José Manuel Bujanda Arizmendi
Procedo a poner ante los lectores y lectoras sobre las consideraciones de un abertzale, tal cual es como me autodefino. Son reflexiones varias acumuladas a lo largo de muchos años de publicar artículos, esta vez reordenadas, recompuestas y rehiladas cual diferentes piezas de un puzle variopinto. Considero interesante sobrevolar sobre ellas pues todas tienen su muy vigente actualidad. Espero coincidir con el interés de los lectores y lectoras. Es al menos lo que muy sinceramente estimo. Y así manifiesto, digo y afirmo. Reflexiono sobre el autogobierno y lo quiero enmarcar en el futuro. Hablo de un autogobierno que de estabilidad y que conlleve paralelamente acuerdos políticos amplios que permitan centrar el debate político en materias vitales para el futuro de la siguiente generación de los vascos. Un acuerdo que defina un modelo de convivencia, un marco de relaciones con el Estado en el que haya una bilateralidad efectiva, garantías y condiciones de lealtad. El pacto y la no imposición es el procedimiento de las sociedades avanzadas. Se trataría de alcanzar un acuerdo que permitiera potencialidades reales de modificación siempre que existieran mayorías para ello desde el respeto a la voluntad de la sociedad vasca y a su pluralidad. Respetar la voluntad de los vascos incluye el respeto y la toma en consideración a los diferentes sentimientos identitarios, tratando de integrarlos en un esquema de pacto y compromiso. Hablo de una solución, que en términos políticos de integración debería estar basada en un doble compromiso, a saber, amplio acuerdo sobre el mismo en Euskadi y aprobación política en los términos aquí acordados en las Cortes Generales. Un compromiso de acuerdo en Euskadi, que igualara en adhesión a los actualmente vigentes, defendido en su tramitación institucional y refrendado por la ciudadanía vasca.
Procedo a poner ante los lectores y lectoras sobre las consideraciones de un abertzale, tal cual es como me autodefino. Son reflexiones varias acumuladas a lo largo de muchos años de publicar artículos, esta vez reordenadas, recompuestas y rehiladas cual diferentes piezas de un puzle variopinto. Considero interesante sobrevolar sobre ellas pues todas tienen su muy vigente actualidad. Espero coincidir con el interés de los lectores y lectoras. Es al menos lo que muy sinceramente estimo. Y así manifiesto, digo y afirmo. Reflexiono sobre el autogobierno y lo quiero enmarcar en el futuro. Hablo de un autogobierno que de estabilidad y que conlleve paralelamente acuerdos políticos amplios que permitan centrar el debate político en materias vitales para el futuro de la siguiente generación de los vascos. Un acuerdo que defina un modelo de convivencia, un marco de relaciones con el Estado en el que haya una bilateralidad efectiva, garantías y condiciones de lealtad. El pacto y la no imposición es el procedimiento de las sociedades avanzadas. Se trataría de alcanzar un acuerdo que permitiera potencialidades reales de modificación siempre que existieran mayorías para ello desde el respeto a la voluntad de la sociedad vasca y a su pluralidad. Respetar la voluntad de los vascos incluye el respeto y la toma en consideración a los diferentes sentimientos identitarios, tratando de integrarlos en un esquema de pacto y compromiso. Hablo de una solución, que en términos políticos de integración debería estar basada en un doble compromiso, a saber, amplio acuerdo sobre el mismo en Euskadi y aprobación política en los términos aquí acordados en las Cortes Generales. Un compromiso de acuerdo en Euskadi, que igualara en adhesión a los actualmente vigentes, defendido en su tramitación institucional y refrendado por la ciudadanía vasca.
Este tipo de formulación garantizaría la aceptación en clave de integración política de la voluntad de la sociedad vasca y su reconocimiento jurídico y político en el ámbito estatal. Creo que debemos seguir manteniendo nuestra voluntad de pacto y de acuerdo porque no entendemos que el autogobierno pueda basarse en otro principio distinto de la libre disposición sobre nuestro futuro colectivo y la voluntad de pacto en el seno de la sociedad vasca y con el estado. Dicho de otra manera hablo de seguir considerando el pacto y la no-imposición como el procedimiento cara al futuro como reglas de juego. Una relación política que respetaría nuestra idiosincrasia e identidad, que permitiría que nuestra libre voluntad democrática tuviera mecanismos para ser respetada, que integrara sensibilidades, que articulara la relación dentro de un Estado plural a través del pacto y del acuerdo, y que evitara las tentaciones de unilateralidad a todas las partes. El futuro pasa por un nuevo acuerdo entre vascos, una nueva etapa que suponga un mayor reconocimiento de Euskadi como nación política, un nuevo avance en el reconocimiento de la existencia del Pueblo Vasco, su derecho a ser y decidir, un salto en el ámbito de las competencias jurídico-político-legislativos correspondientes al Gobierno y Parlamento Vasco. Una relación política que respetaría nuestra idiosincrasia e identidad, que permitiría que nuestra libre voluntad tuviera mecanismos para ser respetada, que integrara sensibilidades, que articulara la relación dentro de un Estado plurinacional a través del pacto y del acuerdo, que evitara la unilateralidad. Un modelo político que nos obligara a pactar. Una fórmula de doble llave.
Una apuesta por un autogobierno competencial capaz de desarrollar la identidad vasca en el mundo abierto que se va conformando, un concierto económico blindado, una apuesta por la capacidad competencial en las materias económicas, medioambientales y formativas necesarias para desarrollar un entorno competitivo y sostenible en un mundo abierto, una política fiscal solidaria necesaria para mantener ámbitos de solidaridad en un entorno amplio de competencia global. Una política de cooperación transfronteriza multisectorial que conformaría una Eurorregión vasca, desde el Adour al Ebro y desde las Encartaciones hasta Xuberoa, un sistema de transporte que uniría el tejido urbano Donostia-Vitoria-Bilbao-Pamplona-Baiona entre 30 y 45 minutos gracias a la Y vasca, la Euskal Hiria de Bernardo Atxaga. Un modelo de autogobierno que significaría capacidad de decisión, compromiso con el pacto, corresponsabilidad, participación en todos los niveles de decisión y apertura al exterior. Época de oportunidades aprovechadas desde el liderazgo político y la estabilidad institucional haciendo de la sociedad vasca un referente líder en creatividad, innovación, en desarrollar las universidades como polos de talento y de tolerancia, líder en definir la educación integral de las personas como la máxima prioridad de la construcción nacional, líder en hacer del conjunto de Euskadi un modelo urbano competitivo y líder también en basar nuestro bienestar futuro y modelo social en una comunidad integrada con una identidad propia y definida que apuesta por sus personas. Una sociedad normalizada lingüísticamente, bilingüe a todos los efectos donde el euskara y el castellano compartan escenario, realidad y eficacia comunicativa en espacios compartidos.
Hablo de incorporar identidad a las realidades actuales, de implicarnos en construir una sociedad vasca innovadora capaz de adelantarse a los cambios basada en personas conocedoras de la importancia del trabajo bien hecho con sentido de lo que nos es propio, con sentimiento de pertenencia a una comunidad que se implica en la solidaridad y que comparte un proyecto a largo plazo. Una Euskadi cohesionada, cuyo proyecto compartamos gentes de diferentes sensibilidades, abierta al mundo y a la diferencia creativa, capaz de atraer personas que quieran desarrollarse vitalmente entre nosotros. Esto es lo que pienso. Y así lo manifiesto.