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Jurar la constitución española para así, jurar una constitución vasca

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Aitor Fuente Incera en su blog Uno + (Política)

El pasado 13 de Diciembre se constituyeron las Cortes españolas. De esta manera daba comienzo la X Legislatura de la reciente democracia. Mucha, poca, escasa, nula… No lo sé, pero ahí estamos.

El nuevo Parlamento será el más colorido de los últimos tiempos. Entre los nuevos, se encuentra la coalición Amaiur, quienes para dar comienzo a la legislatura entrante, acataron la Constitución española “por imperativo legal”.

EAJ también, como en anteriores ocasiones, por ejemplo en 2004, la primera legislatura de Zapatero. En 2008 la fórmula utilizada por los jeltzales fue la “tradicional”. Los senadores que conforman el Grupo Vasco, este pasado 13 de Diciembre, también utilizaron la formula “tradicional” para comenzar la legislatura. Como bien dice Iñaki Anasagasti, al fin y al cabo, “todo es por imperativo legal”.

Jurar, prometer, acatar por imperativo legal, desde un convencimiento republicano, haciendo el pino o como le salga a uno de los… adentros.

El caso es estar donde hay que estar y cuando hay que estar.

¿Hay que estar? Por supuesto. El que no está, está ausente, y la ausencia se transforma en inexistencia.

¿Dónde hay que estar? Pues ya lo dijo Juan de Ajuriaguerra: “Allí donde se juegue una parte del futuro de Euskadi, (…) para defender los intereses de los vascos”.

¿Cuándo hay que estar? Cuando hace falta estar. De no hacer falta, no se estaría.

Precisamente, en 2008 terminaba una legislatura en la que los parlamentarios vascos acataron la Constitución española “por imperativo legal” y que no resultó nada productiva para nuestros intereses, y comenzaba otra en la que se utilizó el juramento o promesa “tradicional” y de la que se obtuvieron unos avances importantísimos en el desarrollo estatutario y el autogobierno vasco.

No son tanto las palabras que se utilizan en una jornada de mero trámite como las acciones que se realizan a lo largo de cuatro años de ejercicio. Son estas últimas las que debieran marcar el mensaje de un grupo- formación. La formación que solo tiene palabras en su mensaje, poco recorrido tiene o debiera tener.

No es el caso de EAJ, quien está desde la I Legislatura de esta democracia en el Congreso de los Diputados y Senado, batiéndose el cobre defendiendo nuestros intereses en cada ocasión posible. Transferencia a transferencia. Millón a millón. Acción a acción. Este es su mensaje. Estas son las palabras de su mensaje. Un mensaje que no debiera cambiar por la entrada en juego de un grupo que en una jornada de mero trámite acata la Constitución española por “imperativo legal” y al día siguiente se siente “muy agradecido” de estar con “su Majestad”.

Las solas palabras se las lleva el viento, no así las acciones realizadas, cuyas consecuencias perduran en el tiempo, de forma positiva o negativa, pero perduran.

Por eso jurar, prometer, acatar por imperativo legal, desde un convencimiento republicano, haciendo el pino o como le salga a uno de los… adentros, es lo de menos. Lo mayor vendrá después de ese mero trámite.

Lo verdaderamente importante no es jurar la Constitución española. Lo verdaderamente importante es jurar la Constitución española para así, poder, un día, jurar una Constitución vasca.

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