativas creadas al cliente. Me parece que, en un libro de ensayo histórico, esas expectativas se reducen a acercarte lo máximo a la verdad.

Primero contextualizaré el momento histórico en el que he decido enfocarme y que se corresponde con el comienzo de libro.

La Guerra Civil en las provincias vascas (también Navarra incluida por el propio José Díaz Herrera) comenzó con un momento de duda por parte del PNV. Por un lado, estaban, entre otros, sus aliados “naturales”, cristianos y carlistas que apoyaban el golpe de estado militar. Por otro lado, estaban las fuerzas de izquierdas que defendían a la Republica, entre las que había varias favorables a sus propios procesos revolucionarios y totalitarios que el PNV no compartía.

Las organizaciones territoriales más pequeñas (Navarra y Araba), que eran las que estaban en las provincias que se sumaron al Golpe, lo secundaron por “fuerza mayor”. Es decir, coaccionados por la situación o directamente por las pistolas de los alzados. Este hecho no fue impedimento para que los fascistas fusilaran a varios militantes del PNV o incluso algún dirigente, tanto en Navarra como en Araba.

Tras un debate interno, las organizaciones más fuertes de Gipuzkoa y Bizkaia decidieron apoyar la República y exigieron que se concediera el estatuto de autonomía que los partidos de izquierdas habían hecho demorar.

Mientras Navarra y Araba ya estaban en poder de los fascistas, en Gipuzkoa y Bizkaia había fracasado el Alzamiento. A pesar de que, en aquellos años, las fuerzas reaccionarias tenían un peso considerable, también, en las provincias y pueblos más euskaldunes. En muchos casos hegemónico.

En contra de las otras fuerzas católicas, el PNV se alineó con las izquierdas en una época en la que la religión tenía un peso muy difícil comprender con nuestros parámetros actuales

Los militares españoles partían con varias ventajas: ellos decidieron el momento de un golpe de estado largamente planificado y que contaba con el apoyo de la mayoría de los militares. Las derechas, mucho más unidas, también lo secundaban, y los sistemas políticos totalitarios admirados e imitados por todos ellos estaban viviendo un gran momento de auge (Hitler/Mussolini)..

No obstante, los franquistas no acertaron en sus cálculos y lo que había sido previsto como un golpe rápido, se convirtió en una larga y sangrienta guerra civil.

En su libro, Díaz Herrera nos ofrece su perspectiva de lo que ocurrió en la guerra en los territorios vascos y su visión “crítica” del papel de los nacionalistas. Criticando sobre todo el papel del PNV en ella.

Es aquí donde el periodista pone toda la carne en el asador; y la cocina con una serie de innovadores e imaginativos recursos literarios que he clasificado de esta manera:

– “Mentiras absurdas”:

José Díaz Herrera recurre a mentiras fácilmente desenmascarables, muchas veces a golpe de clic del ratón, y que dejan muy tocada la credibilidad del periodista.

– “Como veremos más adelante”

Recurso literario en el que el autor promete algo que no va a cumplir. Al recibir la promesa, el lector da un voto de confianza al autor y a su prueba. Con el paso de las páginas la promesa se va evaporando dejando, sin embargo, en el subconsciente del lector un poso de credibilidad y solvencia.

Otra cosa será que, realmente, lo veamos más adelante, que “como veremos más adelante”…no lo veremos. Sencillamente, repetirá la afirmación sin aportar el más mínimo dato, testimonio o referencia bibliográfica. Pero a nuestro confiado subconsciente esto le da igual, para él, el dato ya está corroborado.

– “Arrebatos novelescos”:

Este recurso es el que utiliza el periodista José Díaz Herrera para pasar sutilmente del ensayo histórico a hacer sus pinitos en la Novela Fantástica. Género éste para el cual el periodista chicharrero está sin duda muy bien dotado.  Desde aquí le animamos a escribir otra novela.

– “Daltonismo moral”:

Podía haberlo denominado “la ley del embudo” o “la viga en el propio” pero lo he denominado así porque en relación al tema me ha parecido más preciso.

– “Citas apócrifas”:

Son aquellas que no respaldan lo afirmado en el libro o sencillamente son una cortina de humo para enmascarar algún otro recurso literario.

– “Batirse el cobre”:

Uno de mis preferidos. Lo podía haber bautizado también “me callo como una p…”, lo cual hubiera sido soez y desde una perspectiva de género mucho menos apropiado. Este recurso se refiere al silencio permanente y omnipresente a lo largo de los capítulos sobre lo que hacían esos que Díaz Herrera dice que querían “poner coto a la inseguridad y la barbarie instaladas con la Segunda República y batirse el cobre cuando la patria estaba en peligro de muerte”. Esos, que Díaz Herrera afirma, que “luchaban por una España mejor”. Y como José Díaz Herrera enmarca la guerra en los cuatro territorios vascos al sur del Bidasoa, veremos lo que fue de esa “España mejor” en todo ese contexto.

– “Calumnia que algo queda”:

Adjetivar este recurso me obligaría a recurrir al lenguaje tabernario. José Díaz Herrera acusará en bastantes ocasiones de crímenes de sangre a los jelkides sin ningún respaldo documental, sin citas, ni notas a pie de página. En un libro plagado de éstas, no recurre a ellas para apoyar constantes y muy graves acusaciones cuando todos los testimonios de testigos y consenso histórico apuntan a otras fuerzas políticas como responsables. Es este “recurso literario” es el que más me ha motivado para dedicarle a Díaz Herrera esta serie de artículos que, con la venia de mis amigos de Aberri-Berri, iré publicando a continuación.

Las notas a pie de página merecen un apartado especial:

En “Los mitos del nacionalismo vasco” las citas y notas a píe de página abundan como en el más serio y científico estudio. El problema es que muchas de esas citas son “tan” trascendentales como la farragosa lista de nombres y dos apellidos de los 88 oficiales y marinos jelkides del destructor Ciscar.

El exceso de notas a pie de página intranscendentes alimenta la pereza del lector a la hora de leerlas con detenimiento, y paradójicamente, su abundancia fortalece la sensación de que existe un respaldo documental de lo expuesto en cada párrafo o frase que culmine con numerito indicador de la nota. Curiosamente, si nos fijamos con detenimiento, las afirmaciones y acusaciones más graves están absolutamente huérfanas de ellas.

– “Mentiras a pie de página”

Son las notas a pie de página que no confirman la mentira a la que hacen referencia y que en algunos casos los textos a los que hacen referencia llegan a contradecir la afirmación aludida. Parece broma, pero pondré ejemplos.

– “Número de nota engañoso”:

Este también es de mis preferidos. Un párrafo con varias afirmaciones escandalosas culmina con un número indicativo de una nota a pie de página que te dirige a una biobibliografía donde no aparecen respaldadas, ni las afirmaciones, ni las hipotéticas citas. Si te dejas llevar por la buena voluntad, ese numerito diabólico hace que subconscientemente des por verídico todo lo escrito anteriormente por José Díaz Herrera.

De casi todos ellos escribiré artículos, pondré ejemplos y tú lector, si tienes paciencia conmigo y continúas leyendo, decidirás si estoy en lo correcto.

Cuando comencé esta pequeña aventura visioné todas las entrevistas que pude de José Díaz Herrera. Tenía curiosidad de por qué un buen periodista como él se ha rebajado a los niveles de “los mitos del nacionalismo vasco”. Tengo que decir que al ver las entrevistas parece que realmente cree en lo que dice y, personalmente, no me transmite más que simpatía.

No obstante, en este libro hay tal cúmulo de mentiras y calumnias imposibles de achacar solo a errores o incompetencia que no he acabado de entender por qué lo hace. Me deja estupefacto, o como diríamos en euskera, me deja con la boca llena de dientes. Entiendo que pueda odiar a los nacionalistas, pero este carromato de mentiras lo único que hace es pulverizar toda su solvencia profesional.

Como le voy a dedicar unas cuantas perlas, espero que tenga la tentación de contestarme; le invitó a ello. Tengo cierta limitada experiencia previa con algún otro artículo; así que, en el supuesto caso de que me honre contestándome, pondré un cuestionario con citas concretas de su libro pidiendo fuentes que confirmen sus afirmaciones más graves. Fuentes que no ha aportado en el libro y así evitaremos descentrar el debate.

De aperitivo expongo a continuación varios ejemplos de “Mentiras absurdas”, es decir, mentiras fácilmente desenmascarables. Por ti mismo lector solo con que le des unos pequeños golpecitos al ratón.

Miente hasta en tres ocasiones sobre los sucesos de los asaltos y crímenes de los barcos prisión de Bilbao. Unos sucesos tan sanguinarios y dramáticos que no necesitan de mentiras para cargarlos de gravedad.

“…tuvieron que pasar casi un año en los barcos-prisión, el “gulag” inventado por los nacionalistas.” Pág112

Le debe parecer importante que lo inventaran los nacionalistas porque insiste:

“…detenerlos y enviarlos a los campos de exterminio anclados en la ría de Bilbao, las chekas inventadas por los seguidores de Sabino Arana”. Pág 165

Como leeremos más adelante en palabras del historiador Ramon Rubial, los barcos o buques-prisión ya fueron utilizados como cárcel en 1934 para presos políticos de izquierdas. El Altuna-Mendi, buque-prisión de Bilbao en 1936, no era la primera vez que se utilizaba para esa función. Es decir, si tiene que adjudicar a alguien ese “invento” que sea a la derecha española que ya los había utilizado, por lo menos, dos años antes.

“Tras la fuga de la Babcock, Ramón, encarcelado en Ondarreta, volvió a coincidir con Juan Iglesias, un socialista guipuzcoano que había conocido estando presos en el Altuna-Mendi, en 1934”. De la biografía de Ramón Rubial en su página web:

RAMÓN RUBIAL – REPRESION FRANQUISTA (ramonrubial.com)

“el gobernador civil acondicionó el barco Altuna Mendi como prisión.”

Sobre el intento revolucionario de 1934. Iñaki Egaña, “los crímenes de Franco”, Pág 24

Estas prisiones flotantes no fueron un “invento de los seguidores de Sabino Arana ni fue una decisión del PNV utilizarlos en 1936.  Fue una decisión de la junta de Defensa de Bizkaia donde el PNV no era mayoría, ni era exclusivo de Bilbao, o del bando republicano. Había barcos-prisión por toda la costa del estado. Solo faltaba que hubieran plantado uno en el Manzanares.

Y ¡oh, sorpresa!, mira por donde que, en Santa Cruz de Tenerife, la entrañable ciudad isleña bendecida con el nacimiento de José Díaz Herrera, era donde más barcos-prisión había. Los franquistas tenían tantos, que los prisioneros con humor negro los habían bautizado como “El archipiélago Fantasma”.

Prisiones flotantes en el puerto de Santa Cruz

Siguiente trola.

Y atención, subrayando la veracidad de su afirmación con un sobrio y aplomado “lo cierto”:

“Lo cierto es, sin embargo, que en ninguna otra parte de España se produjeron asaltos a las prisiones…” Pág 183

Tengo que mencionar que José Díaz Herrera le dedica un capítulo a la guerra en la provincia de Santander y al Pacto de Santoña. Por eso me choca que no mencione el asalto al buque-prisión Alfonso Pérez (156 muertos). Y a diferencia de lo ocurrido en Bilbao, las autoridades republicanas participaron directamente en la matanza:

“Parecía que había acabado la represalia del bombardeo, pero no. Después de comer llegó al lugar una comisión en la que estaban el delegado del gobierno de Ruiz Olazarán, el consejero de Justicia, Quijano, y el jefe de Policía, Neila. Les acompañaba un grupo de milicianos armados. Montaron allí mismo un tribunal que fue pronunciando sentencias de muerte sobre la marcha. Las ejecuciones se decidían sobre las listas de presos que tenía el comandante del barco-prisión y las que habían traído los milicianos”

Pág 48- “La Guerra Civil en Cantabria” J. Gutiérrez Flores y E. Gudín de la Lama

El asesinato de presos en el barco-prisión Alfonso Pérez (larazon.es)

Y, “lo cierto”, es que, tampoco, Santander fue el único lugar donde se asaltaron las prisiones.

“Durante aquellos primeros meses de la guerra civil, las represalias de unos y de otros fueron constantes y por miles. Pero las represalias de los nacionales ante los bombardeos prácticamente son individualizadas (Zaragoza, Melilla, Huesca, Jaca (100 personas), Sevilla, Granada (60)) y controladas por el poder militar disciplinadamente, mientras que la parte contraria siguiendo las experiencias de la Revolución rusa, conduce a fusilamientos en masade rehenes y asaltos a barcos y prisiones, así en Gijón (150), Málaga (250), Cartagena (211). Ibiza (93), Menorca (72) …”

“ 4 de Enero de 1937, ¿el Gernika del PNV?”- Pág 36.Carlos María Olazabal Estecha. (Exparlamentario del PP en el Parlamento Vasco)

¿Qué? Increíble, ¿no? Pues “como veremos más adelante”, esto no es más que el aperitivo.

Próxima entrega de “Los mitos del nacionalismo vasco y las mentiras José Díaz Herrera” … un “cachondo” ejemplo de “mentiras a pie de página” titulado:

“Mientras que ni un solo dirigente del PNV es pasado por las armas25

P.D:

Comencé a meditar contestar a José Díaz Herrera yo mismo porque no veía que nadie lo hiciera. Di con un artículo de Iñaki Anasagasti compartiendo mi asombro por este aparente silencio

Así que me animé a hacerlo, y de paso sacar algo positivo del confinamiento y estudiar más en profundidad la historia de la Guerra Civil en mi país.

Cuando ya acababa de leer todo lo planeado han llegado a mis manos dos libros más. Uno del historiador alemán Ingo Niebel, al que ya le había leído dos libros anteriores y otro de José Ignacio Salazar Arechalde.

El primero, entre otras cosas, contestando a las alusiones de José Díaz Herrera a los contactos entre dirigentes del PNV y los nazis. El segundo, una pequeña joyita ya descatalogada, sobre los sucesos de las cárceles y la conquista de Bilbao (“1937-Bilbao conquistada”) y que, también da respuesta al periodista canario.

Del primero (“A la caza del primer lehendakari”), no utilizaré nada ya que no cubre el lapso histórico al que aludo; y del otro sí que rescataré para el mundo digital alguno de sus argumentos y datos.

Y casualidades de la vida, cuando le comenté a un familiar mi intención de escribir estos artículos me hizo llegar la respuesta que en su momento le dio nuestro antiguo y admirado profesor, Jon Mimentza (G.B.), que se había perdido al desaparecer la web donde estaba colgada.

Así que, también “republicaremos” su artículo en Aberriberri.

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