Imanol Lizarralde

Alfonso Otazu y José Ramón Díaz de Durana en Vitoria.- PRADIP J. PHANSE (Foto de El País)
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El drama de la violencia de ETA tiene efectos retroactivos en la historiografía sobre el País Vasco. Este drama influye de forma clara en la labor de historiadores que se ocupan de épocas en las que ETA no existía. Es lo que se puede reseñar de la entrevista que hace el diario El País a Alfonso Otazu y José Ramón Díaz de Durana (7-9).

La entrevista comienza por cauces inesperadamente positivos viniendo de historiadores de reconocida prosapia españolista. Estos subrayan, respecto al siglo XVIII, el espíritu de empresa de los vascos, las ventajas sociales y económicas de la hidalguía universal, la diferencia con el régimen de servidumbre de Castilla, la capacidad de autoorganizarse… Acerca de la filosofía de los fueros, Otazu llega a decir:

“El padre Larramendi, un jesuita que no era integrista, explica muy bien la naturaleza pactista que tiene este régimen foral, donde siempre hay que buscar el acuerdo. Porque el pacto hace que se funcione bien y elimina tensiones, las absorbe”.

En este panorama ideal de repente nos encontramos con una ruptura. A la pregunta de la entrevistadora del cómo “ese pacto se convierte en conflicto”, Otazu concreta la razón de ese “conflicto”:

“Ahí ha sido muy importante el integrismo implantado a través de la corriente rigorista de la Compañía de Jesús que ya comenzó enfrentándose a los programas reformistas de Carlos III. Los rigoristas tenían mucha influencia en el mundo rural y también entre los notables rurales, que se negaron a reformar el fuero porque para ellos pactar era pecado. Este fue el problema. Al ser pecado, todo pacto suponía una dejación de parte de las ideas, mientras que el mundo ilustrado pensaba sobre todo que se puede pactar a cambio de cosas”.

Entonces ¿es el integrismo el culpable de la abolición foral? ¿No lo fueron Espartero y Cánovas del Castillo? ¿El pacto se rompió por que “los notables rurales” y los jesuitas no quisieron pactar?

Siendo historiadores especialistas en el siglo XVIII es realmente escandaloso que Otazu y Díaz de Durana aludan al “integrismo” (fenómeno que ocurrió realmente a fines del siglo XIX en otro contexto muy diferente) y dejen sin mencionar un hecho histórico que si tiene que ver con la abolición foral: el trabajo que Godoy, primer ministro de Carlos IV, mandó hacer al canónigo riojano Llorente, en contra de la fundamentación histórica de la foralidad vasca, como acompañamiento de una serie de medidas gubernamentales contrarias al fuero. Este es el debate político que se va a dar entre la corte española y sus lacayos y las instituciones vascas de entonces, entre cuyos campeones de la foralidad se encontraban los ilustrados Ignacio de Altuna y el fabulista Pablo de Samaniego.

Estos historiadores quisieran ocultar que la ofensiva en contra de los fueros vascos fue comenzada por el absolutismo monárquico borbónico y el liberalismo español decimonónico no fue más que heredero y continuador de tal absolutismo en su empeño por abolir el régimen foral.

Diaz de Durana dice también:

“Otazu conoce y describe muy bien como se va generando ese integrismo a partir del XVIII, con la expulsión de los jesuitas, y en el XIX, cuando se va impregnando en la sociedad hasta adquirir la influencia social y política que ha tenido”.

Los jesuitas crean el “integrismo” y tras la expulsión de los mismos “se va impregnando en la sociedad”. Son las contradicciones de tratar de encajar en la historia una teoría precocinada que omite parte de la realidad, la parte, por cierto, que pretende describir, de cómo “ese pacto se convierte en conflicto”. Y es que hay veces que nuestros dos historiadores parecen incluso nacionalistas:

“El Estatuto es como una reencarnación del régimen foral: absorbe lo que quedaba y le da contenido”.

Pero esta afirmación, positiva e integradora, que muchos nacionalistas pueden compartir, queda opuesta a una pregunta digamos capciosa que dice: “¿Considera entonces que no hay precedentes históricos que justifiquen la independencia?”. Otazu nos responde:

“En esto tiene mucha importancia el que el nacionalismo histórico no deja de reclamarse heredero de los carlistas que se echaron al monte, desvirtuando, desde el punto de vista histórico, el significado que eso tuvo. Y no han asumido que había otra corriente de pensamiento bien distinta, que era el vasquismo fuerista”.

Ahora vemos, por la capciosidad de la pregunta, que toda esa magnífica reflexión acerca de lo emprendedores que eran los vascos y lo bien los que les venía pactar con la Corona era un camino para soltar dos falacias históricas:

  1. El nacionalismo histórico no deja de reclamarse heredero de los carlistas”. Es evidente que Otazu y Díaz de Durana no conocen al “nacionalismo histórico” o la propia obra de Sabino Arana, cuya arremetida fundamental es contra el carlismo en su obra polémica “El partido carlista y los fueros vasco-navarros”, donde Arana denuncia con contundencia el uso que hacían los carlistas del ideal foral para reforzar su ideal esencial de absolutismo monárquico, utilizando los sentimientos vascos para enfilarlos en guerras que no tenían que ver con sus intereses.
  2. Los nacionalistas “no han asimilado que había otra corriente de pensamiento bien distinta, que era el vasquismo fuerista”. La enormidad de esta falacia queda al descubierto al comprobar que “el vasquismo fuerista” se pasa al nacionalismo vasco con armas y bagajes, empezando por los miembros de la Sociedad Euskalerria, descendientes de los fueristas liberales que defendieron la foralidad frente a Cánovas tras la segunda guerra carlista.

La oposición entre el pacto foral/estatutario y la independencia política, pergeñado por estos historiadores vía la gentil pregunta de la periodista de El País, constituye un falseamiento de la historia y del debate histórico político habido en el País Vasco a lo largo de toda la disputa sobre los derechos históricos, el autogobierno y sus grados. El mismo Larramendi, tan alabado por Otazu, decía que si una de las partes rompe el pacto, la otra tiene derecho a hacer lo que le corresponde. ¿Quién rompe el pacto? ¿Los integristas fantasmas de Otazu y Durana o el Estado, que proclama la abolición foral y que ejerce el vacíamiento estatutario?

Pero firme en su convicción, la periodista de El País no ceja en su empeño en que los historiadores del siglo XVIII nos hablen de la política del siglo XXI, cuando inquiere o requiere:

“La convivencia se ha resentido en los últimos años, producto de la tensión que ha generado su línea soberanista”.

El fracaso en 2006 del proceso de paz labrado entre socialistas y los representantes de Batasuna, más los muertos y las bombas consiguientes y los millares de amenazados, no deben tener que ver nada con el tensionamiento de los últimos años. La respuesta de Otazu a esta pregunta también es interesante:

“La división de esta sociedad no pasa por el nacionalismo o no nacionalismo, sino por los demócratas o los no demócratas. Así como ser liberal y fuerista generaba tensión –por un lado se aceptaba el fuero, que hundía sus raíces en el antiguo régimen, y por otro decían ser liberales-, ser nacionalista y demócrata también genera tensión. El integrismo es el gran drama de este país”.

Fijémonos en la forma insidiosa con la que Otazu pretende adornar sus afirmaciones. No dice de forma directa que los nacionalistas no sean demócratas ni que los fueristas no sean liberales, simplemente dice que ambos pares de componentes están en “tensión”, como si el nacionalismo tuviera una incompatibilidad con la democracia y el fuerismo no pudiera ser liberal.

Los historiadores del siglo XIX (María Cruz Mina, por ejemplo) han demostrado con amplitud que la conciencia foral es producto de los liberales, no de los carlistas, vascos, siguiendo la interpretación ilustrada de la foralidad dada por los Caballeritos de Azkoitia, que Otazu y Durana que son historiadores del XVIII tendrían que haber mencionado. Para los ilustrados españoles el régimen foral era un régimen de libertades, frente al Antiguo Régimen absolutista de vasallaje.

Otazu prescinde del historial democrático del PNV, de que presidiera durante 40 años una institución democrática, derivada de la República española, como era el Gobierno Vasco, frente al franquismo. Es otra de las licencias que se permite con su teoría del integrismo.

Esta teoría tiene un origen y un padre muy concretos. Decía el socialista Jesús Eguiguren, que la parte del MLNV que era partidaria de la lucha armada, constituía “una cierta tradición montaraz e integrista que siempre ha habido en este país”. O sobre ETA en general: “En todos los sentidos, vaya, ETA es un mal que nos ha tocado vivir y dura cincuenta años porque tiene unas raíces muy fuertes. Esto de echarse al monte y combatir el sistema viene del siglo XIX”.

Ahora resulta que ETA es heredera de los jesuitas del siglo XVIII o de los carlistas del siglo XIX o de los partidarios radicales del neocatolicismo de fines del XIX. La culpa la tiene “el integrismo”. Podemos así prescindir de la modernidad de la que nacen y que hacen bandera ETA y el MLNV como movimiento revolucionario. Así nos falsifican la historia, con toda la impunidad.

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16 comentarios en «Así escriben la historia»

  1. Aupa Imanol, bien traido el tema.
    Había leído esa basura y, una vez más, ha servido para reconfirmar mi opinión sobre los autodenominados «historiadores».

    Si de mí dependiera eliminaría la calificación de rama de la ciencia a la «Historia».

    Pero por mucho que se empeñen en falsear la Historia de este Pueblo…. «Eppur si muove».

  2. no he leído el artículo pero mirad esto de la entrevista
    «En esto tiene mucha importancia el que el nacionalismo histórico no deja de reclamarse heredero de los carlistas que se echaron al monte, desvirtuando, desde el punto de vista histórico, el significado que eso tuvo. Y no han asumido que había otra corriente de pensamiento bien distinta, que era el vasquismo fuerista.»
    ahora resulta que los carlistas no defendían los fueros frente a los que querían quitarles derechos-privilegios a los fueros defendiendo el centralismo de la corona, es impresionante lo que hay que leer y yo lo hago como una persona ajena al jelkidismo.
    mi opinión es que en una nación política no hay lugar para los fueros, lo que existe ahora son instituciones sometidas a la soberanía española, la cosoberanía es algo que no existe ni puede existir en una nación política, la soberanía está en la camara central el parlamento del estado español y en su constitución y luego existe autonomías con competencias que pueden ser retiradas si el parlamento del estado español así lo considera y esto es una realidad, el camino seguido por el pnv es absurdo, es propio de quien vive en la edad media.

  3. Los vascos vivíamos felices con los españoles hasta que los «integristas» decidieron actuar unilateralmente y «tensionaron» a la sociedad.

    Sustituye «integristas» por «Ibarretxe» y ya tienes la música de fondo de la entrevista.

    ¿Y estos se hacen llamar «historiadores»?

  4. A la hora de interpretar, todos partimos de un suelo que solemos llamar «prejuicios», parece que a la hora de interpretar el presente, el prejuicio de estos dos historiadores es que «ser nacionalista (vasco, imagino que se refieren) y demócrata también genera tensión». Desde este prejuio podemos comprenderles. Lo que es una pena es que no intenten superar su prejuicio.

    Sobre la neocatolización de los vascos en el siglo XIX tengo por lectura a Rodriguez del Coro en «Mitras Vascas». Creo que no se debe rechazar que exista ese ingrediente «integrista neocatólico», pero como Lizarralde apunta, la tradición de los caballeritos y el fuerismo liberal llevado al nacionalismo por los euskalerriakos es el ingrediente que en la práctica (y compartidamente en las distintas teorizaciones) ha marcado la actuación del nacionalismo vasco, y en política la actuación es la esencia.
    Alguna vez he comentado que se aprende mucho de las interpretaciones mirando dónde ponen el acento. Estos dos historiadores ponen en acento en el «integrismos» porque es lo que buscan. En este blog creo que se pone el acento en la tradición fuerista liberal que se hace nacionalista porque entiendo que es eso lo que se busca para la actuación del nacionalismo; al igual que se pone el acento en el actuación y estrategia revolucionaria antisistema del mlnv para acentuar lo lejanos que están del nacionalismo vasco de espiritu liberal fuerista.
    En este blog escriben políticos en activo y con responsabilidades públicas, gente que rechaza AQUI Y AHORA el «integrismo» y la revolución como proyecto de futuro del nacionalismo vasco para el País. Sobre esto «El País» no va a poner ni un foco ni a sacar una foto en un dia soleado y claro, arruinaría sus planteamientos y los de la tradición socialista española que apoya (parte de la cual también se pretende acercar a la tradición de los caballeritos, ¡como si estos ilustrados que NADIE estudia en el bachillerato fuera de la CAV fueran ilustrados por el influjo del Carlos III de Borbón!)

    Agur

  5. A proposito, la región vasca en la que más exito tuvo la neocatolización del XIX parece ser que fue Navarra (si consideramos como dato objetivo que más del 50% de su población firmó a favor de la unidad católica de España contra las pretendiones de los liberales radicales que echaron a Isabel II, un porcentage mayor que en las otras regiones vascas, no tengo datos de otras diócesis/provincias), y en Navarra donde más exito «popular» cosechó la «Laugarren Gerla Saintua». Pero parece ser que de esta región no hablan no vaya a ser que tengan que rehacer un poquito las consecuencias que tanto interesan a «EL País»

  6. Komo hilo konduktor podemos rekordar komo el gran «katedratiko» Antonio «Lenin» Elorza nos suelta en to2 los artikulos k la esencia d ETA la tiene Sabino kon su racismo y Ignacio de Loiola kon el militarismo (no es broma, esto lo repite 1 y otra vez).

    Le pasa 1 poko komo umbral, k eskriba lo k eskriba al final siempre kiere hablar «de su libro». Se ve k la konspiracion judeo-masonika-separatista hay k añadirle lo d «integrista».

  7. Si claro el PNV se reivindicaba como heredero del Carlismo, y por eso en 1936 los Carlistas nos invaden nos persiguen a todos los del PNV y nos fusilan a todos los que pudieron.

    Que puta jeta, habría que perseguirlos criminalmente. Esto es como negar el holocauto.

  8. Bueno, todo depende del concepto de “liberal” que estéis utilizando. El debate es interesante porque es cierto que muchos foralistas eran liberales, pero la libertad que les interesaba era la del mercado, los derechos y las libertades civiles, más o menos se la pelaban. Se podía ser perfectamente, en este sentido, liberal e integrista. En el país vasco, y mayormente en el PNV y el PP existe este tipo de gente, partidarios a la vez de la libertad de mercado y de un férreo control social. Son liberales de tipo anglosajón. Curiosamente, alternan su voto entre estos dos partidos y son socialmente clavaditos. (También hay mucho de EA que es así. Pero no creo que EA sea un partido con identidad más allá de la de su líder.) En fin, esta gente juega en los mismos campos de golf, viven en los mismos barrios y urbanizaciones y poco les diferencia. Ambos están encantados con el Concierto Económico y la autonomía fiscal.

    En fin, que si precisáis un poco más la idea de liberal que utilizáis veréis que no hay tal contradicción. Son los autodenominados liberales los que descubren las ventajas del foralismo. No hay tensión entre estos dos conceptos, liberal y foral, como no lo hay entre liberal y paraíso fiscal, siempre y cuando nos estemos refiriendo al liberalismo anglosajón.

    ETA viene más de el carlismo integrista, pero hay mucho carlismo que aterriza en el nacionalismo cuando comienza a ver que el régimen franquista tenía los días contados y que la iglesia católica también. Simplemente cambiaron de comunidad orgánica sin cambiar de actitud.

  9. Imanol, comparto lo que dices en una gran parte. Si alguien se tomara un poco en serio el argumentar en vez de mentir se podia molestar en leer a Koldo Mitxelena y recordar cómo los viejos carlistas llamaban a los nacionalistas «liberalkumeak» y cómo él mismo habla de que «conozco a muchos de HB que vienen de familias liberales».

    El nacionalismo vasco en sus variadas versiones no se nutre sóla y exclusivamente del carlismo, es cierto que en Gipuzkoa el nacionalismo se merendó a la rama Integrista del Carlismo. Pero los integristas, palabra que hoy significa lo que significa, no eran más reaccionarios que otros en la vida política vasca, por cierto bastante conservadora hasta en el ámbito del socialismo del PSOE, que tampoco se nutrió sóla y exclusivamente de los obreros inmigrados a la Margen Izquierda.

    Y un historiador debe ser un poco más riguroso. Larramendi y otros apologistas de la foralidad sólo levantaron la bandera del pacto inamobible porque los mismos que habían aplicado los Decretos de Nueva Planta en Cataluña pretendían imponer el absolutismo, en el XVII y XVIII, y el centralismo en el XIX y XX…

    Por qué no hablan de Vargas Ponce, quien recorrió todos los archivos vascos purgando aquellos documentos no útiles para la causa del Estado?

  10. El padre de sabino era liberal.
    Es el integrismo quien se suma al nacionalismo
    Los fueros eran nuestra constitución como se reconoce en el discurso preliminar leido al efecto en las cortes de cadiz.
    Los fueros eran, asimismo, leyes hechas desde la base del pueblo, desde los municipios que, los presentaban a las juntas generales.
    ¿Que otra cosa juraban los reyes?

  11. Se suma el integrismo xo tambien el liberalismo pues los euskalerriakos eran liberales fueristas y son kienes mandan en el PNV kuando logran su primer gran exito elektoral, k es la diputacion de Bizkaia. La sociologia del nacionalismo es muy diversa, komo era la del «karlismo» k era 1 movimiento tremendamente komplejo.

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