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A propósito de las enseñanzas del Proces

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Jon Urtubi, Jon Elgezabal

Hace unos años, en los prolegómenos del proces, un amigo nuestro decía con visión profética: “todo esto terminará con CiU cayéndose por el precipicio y ERC negociando un pacto fiscal”. Por ello nos reiteramos en que el proces por la independencia no era más que la forma que cubría otro proces: el proces de exterminio de CiU, de robarle el poder y de colocar a ERC en su espacio político. Este proces no ha sido obra de unos descerebrados que no saben diferenciar táctica y estrategia. Anteriormente ya lo habíamos descrito en los artículos “El marxismo grouchista del PDeCAT”  y “Lecciones del Proces” ) y con estas líneas pretendemos elaborar una recapitulación acerca de esta cuestión.

Digamos primero que el proces no se hubiera producido si las instancias políticas y jurídicas del Estado español no hubieran laminado el Estatuto de Catalunya, votado en consulta popular y luego destruido por artimañas jurídico-políticas. Sin este problema de legitimidad democrática, todo esto no hubiera ocurrido. Pero la causa se vio mezclada con otros factores. Que tenían que ver con la hegemonía dentro de la propia Catalunya entre los diversos partidos propios de allá. El verdadero proces, el de aniquilación de CiU, ha sido una operación política de gran calado que tiene tres hitos:

  1. La comparecencia de Jordi Pujol en el Parlament y el enjuiciamiento de su hijo Jordi por el escándalo de las ITV de Catalunya. En ese momento, el pujolismo ejecuta la amenaza que hizo el ex president en el parlament: “ojo con querer podar una rama, porque cae todo el árbol”. La consigna del pujolismo fue apostar con determinación por el proceso de independencia, inconscientes de que se metían en un callejón que desembocaría en lo que los hechos ya prueban: la aniquilación política de CiU (también por el ego de Pujol y Mas que como no podían salirse con la suya les dio igual apostar el futuro de la coalición en el bingo político).
  2. La elección de Carles Puigdemont, ante el requerimiento de la CUP para que fuera él el sustituto de Mas. No olvidemos que a Mas se lo carga la CUP que amenaza con dejar caer el gobierno si Mas no dimite. Puigdemont, gironés íntimo amigo de pupitre de Bennet Salellas, uno de los ideólogos de la CUP. La CUP sabía que Puigdemont llevaría a CiU hasta el precipicio.
  3. El asalto al poder de Jordi Sánchez (persona clave en el procés) dentro de la Asamblea Nacional de Catalunya. Por cierto, si haber ganado las elecciones internas dentro de la asociación que fue ganada por una compañera que no recuerdo su nombre, a la que Sánchez apartó del poder con maniobras de aparatchik propio del estalinismo. Sánchez a partir de ahí, una vez que Puigdemont determinó que quien debía liderar el proces era la sociedad civil (ANC y Omnium, o sea Jordi Sánchez, que fue el líder político en Catalunya durante 7 años). Sánchez odia el sistema del 78 y por encima de todo, odia a la burguesía catalana (CiU).

El objetivo estratégico de la CUP no era la consecución de ninguna contrapartida política o siquiera de la independencia. Era precisamente montar un “proces”, es decir, un movimiento que aunara una línea política y otra de masas que, en función de una indignación popular legítima, consiguiera la confrontación con el estado. Tengamos en cuenta que la CUP es heredera y discípula de la estrategia de la izquierda abertzale. Ha conseguido lo que esta no pudo: destruir al partido del centro nacionalista, dejándolo sin estrategia, sin poder institucional y con un espacio electoral cada vez más reducido.

A la izquierda abertzale le hubiera encantado que esto se reprodujera en el País Vasco. Por ello surgió en Euskal Herria un organismo paralelo a la ANC, Gure Esku Dago, que intentó mimetizar el movimiento de masas y trató de arrebatar la legitimidad democrática a los partidos políticos, haciéndose portavoz de la sociedad vasca. El PNV no cayó en la trampa y la iniciativa se encuentra en una nueva fase de barbecho.

Lo que quiero decir: este proces no era tal. Sus estrategas no son unos chapuceros. Todo lo contrario. Han hilado muy fino. Han hecho creer al pueblo que se trataba de un proceso de independencia cuando en realidad se trataba de un proceso de aniquilación de CiU.

Ahora, solo os cuento una conversación mía hace dos semanas con una militante de ERC. Me dijo: “con los de Junts no se puede hablar de nada. No pisan tierra. Quieren la independencia en la coyuntura”. ERC, después de haber presionado para que Puigdemont hiciera la Declaración de Independencia de Catalunya, acusándole de traidor por sus vacilaciones, ahora se suma a la vía posibilista que había criminalizado. Resumiendo: el proces no fracasó. El proces triunfó. Si no podemos verlo así, los que tenemos un problema somos nosotros.

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