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Sobre ecologistas de vertedero, demócratas de compost o abertzales inertes

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Jon Elgezabal

La herencia de la política de basuras de Bildu se está perfilando. Ahora ya sabemos donde caerá el vertedero que quieren construir. Va a ser en Zestoa. Esta es la alternativa a la incineradora: un nuevo vertedero, la destrucción de toda una zona, el condicionamiento de un pueblo donde viven miles de personas, para hacer lo peor que se puede hacer en política de basuras, que es construir una nueva área para depositar la basura.

Repasemos la política de residuos de Bildu. Vieron un filón en estar en contra de la incineradora y cuando llegan al poder pagan millones de euros a las empresas constructoras, en contra de la mayoría política guipuzcoana. Sacando a flote una empresa pública de creación propia como Garbitania, llena de militantes de la izquierda abertzale, improvisan la imposición del sistema Puerta a Puerta. Ante esto, el pueblo de Gipuzkoa se subleva, monta consultas, se moviliza, reúne firmas… Bildu consigue el milagro de un movimiento social contrario a sus políticas impositivas y queda a la altura del betún, en tanto abogado de la democracia participativa.

Bildu falsifica estadísticas de reciclaje, promueve vertidos de basuras ilegales, impulsa el turismo basura, mediante el cual miles de guipuzcoanos tienen que viajar con sus residuos a las zonas donde no existe el sistema Puerta a Puerta. Además de eso, Bildu impulsa el control social de los residuos, el cacheo de las bolsas de basura, las multas a los ciudadanos, la vigilancia de las zonas de depósito, la suciedad alrededor de colgadores que son nidos de ratas y de porquería.

Porque primeramente digamos que el montaje de este vertedero se hace sin consultar ni tener en cuenta la opinión de los ciudadanos de Zestoa, que van a tener que cargar con 70.000 toneladas anuales de residuos. Ahí es nada. Bildu que va de participativa no deja participar a la ciudadanía cuando la decisión la toman los comisarios políticos de la “egitura” de la izquierda abertzale, que son los amos de los títeres que son los cargos públicos de Bildu, robots teledirigidos dispuestos a vender cualquier cosa enseñando su ristra de dientes ante los medios de comunicación.

Ahora nos quieren vender que decenas de miles de toneladas de basuras inertizadas son como agua de lavanda. Cualquiera que haya visto un depósito de inertes sabe que tal cosa es una impostura. En todo caso, el estrecho territorio de Gipuzkoa va a disponer de un nuevo vertedero, como si fueran pocos los que ya sobrelleva. Y esto se hace en nombre de la ecología.

A un años de las elecciones municipales, Bildu deja en este tema una herencia dantesca. La incapacidad brutal de la izquierda abertzale para elaborar políticas constructivas queda, una vez más, al descubierto. Su modelo de democracia se demuestra tal cual es, un papel celofán para envolver los mayores desmanes en contra de la democracia. Teniendo en contra a la mayoría política y al pueblo de a pié de Gipuzkoa, Bildu pretende vendernos que su manera de hacer política responde a “otro modelo”.

En efecto, responde al modelo de persistir en la imposición proclamando la democracia, en plantear la opacidad abogando por la transparencia, aludir a la ecología para plantear desmontes y pases de camiones. El vertedero de Zestoa, con todos los males que va a acarrear a miles de ciudadanos, que ya se llevan las manos a la cabeza por lo que les viene, tiene algo de positivo: que puede ser un monumento a la incapacidad y cerrazón de Bildu para las próximas generaciones. Para que la gente pueda decir, estos eran los ecologistas, los demócratas, los abertzales…

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