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ETA, desarme o disolución

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Joxan Rekondo

Según publicó ayer El Diario Vasco (Jordi Sainz), ETA contempla un proceso de desarme unilateral y sin condiciones. El verbo ‘contempla’ parece referirse al desarrollo de un proceso de debate interno ante el que el citado ‘desarme unilateral’ aparecería como la alternativa más probable. Por su parte, el uso del sustantivo ‘proceso’ lleva a sospechar que el repetido desarme será dosificado para lograr finalmente el reconocimiento político que la organización armada espera obtener. Es decir, ETA estaría valorando un cambio de planes que convertiría el prerrequisito de la bilateralidad en objetivo a verificar a lo largo del proceso. A la postre, el orden de los factores no altera el producto.

La razón que movería a la organización terrorista a iniciar este cambio tendría que ver con el rechazo del gobierno español a entablar un diálogo que aborde con ETA la política carcelaria, prácticamente quieta y parada a pesar del declarado cese de las actividades violentas.

De toda la liturgia de Aiete, que el MLNV quiere convertir en un fetiche de adoración obligada, lo más difícil de entender es ese punto 2 que insta a conversar con ETA para abordar las llamadas ‘consecuencias del conflicto’. Esta cuestión no es, como se pretende hacer creer, puramente técnica. ¿Cómo es posible conversar sobre las consecuencias de un conflicto sin que los participantes en las citadas conversaciones se apropien de la total representación del mismo conflicto referido? Y, si se trata de sentarse con ETA, ¿cómo se puede evitar, siendo esta organización parte integrante del diálogo al que insta la Conferencia de Aiete, que de ahí se concluya su reconocimiento como agente clave en el origen, desarrollo y resolución de aquel conflicto (que de manera simplista muchos denominan ‘vasco’)? De acuerdo con este esquema, sentarse con ETA con carácter previo o hacerlo para ratificar el final de un proceso viene a desembocar casi en lo mismo.

Si lo vemos desde el punto de vista de política de imagen, la noticia que firma Jordi Sainz (un periodista siempre bien informado) es sugerente. Pero, en realidad no supone una alteración significativa de la hoja de ruta fijada por ETA hace ya tres años largos, en su documento-guion titulado “Proceso Democrático”, que por ahora sigue siendo la misma:  “ETA no desaparecerá, continuará como organización política dentro de la Izquierda Abertzale, hasta que otro tipo de situación y debates digan lo contrario”.

Por eso, decir que iniciar un proceso de desarme unilateral equivale a la ‘disolución práctica’ es un intento de vender gato por liebre. La única disolución práctica es la disolución real y efectiva. El mantenimiento de ETA, aunque fuera como organización política inactiva, sería el mantenimiento de sus justificaciones y su relato histórico.

Ese es el escenario confesado por Mintegi, “que cada cual cada cual cuente la historia como la ha vivido, pero reconociendo el relato que hace la otra parte”. La declaración de Glencree ha mostrado, sin embargo, que no puede aceptarse ningún relato que justifique la violencia ilegítima y que a los que la han practicado les es exigible una revisión autocrítica del pasado. La resistencia de ETA a su disolución únicamente podría entenderse como un desprecio a dicha autocrítica. En definitiva, como un portazo a la paz.

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