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Alarde de Hondarribia: el problema de no tener problema pero querer que lo haya

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Igor Zulueta

Con motivo a la celebración del 25 aniversario de la creación de Jaizkibel Konpainia los medios han anunciado festejos a bombo y platillo. Se ha significado en los mismos, la capitana de Jaizkibel y  diputada por Bildu en el Parlamento Vasco Oihana Etxebarrieta. Hay aspectos de esta entrevista que le hacen que me parecen muy positivos. Me sumo a su diagnóstico de que “este año la gente nos ha demostrado que quiere vivir la fiesta”. Se acuerda que hace 25 años, cuando tenía 10, en la fiesta volaban pelotas de goma. También yo recuerdo a los antepasados de Jaizkibel Konpainia sosteniendo una pancarta “Jaiak bai, borroka ere bai” (Fiestas si, la lucha también). Era la época de la Socialización del Sufrimiento, en la que la Izquierda Abertzale quería meter el hocico y manejar cualquier evento popular. Y trató de imponer su criterio también en la fiesta del Alarde de Hondarribia, como lo describen en su libro Beñardo Urtizberea y Javier Iriarte.

Jaizkibel Konpainia es el producto de eso y todavía colea. Quisiera homenajear la labor de la Ertzaintza, la policía de nuestro pueblo, que lanzó esas pelotas de goma para que los partidarios del llamado “alarde mixto” no se introdujeran a la fuerza en el desfile del Alarde Tradicional. Ojalá llegué el día en el que Etxebarrieta reconocerá la labor de la policía vasca para defender la convivencia. Esta defendía al pueblo frente a los agresores minoritarios que querían imponer su modelo de fiesta. La Oihana de diez añitos no podía darse cuenta de ello.

La capitana de Jaizkibel también se congratula de que “son las personas más jóvenes las que hoy en día están viviendo con total normalidad que en la misma cuadrilla haya gente que desfila en Jaizkibel, en Txangai y Pasteleros. Una vez acabado el desfile, se reúnen y hacen la juerga juntos”. Yo mismo, y la gente que conozco que participa en el Alarde Tradicional, también se alegra por este motivo. Porque demuestra que los dos modelos de Alarde desfilan cada uno por su lado y la gente de ambos conviven perfectamente. Pero, claro, me surge la perplejidad. Entonces ¿cuál es el problema? ¿por qué dice Etxebarrieta lo siguiente?

Hay que poner por encima de todo el amor hacia esta celebración, en la que pueda participar toda la ciudadanía. Tenemos que recuperar la fiesta, volver a hacerla del pueblo. Es un objetivo con el que coincidimos cada vez más personas. De hecho, nos estamos encontrando por el camino quienes durante estos años atrás teníamos miradas diferentes. Hay que buscar espacios de solución.

¿Por qué se arrogan la facultad de definir la soberanía del pueblo tanto Etxebarrieta como Jaizkibel Konpainia? ¿Qué pasa? ¿quién no es de esta compañía ya no es del pueblo? Menudo planteamiento totalitario. La pregunta es ¿por qué pasa desapercibida esta opinión totalitaria en el panorama sociopolítico actual? Y detrás está todo el engranaje de los mass media habituales para empujar esta idea de corte impositivo. Quizá esto sea lo más grave del asunto, y lo más peligroso.
Habría que promulgar mucho más esa diversidad a la que tanto se apela y que es tan cacareada concretamente en esos ambientes de renovación y modernidad social.

Y es que Etxebarrieta, da a entender que “el pueblo” es ella y el colectivo que representa. Aquí se manifiesta el lenguaje conceptual de la izquierda abertzale por el cual “el pueblo” son ellos, como sujeto autoelegido, frente a una mayoría social que no lo sería por estar “alienada” o confundida con ideas erróneas. Nos encontramos ante el típico marco mental de corte marxista que representa el fondo de la máscara de la ideología de género. Pero el sentido común nos dice que el Alarde ya es del pueblo, siempre ha sido del pueblo y sigue siendo del pueblo. ¿O es que el pueblo, la mayoría por un lado y la minoría por otro, no celebra la fiesta como quiere

Ante la pregunta-afirmación que recoge la perspectiva de Alarde Fundazioa, diciendo que su desfile “se trata de un evento de carácter privado que no discrimina en la medida en que, quienes lo organizan, tanto hombres como mujeres, defienden la configuración tradicional”. La capitana de Jaizkibel responde:

Que la tradición es una palabra que en boca de algunos toma forma de inmovilismo, cuando las tradiciones nunca han sido inmóviles. Para poder continuar a lo largo del tiempo, han necesitado de adaptación a las sociedades actuales. De hecho, el Alarde de hoy en día no tiene nada que ver (trajes, música, compañías) con el que se celebraba en origen. Nosotras también estamos a favor de la tradición. También estamos a favor de nuestro bien inmaterial, pero creemos que adaptarlo a los nuevos tiempos no solo no va en contra sino que lo fortalece y enriquece.

Esta es una respuesta irreprochable a la que suscribo (y suscribiría cualquiera de Alarde Fundazioa) de pe a pa. Vuelvo a preguntarme. Entonces ¿cuál es el problema? ¿Por qué Jaizkibel hace “un llamamiento” al ayuntamiento de Hondarribia “para que liderara con fuerza este proceso”? ¿Qué objeto tiene reclamar “puntos de encuentro” cuando el desfile de los dos modelos de Alarde, como dice el testimonio de Etxebarrieta, en este último año, ha sido ejemplo de convivencia?

El problema consiste en que tras las bellas palabras de la capitana de Jaizkibel se esconde una tremenda omisión: claro que la tradición evoluciona; pero la tradición no puede ser desvirtuada hasta convertirse en algo irreconocible. Además, la tradición tiene que cambiarse cuando los cambios emergen desde dentro del ritual y del pueblo, sin imposiciones, y nunca con exigencias externas dictadas por grupos políticos o lobbies ideológicos.

Lo que pasa es que algunos y algunas quieren que la tradición se adapte a su manera. Hay diversas formas y maneras de adaptar las tradiciones, y no solamente una. Demos cabida a todas las formas que se presenten de adaptar las tradiciones, propiciando espacios diversos para sus diferentes manifestaciones. Eso es progresismo y mantenimiento de la cohesión social, sin imposición ni propagandismos estentóreos por parte de una de las facciones, la supuestamente agraviada.  La pregunta sería: ¿está Jaizkibel Konpaina a favor de propiciar espacios diversos de manifestaciones diferentes? Dice la capitana de esta compañía:

Es obvio que tenemos cada vez más respaldo. Hay personas que en su día nos dieron la espalda y que actualmente son miembros de la compañía. Hay personas que antes no nos querían ver desfilar y que ahora se quedan a vernos y nos aplauden. En 2022 no ha habido un solo espacio en el que no hubiera aplausos a nuestro paso, algo impensables años atrás.

¡Pues claro! Esta es la solución: dos alardes, dos tiempos y dos espacios. Entonces nadie se siente ni humillado, ni discriminado, ni avasallado. ¡Tan difícil es de entender! La solución está al alcance de la mano y este último año se ha producido; ya lo dijo la mediadora inglesa que vino años atrás, en el fondo es un problema de convivencia, y como tal hay que buscar soluciones para poder dar salida a un supuesto problema (que parece que en el fondo es inexistente) con soluciones de respeto y cohesión social, nunca de enfrentamiento o de imposición de diferentes formas de ver una fiesta o representación de carácter etnofolklórico.

Si la capitana de Jaizkibel está tan contenta por el supuesto crecimiento de Jaizkibel Konpainia y los aplausos que recoge alrededor, repito por tercera vez ¿cuál es el problema? El problema es el de siempre: el que Jaizkibel trata de imponer un modelo de fiesta a la mayoría de un pueblo que quiere celebrar la fiesta siguiendo su propio modelo. Jaizkibel Konpainia quiere desfilar con las compañías del Alarde Tradicional e imponerles su presencia. Y por eso sus miembros se mueven por los despachos ministeriales, comen la oreja a políticos acomplejados e importan gentes de otras latitudes para desfilar en las fiestas de Hondarribia.

La situación está más normalizada de lo que parece. Simplemente habría que dar cabida a los dos tipos de expresiones, tanto a Jaizkibel Konpainia como al Alarde tradicional; y ahí se terminaría el supuesto problema. Sin embargo, si tenemos en cuenta que la Capitana de Jaizkibel Konpainia es un cargo electo de EH Bildu en Parlamento Vasco, y se ha mostrado en sus intervenciones beligerante  en las cuestiones de género, parece bastante difícil el objetivo de llegar a un punto intermedio consensuado que de cabida a todas las personas y permita una cohesión pragmática que permita una convivencia pacífica. Resulta evidente que la ideología de género es utilizada aquí como palanca política a favor de un cambio político-social de corte revolucionario. O hablando en plata, es instrumento para que Bildu sea hegemónico en la sociedad, aun sin contar la mayoría social. Esto no es nuevo, basta con rascar un poco para llegar al tuétano de la cuestión.

La elección de la diputada de Bildu Oihana Etxebarrieta nos debe servir como una confirmación de que este movimiento (el mal llamado “alarde mixto”) fue creado e inducido por la Izquierda Abertzale, con la intención de apoderarse de las fiestas populares y darles su cariz. Segundo, que la Izquierda Abertzale sigue manteniendo “caliente” la línea del conflicto en los Alardes con la intención de reforzar el frente de la lucha ideológica ligada a la “ideología de género”. Tercero, estamos en fechas pre electorales y parece que Bildu considera que el aupar a Etxebarrieta al protagonismo de un movimiento social le podría proporcionar réditos electorales, sino en Hondarribia (que es una plaza perdida hace años) al menos en Gipuzkoa, donde flanquea la figura de Maddalen Iriarte. En referencia al conflicto del Alarde, el desembarco de una figura política ligada al fanatismo e intolerancia del que hacen gala los portavoces de la “ideología de género” significa que Bildu apuesta por darle una vuelta de tuerca a esta cuestión, en detrimento de la paz y convivencia de Hondarribia. Una pena. Como ocurre a veces, los intereses políticos de una facción priman por encima de los valores de cohesión social. Pues para Bildu, en este caso, se trata de que “hay que generar conflicto”. Y si no hay problema, piensan que deben de crearlo. Ese es el verdadero entuerto y quid de la cuestión: el problema real es que no hay ningún problema. No tendría que haberlo. Pero los estrategas de Bildu piensan otra cosa.

Este último año, a mi parecer (la capitana de Jaizkibel nos da varios ejemplos de ello) señala la solución ideal del problema. Cada modelo de Alarde desfilando por su lado y en el pueblo la gente conviviendo con alegría. Hago un voto (al que espero que Jaizkibel Konpainia alguna vez se sume) de que esto continúe así.

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