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Contra el comunismo interterritorial (I)

Iñigo Lizari

(Comparativa PIB per capita entre CCAA y países independientes tomado del blog Fronteras)
Se nos dice desde las filas del autoproclamado constitucionalismo español que todos los españoles tienen que tener los mismos derechos con independencia de cual sea su lugar de residencia. Sin embargo esta máxima no puede proclamarse como una máxima justa si planteamos el disfrute de estos derechos con independencia de las obligaciones que se asumen y del cumplimiento de las obligaciones asumidas. Por lo tanto, el comunismo territorial es contrario al principio de justicia, y con ello contrario al principio de libertad e igualdad, y además, tal y como lo plantean los jacobinos, es contrario al principio de subsidiariedad.

Empezaré por lo que en principio podría parece más extraño. Soy un ferviente defensor del principio de subsidiariedad, que no olvidemos no surge en principio de la relación entre los diferentes niveles administrativo aunque luego haya encontrado en el mismo su desarrollo, sino en la relación sociedad civil estado, y dentro también de la sociedad civil entre instancias particulares e instancias generales. Este principio es aquel en virtud de la cual la solución de los problemas debe de partir de aquella instancia más próxima que puedan solucionar el problema eficientemente. Es tanto como decir del principio de organización mínima o de comunitarización estrictamente imprescindible y necesaria

Por este principio de subsidiariedad, de comunitarización estrictamente necesaria, ningún vecino de ninguna comunidad de propietarios aporta su salario al Presidente de su Comunidad de Propietarios que haría las funciones de caja común de los salarios de los demás copropietarios para repartirlo por igual entre los demás miembros de la comunidad. Sencillamente la comunidad de Propietarios se encarga de administrar lo estrictamente común, es decir los gastos de escalera del edificio, el tejado y poco más, porque el uso de estos elementos comunes no es susceptible de individualización, está comúnmente estructurado. Así las cosas cada propietario simplemente tiene que hacer frente a estos gastos en función de cuota que está en función del superficie que ocupa privativamente respecto a totalidad de superficie privativa que tiene el edificio, o por la mayor ventaja que tiene el edificio para cada elemento privativo.

La solidaridad es la que me lleva a que si un vecino tiene problemas, yo como buen vecino le eche un cable, me ofrezca a recoger sus hijos, le encuentre trabajo si es que puedo etc…., pero la solidaridad no pasa por que ponga mi salario en un hucha común comunitaria. Si varios vecinos optan por poner en una caja común sus salarios para repartirlo entre los mismos, ese pacto será un pacto particular entre ellos, no tendrá carácter comunitario, y ninguno de ellos en nombre de la comunidad podrá obligarme a formar parte de su pacto, si bien en consecuencia tampoco tendré derecho a los beneficios de ese pacto. Esto es libertad, y la libertad solo puede ser dispositiva, nunca impositiva.

Este mismo principio es el que el que debe de informar al resto de las instancias que regulan el uso de servicios que no son susceptibles de individualización. Las aceras y carreteras urbanas las administra el Ayuntamiento, y para ello pago IBI en función de los metros cuadradas y Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica. La sanidad y la educación y un largo etc… las paga el Gobierno Vasco y pago mis impuestos para sufragar estos gastos, y los jueces, las líneas ferroviarias de grandes recorridos y un largo etc..las paga el Estado y para ello se paga en función de la participación de la cuota que le corresponde a nuestra comunidad ¿Por qué habría una comunidad de comunitarizar todos sus ingresos en el Estado para que luego el estado reparta la renta cuando al Estado sólo procede pagarle por las competencias que ejerce? Es obvio que no. Sin embargo quienes defienden que se tenga que comunitarizar los ingresos entre comunidades lo defienden apelando a la solidaridad.

¿Qué tiene que ver la solidaridad con el hecho de que existan comunidades permanente y estructuralmente subvencionadas?. Solidaridad es que si una comunidad sufre una catástrofe por causas involuntarias como un terremoto, unos incendios, unas sequías etc…..se le ayude, pero solidaridad no puede servir para vivir permanente a costa de los demás por encima de sus propias posibilidades. Niego que exista un deber de solidaridad que obligue a comunitarizar los ingresos de los territorios. Sólo el mutuo acuerdo, por voluntad libre de cada territorio, y nunca por mayorías es el que puede llevar a asumir esta obligación, pero no es una obligación inherente, y por lo tanto dicha comunitarización puede formar parte del Derecho dispositivo.

Pero por lo mismo, si todos los ciudadanos españoles tienen que tener los mismos derechos, ¿Acaso todos los ciudadanos del mundo no tendrían que tener los mismos derechos también? Entonces porque no transferir todos los ingresos a la caja común de la ONU y que la ONU reparta el dinero obtenido de dichos ingresos por igual entre todos los países en función de la población. Y es que estos son los que se apuntan a la caja única española, estos que se apuntarían a la caja única europea si hiciera falta, pero a la caja única mundial ni hablar. Un vasco o catalán con más derechos que un murciano o valenciano ni hablar!!!, y por supuesto un español debe tener los mismos derechos que un alemán como sería de recibo siendo miembro de la Unión Europea, y para ello los alemanes que se rasquen el bolsillo, pero un senegalés no puede ser igual que un español, por favor, a donde nos quieren llevar!!!. Y es que el jacobinismo español se apunta al comunitarismo de lo mío y de lo que me toca de los demás.

Quienes huyen de este escabrosa cuestión de la solidaridad a sabiendas que ello puede suponer meterse en camisa de once varas, nos reprochan que no pagamos el cupo suficiente, que nuestra cuota es escasa. A ello les contesto, no tengo porque pagar por encima de mi cuota de riqueza, ni mi cuota sobre la población o mi cuota sobre el territorio!!! De todas estos criterios posibles, Euskadi por Población representa el 4,64% del Estado, por territorio Euskadi representa el 1,43% .y por riqueza o PIB es entorno al 6,24%, y es por el indicador más alto por el que se calcula el cupo sobre las competencias no asumidas por CAV frente al Estado. No pagamos por habitantes que sería tal vez lo más justo, pagamos por nuestro PIB que es lo más alto. ¿Es que no es suficiente solidaridad el pago 6,24% del presupuesto del Estado en aquellas materias nos transferidas frente al 4,64% que representa el peso poblacional de Euskadi?

Un tal Ruiz Soroa se preguntaría ¿Y si yo fuera madrileño, con cuanto me tendría que quedar y cuanto doy en cambio? Y un catalán haría bien  en contestarle que de quejarse nada de nada, callarse y dar gracias, ya que gracias al centralismo español, se ha fabricado un país radial en infraestructuras para que los madrileños viajen los fines de semana a donde quieran en AVE a costa de los demás, porque a costa de los demás territorios se ha centralizado todas las sedes de los Bancos y de las principales empresas como nunca antes se había hecho en la historia del Reino de España, y porque todo eso redunda en beneficio de Madrid y es todo por impulso político y a costa de los demás. Lo que pasa con lo de Madrid nada que ver con lo que ocurre en los países federales.

Lo que pasa en España tiene que ver con el jacobinismo, heredero del absolutismo que puso a Dios sobre un poder terrenal determinado. En el absolutismo el Rey está investido de un poder divino, y por ello debe de concentrar todo el poder y acabar con toda idea de poder difuso, y a este poder se le llamo soberanía. El Jacobinismo que es la expresión más genuina del absolutismo moderno que divinizo ese mismo Estado que habían creado los reyes con la sangre derramada por las espadas de sus ejércitos y el semen vertido por sus vergas reales, pues como diría jaques Maritain, soberanía nacional y absolutismo se forjaron en el mismo yunque. Con ellos, con los Jacobinos, nuestro Occidente se estrenó en la “Ingeniería Social” en nombre de la “igualdad y fraternidad”.

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