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Llegan los mamporrevich

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Miguel Ángel Aramburu

La coincidencia temporal y temática de los artículos de Iñaki Egaña (Gara: “Al camarada Iosif Vissarionovich Urkullu”) sacudiendo a Urkullu y poniendo el grito en el cielo por llamar al MLNV estalinista y Joxan Agirre (Gara: “El increíble hombre menguante”) ridiculizando y menospreciendo a Egibar como un “kiliki”, no son fruto de la casualidad. Se acercan fechas electorales muy importantes, y los propagandistas del MLNV tienen que poner en primera la brocha gorda para tratar de desprestigiar al PNV y especialmente intentar agitar sus contradicciones internas, contradicciones que tantos frutos les han reportado. A su vez, el MLNV necesita que el nuevo envoltorio electoral no huela al rancio estalinismo de sus dirigentes más conocidos, mientras acusa al PNV de posicionarse “a favor del Estado” en el asunto del contencioso vasco.

Tanto Egaña como Agirre agitan burlonamente la tesis de la naturaleza “marxista-leninista-maoísta” del MLNV. Según Egaña, desde Odón Elorza a Basagoiti, pasando por Iñigo Urkullu, todos los políticos del arco parlamentario están de acuerdo en considerar al MLNV como un movimiento de tipo revolucionario. Pero antes de entrar en ese tema, pasemos a ver la propia naturaleza de uno de los sujetos agentes de esta diatriba, como es Iñaki Egaña. ¿Quién es el que habla, en este caso?

Conocido articulista y publicista del MLNV, de quien no conocemos actividad científica constrastada fuera de sus ejercicios de propaganda, Iñaki Egaña ha tomado parte en algunos trabajos, referidos a diversas etapas de la historia de Euskadi y del nacionalismo. Publicó lo que José María de Gamboa califica como “una versión pirata” del diario de la primera etapa del exilio alemán de José Antonio Agirre (José Miguel de Barandiaran, La guerra civil en Euskadi, Bidasoa, 2005, p. 45), al que mutiló de forma interesada diversos pasajes, como bien denunció el propio hijo del Lehendakari, Iñaki Agirre (“José Antonio Aguirre, y su paso por Berlín”, El País, 30-1-2005). Ello sirvió al político del PP Leopoldo Barreda a fomentar la injuria de la connivencia de Agirre respecto a los nazis, bulo periodístico-político fomentado desde diversas instancias del Estado. En sus crónicas de la Guerra Civil, Egaña da mucha importancia, sobre todo, a los partidos de la izquierda española (La guerra civil en Euskadi, p. 46), relegando todo lo que puede la actuación y el historial del PNV, sobre el que también miente de forma descarada en lo que respecta a su actitud frente golpe franquista (idem, p. 48). Todo una muestra del sano abertzalismo de los propagandistas que nos rodean.

Nos encontramos, pues, ante un escritor cuya profesión es la de deformar la historia al servicio de los intereses del MLNV, al que el nacionalismo vasco siempre le ha parecido un competidor engorroso y un estorbo. La función de Egaña es la de ajustar la historia vasca a los intereses del MLNV. En ese cometido, su función es desprestigiar todo lo posible al nacionalismo vasco y concretamente al PNV. Padece de una obsesión anti-nacionalista, en la misma línea que Teo Uriarte o Mikel Azurmendi, desde otra barrera.

Por ello, no debemos considerar su artículo sobre Iñigo Urkullu como una excepción, sino como parte de una trayectoria, cuyo objetivo es desterrar del imaginario vasco y de su conciencia histórica la trayectoria de un partido, el PNV, haciendo una revisión falseada del pasado lejano y cercano hasta el presente, con vistas a cercenar su futuro. En este sentido, el artículo de Egaña es un refrito y un sofrito: acusa a Irala de ser espía norteamericano en China; al PNV de haber querido impulsar la lucha armada en Iparralde; también dice que “la defensa de ese capitalismo de corte norteamericano llevó al PNV a ser el enlace en la reorganización de la democracia-cristiana europea. Fondos sin fondo y una serie de contra-prestaciones de las que enrojecen al escribir la historia”. En las acusaciones de este artículo, Egaña en ningún momento aporta una referencia histórica, un libro, un documento, todos son afirmaciones sin prueba, en el mejor estilo de los fiscales estalinianos. ¿No es, acaso, significativo, que un publicista dedicado a la labor de relatar periodos históricos, no haga referencia a ningún dato contrastado?.

En el caso de esta última cita, lo llamativo no es la adscripción del PNV a la democracia-cristiana (o a la falaz identificación de este partido con el “capitalismo de corte norteamericano”) sino que obvia que la adscripción que sintonizaban los demás en las fechas que habla Egaña, era la de Stalin y su ejército de simpatizantes. ¿Acaso Egaña prefería esta adscripción a la opción realizada por el PNV? La respuesta no puede ser otra que afirmativa.

Hay una coincidencia llamativa en los dos articulistas. El sociólogo Joxan Agirre cita de forma despreciativa a “los guionistas de Urkullu y Erkoreka, acuñadores del apelativo marxista-leninista-maoísta en relación con EH Bildu”. Iñaki Egaña acusa a destacados dirigentes Antón Irala, Juan de Ajuriaguerra y Julio Jauregui de calificar a ETA como “organización marxista-leninista”. Es increíble lo mucho que les irrita a los publicistas del MLNV esta cuestión nominativa, siendo como es para este movimiento, de importancia capital su aplicación ortodoxa, como venimos sufriendo en Euskadi desde hace muchas décadas, en todos los temás, ecología, problemas laborales, gestión de residuos… Ahora que se pretende realiza el “sorpasso” electoral para el MLNV resulta esencial mostrarse como un movimiento nacionalista, aunque su máximo enemigo histórico sea el PNV. ¿Cuáles son los datos que usan ambos autores para zafarse de tal infamante acusación? Aquí ni siquiera se deforman las evidencias; simplemente se niega que existan.

Las evidencias históricas, por mucho que le pesen a Egaña, son inamovibles. Los que ya tenemos una edad podemos recordárselas brevemente para intentar paliar su amnesia selectiva. Allá por el Big-Bang, ETA se definió en la V Asamblea, como bien dijeron los Presos de Burgos en su comunicación de 1971, como defensora de un socialismo “marxista-leninista”.  Estos mismos presos, en una carta dirigida al Biltzar Tipia de ETA, señalaron, “la clase obrera necesita de una vanguardia que la dirija y que la organice, una vanguardia absolutamente entregada a la lucha, cuya principal arma de combate sea el marxismo-leninismo. ETA debe tender y está tendiendo desde hace tiempo a constituir esta vanguardia”. ETA se pasó un lustro tratando de montar ese entramado, en el que quiso poner como vanguardia a un Partido Comunista Vasco Dirigente. Finalmente, a fines de los 70 y principios de los 80, la función dirigente la llevaría el conjunto de organizaciones de KAS. En la sexta asamblea de ETA lo debían tener todavía más claro ya que afirmaron que “Nuestro objetivo fundamental es la creación de un Estado Socialista Vasco dirigido por la clase trabajadora de Euskadi como instrumento para alcanzar una sociedad vasca sin clases, una Euskadi auténticamente comunista (…) En el plano social, nuestra lucha liberadora se desarrolla y viene enmarcada desde una perspectiva revolucionaria de clase, desde la perspectiva más consciente y auténticamente revolucionaria: la comunista

Conviene recordar las palabras de Argala, icono fetiche de Arnaldo Otegi cuan Che Guevara, cuando sentaba cátedra: “que no se trata de que los ricos ayuden a los pobres, ni únicamente de que se aumenten los salarios de la clase obrera, sino de socializar los medios de producción; que para lograr la solidaridad social es precisa una profunda revolución cultural, y que para ello, no basta con la buena voluntad (…) la burguesía recurre a las armas cuando ve en peligro sus privilegios, lo que induce a pensar que si la clase obrera no se plantea el problema en términos semejantes, tendremos ocasión de presenciar muchas matanzas y pocas revoluciones.”

Ya en los ochenta, frente a la afirmación de Egaña contraria a “la descalificación de la izquierda abertzale como “esbirros de Moscú”, nos topamos con la propia postura del MLNV, reflejada en HASI, el partido de KAS, que decía sin ningún reparo: “Como consideraciones esenciales para el proceso revolucionario, afirmamos la ligazón estrecha entre todos los procesos particulares, en el sentido, por ejemplo, de que sin la Unión Soviética hubiese sido imposible la Cuba socialista o que sin Vietnam sería menor la consolidación de los países socialistas. Dicho de otra forma, consideramos esencial para la derrota del imperialismo, que los nuevos países socialistas se fortalezcan (…) y consecuentemente, que las luchas de los pueblos oprimidos de la Europa Occidental se fortalezcan y alcancen sus objetivos”.

Después, cuando el modelo soviético se presentaba ya bastante antipático a la opinión pública, los intelectuales del MLNV comenzaron con referencias más refinadas. Así, con Txema Montero como estrella mediática del MLNV, nos susurraban que el modelo de país ideal sería “Albania por su conciencia nacional, y la RDA por su alto grado de desarrollo”. Todo un acierto. Otro dirigente de HB como Txikito de Amorebieta nos informaba de que “para nosotros lo primero sería conseguir la aplicación de un derecho fundamental de nuestro pueblo: el derecho de autodeterminación. Y luego, suponiendo que HB tuviese el poder de organizar y decidir un modelo de sociedad para Euskadi, (…) yo, personalmente, me inclino por un modelo socialista.”. No sabemos si el modelo era la URSS, Albania, Cuba o Korea del Norte, es comprensible que le fuera complicado elegir entre tanta excelencia.

Caído el telón de acero y derrumbado el comunismo en el continente europeo, a mediados de la década de los noventa, lejos de de cambiar de estrategia, los dirigentes reales del MLNV hablando desde KAS, nos decían en su reflexión  “KAS, nuestro presente, nuestro futuro”, que: “Nuestra práctica está inmersa, esencialmente inmersa en la lucha mundial de la humanidad contra el Capital. El hundimiento estrepitoso del mal llamado “socialismo real” ha dejado al desnudo al capitalismo real, al auténtico capitalismo que está conduciendo a la humanidad al desastre. Hace ocho décadas Rosa Luxemburg (…) diagnosticó certeramente que la humanidad se había enfrentado ya al dilema de socialismo o barbarie. Hoy, en el umbral del s. XXI, el dilema se ha agudizado en extremo y nos encontramos abocados a escoger entre comunismo y caos”

Entrados ya en el nuevo milenio, el MLNV sigue considerandose obtusamente hijo de la revolución de Octubre y su lucha un frente más. El propio ideólogo de ETA Ekaitz Sirvent se reconoce por el camino de esa tradición y el propio Diputado General de Gipuzkoa, Martin “PaP” Garitano celebró su elección en 2009 declarando que “Para nosotros la estrategia más importante es poner a este pueblo en la vía de la soberanía…convertir Euskal Herria en un Estado socialista en el corazón de Europa”. Y si esto no fuera suficiente, hace pocos días que Ainhoa Etxaide afirmaba en el cierre del 8. Congreso Nacional de LAB: «Iparra argi dugu, euskal estatu sozialista eraikitzera goaz» 

Quizás algunos bienintencionados lectores podrían pensar que Egaña y Agirre, a pesar de ser miembros activos del aparato de propaganda del MLNV, pudieran estar avergonzados de su propia ideología, que pudieran haberse dado cuenta de que semejantes modelos económico-político-sociales se han demostrado desastrosos y genocidas. Pero lamentablemente sabemos que más bien, para favorecer los intereses coyunturales del movimiento necesiten, contra toda evidencia, negar la verdad histórica para favorecer una acumulación de fuerzas y una imagen almibarada, sin otro argumento que la descalificación del contrario. Su convicción, según confiesa Egaña, es la del “fracaso del PNV, estrepitoso y catastrófico”, que lamentablemente para ellos, los ciudadanos observan como exito de gestión y de construcción nacional/social vasca, frente a los modelos de pobreza y totalitarismo que sigue predicando el MLNV en pleno siglo XXI. En esas siguen. ¡Todavía!

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