El retorno del cepillador y el embridador (y 2)

Ion Gaztañaga

Portada de ABC, 24 de Marzo de 1983: Benegas contra Garaicoechea. (…). El señor Benegas desenmascara al señor Garaicoechea para asegurar, como vasco, que el «enemigo no es Madrid, el enemigo está en casa». El PNV además se ha posicionado, según Txiki Benegas, contra la Constitución.

Decíamos en el anterior capítulo que Txiki Benegas había vuelto como «interlocutor», ahora que las relaciones con el PNV era vitales para la supervivencia de Zapatero al mismo tiempo que Benegas nos recordaba que era al Gobierno Vasco a quien le correspondía negociar cualquier transferencia. Lo más seguro es que sea porque el Gobierno Vasco actual comparte con Benegas la visión del Estatuto y de la Constitución que ya nos diera hace mucho años.

Para conocer esa visión lo más adecuado es rescatar la hemeroteca y leer un resumen de lo que en la serie «Historia de la transición: diez años que cambiaron España» (que publicó durante semanas el dominical de «Diario-16», años 83-84) escribió el entonces secretario general del PSE bajo el título «Ayer y hoy del Estatuto de Euskadi».

Ayer y hoy del Estatuto de Euskadi, José María Benegas, Secretario General del PSE-PSOE

(…) En aquel texto estatutario se cifraban las esperanzas de una nueva etapa para el País Vasco, y algunos ingenuamente pensamos que el Estatuto supondría la aceptación definitiva del marco constitucional por parte del PNV.

1.- Los postulados del PNV: (…) El diario «El País» de 11 de junio de 1978 abría sus páginas anunciando que «el PNV pacificará Euskadi si se aceptan sus puntos sobre las autonomías» (…): superior de justicia; (…) una Policia Autónoma; (…) gestionar la Seguridad Social; (…) asumir competencias que se reservan inicialmente al Estado (…); restauración de los conciertos económicos (…); inviolabilidad del Estatuto de Autonomía (…). Juzgue el lector si estas exigencias han sido colmadas o no.(…)

2.- El acuerdo y la aprobación del Estatuto: La negociación fue intrincada (…), sui géneris. Suárez (…) quiso protagonizar y dirigir personalmente la concertación con Garaikoechea (…). Suárez se percató de que el Estatuto del País Vasco no podía prosperar sin el apoyo del PSOE. (…) Felipe, en uno de sus habituales rasgos de generosidad política (…), me aconsejó que le cediéramos todo el protagonismo al PNV. «Es necesario -me dijo- que sientan el Estatuto como propio y su consecución como un triunfo suyo. Es la única forma de que acepten y acaten el ordenamiento constitucional». (…) A los pocos meses de aprobado el Estatuto habían de celebrarse las elecciones al Parlamento Vasco y se las estábamos brindando en bandeja a Garaikoechea.

(…) Se ha especulado sobre un «pacto estatutario con recovecos secretos». Suárez lo niega, pero los nacionalistas lo mantienen. (…). Tal y como se había planteado la negociación, (…) Suárez estaba contra las cuerdas. Al haber convertido a los nacionalistas en huéspedes de la Moncloa, el desacuerdo y la ruptura solamente podían perjudicar al presidente (…). Jurídicamente el texto estatutario es altamente deficiente. Por su propia ambigüedad son demasiadas las cuestiones que quedan al albur de las interpretaciones de cada cual. (…) Los nacionalistas, a la hora de interpretar las zonas de ambigüedad, siempre recurren al «espíritu del Estatuto». (…)

Pese a ello, el acuerdo alcanzado fue un respiro para todos y un gran avance de la democracia española(…). Arzallus decía el 21 de julio de 1979: «No es este nuestro Estatuto (…) porque es precisamente obra del trabajo colectivo, (…) y tiene, para mí tres notas: primera, que es el inicio de una nueva y diferente concepción del Estado; segunda, que supone la restauración por nuestra parte de la mejor tradición vasca (…) (nuestros mayores defendieron su derecho a través del diálogo y del pacto), y tercera, que supone una autonomía abierta, sin renuncia a los derechos que un pueblo posee… Deseamos que esta Euskadi (…) no sea precisamente una comunidad aislada en el privilegio, sino solidaria en una responsabilidad (…), y llegar a ser no un factor de desestabilización, sino un factor de estabilidad». Amén. (…)

3.- El error de Suárez: (…) Los nacionalistas rechazaron con virulencia la Constitución de 1978 y por tanto algo tan esencial en ella como la unidad de España. Sin embargo, aceptaron un Estatuto derivado de la propia Constitución (…). Los nacionalistas avanzaron un trecho con respecto a sus objetivos últimos, que ahora comienzan a desvelar sin tanto pudor ni recato. Por el contrario, Suárez no aprovechó la ocasión para embridar al nacionalismo vasco supeditando el acuerdo estatutario alcanzado a la aceptación pública y solemne por parte de los nacionalistas de la unidad de España y de la Constitución del Estado (…). Al Estatuto le faltó un documento «ad hoc» en el que, recogiéndose los anteriores principios, hubiera sido firmado por el presidente del Gobierno vasco y por su propio partido. Suárez dejó escapar aquella ocasión, que dudo que se vuelva a presentar en la historia futura.

4.- El principio del fracaso: Poco duraron aquel espíritu y aquella voluntad política. (…) El PNV abandonó el Parlamento por un motivo banal (…), adoptando así, una vez que habían conseguido el Estatuto, la actitud más beligerante que el nacionalismo vasco haya decidido durante la transición democrática (…) precisamente durante el año de mayor violencia terrorista (…). Circunstancias todas ellas que fueron aprovechadas el 23 de febrero de 1981 por sectores involucionistas de nuestro país con el ánimo desviado de truncar el proceso democrático español. A partir de aquella reprobable actitud se comenzó a desperdiciar la gran oportunidad histórica de haber logrado en torno al Estatuto y su desarrollo al menos tres objetivos básicos y fundamentales para el futuro del País Vasco.

En primer lugar,  unas relaciones civilizadas  con los diferentes Gobiernos del Estado, asumiendo el compromiso de someter las lógicas diferencias sobre el Estatuto y el proceso de transferencias al Tribunal Constitucional. En segundo término,  el haber mantenido el Estatuto como un proyecto común (…), generando el máximo de adhesiones (…) en torno a su desarrollo e interpretación hasta lograr la estabilidad política en el País Vasco. A partir de su negociaicón y aprobación (…), el PNV monopoliza el Estatuto, (…), se erige en el único intérprete legítimo del mismo y se comienza a aplicar en el País Vasco una política exclusiva y exluyente cuyo objetivo es imponer las señas de identidad del PNV al conjunto de la sociedad vasca. El  tercer gran objetivo debía haber sido el convertir aguel pacto suscrito por todos los partidos, menos por HB en el gran acuerdo contra la violencia y por la paz en el País Vasco. Nada de eso se ha hecho, sino todo lo contrario, y hemos avanzado poco en la solución de los verdaderos problemas que padece la sociedad vasca.

5.- El Estatuto como medio: ¿Medio para qué? (…) Ya lo dijo José Antonio de Aguirre: «El Estatuto no es nuestro programa, sino algo que, hallándolo en el camino, lo aprovechamos gustosos y decididos». La historia se repite (…) convertido en un «pobre Estatuto de mínimos» (…). ¿Un medio para qué? (…) La independencia como objetivo se camufla bajo fórmulas de «plena reintegración foral»; «Euskadi en la Europa de los pueblos» (…). Este es el juego poco claro y a mi juicio desleal con el Estado y con el propio pueblo vasco que viene desarrollando el PNV. (…) Y aquí reside también el error de quienes a la hora de analizar el problema vasco tienden a culpar al Gobierno de la nación de que el mismo no se resuelve, sin percatarse de que mientras el PNV no rectifique sus postulados últimos y acepte la unidad de España y la Constitución, o bien el PNV deje de ser el partido mayoritario de Euskadi, el problema vasco no tiene solución (…).

* * * * * *

En el artículo es especialmente interesante la tajante interpretación de Benegas sobre las capacidades de gestión garantizadas en el Estatuto, cuando afirma que tanto la Seguridad social como la «inviolabilidad» del Estatuto «están satisfechas», mientras que su propio compañero Jáuregui afirmaba años después, en el 91:

“No creo que lo de nacionalista sea un insulto para el PNV. Pero si quiere la confluencia con el PSE, tienen que asumir que determinadas reivindicaciones en esa línea no las podemos asumir nosotros. Un partido socialista no aceptará jamás la ruptura del sistema de caja única de la seguridad social ¡Jamás!. Yo admito que el PNV quiera aplicar la filosofía del Concierto a la Seguridad Social, pero tiene que sabe que yo no lo voy a admitir nunca” (Ramón Jauregui Atondo, en El Correo).

Pero la «inviolabilidad» que nos decía Benegas ni siquiera se libró de la negativa a transferir aquellas partes que reclamaban no la titularidad (por aquello de la caja única) sino la gestión, o aquellas cuestiones como las bonificaciones a la contratación empresarial que se deducen fuera de la caja única por las sentencias del propio TC.

Incluso cuando Benegas deduce como dogma indiscutible que haya que confiar el desarrollo del Estatuto y su interpretación al criterio del «imparcial» Constitucional, su compañero de partido Montilla ha calificado dicho tribunal como deslegitimado. Cuando la mayor obsesión de Benegas es la aceptación de la unidad de España por parte del PNV, como si ello fuera más importante que cualquier otra actuación de defensa de la libertad, recordamos las palabras de Alfonso Guerra en el anterior artículo, deduciendo que para el PSOE que el PNV admitiera la unidad de España sería ahondar la «legitimidad democrática», mientras que la apuesta por las constituciones vascas sería perderse en la «legitimidad histórica».

Benegas nos habla de un Suárez rehén, un Suárez que fue apartado por los poderes fácticos cuando consideraron que se había excedido en el desarrollo autonómico, y culpa en parte al PNV del golpe de Estado de los «sectores involucionistas». Lo que se le olvida contar es lo que nos indica Pujol, que Enrique Múgica Herzog había negociado un gobierno de concentración presidido por un militar, mientras que en el poder, el PSOE daba al aparato franquista que controlaba la maquinaria del Estado su continuación de la guerra sucia heredada de UCD.

El quid de lo dice Benegas, es que el problema vasco no tiene solución hasta que no se doblegue al PNV y renuncie al objetivo programático que se fijó en la asamblea de Elgoibar de 1908, la reintegración foral, el fin de la unidad constitucional impuesta a los vascos, el fin de la soberanía española sobre la voluntad vasca. Debe abrazar la unidad de España para poder tener «legitimidad democrática». De lo contrario, como dice el propio Benegas, el único camino es lograr que el PNV deje de ser el partido mayoritario, cueste lo que cueste. Y en ello siguen.

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17 comentarios en «El retorno del cepillador y el embridador (y 2)»

  1. Las pelikulas d Ganster siempre vuelven a la moda, xo lo k pasa es k no tenemos a Marlon Brando haciendo de Vito, sino a Txiki Benegas, el diputado + vago del hemiciklo (lider en absentismo laboral) k lo tiene muy klarito, hay k joder al nacionalismo.

    La obsesion nacionalista imperial d los sociatas es de aupa. Apaña, una, grande, rojigualda. Mientras los nacionalistas abogamos x konstruir euskadi kon todos los territorios k asi lo kieran, el nacionalismo imperial apañol dice: unidad x kojones.

  2. Ion:

    Planteas una cuestión peliaguda.

    1. El PSOE y la automía

    Dejó escrito Luciano Rincón (poco sospechoso de nacionalismo) que el PSOE no es que fuese un partido centralista, sino la esencia misma del centralismo. Por otro lado, no hay que olvidar que un sector del socialismo vasco aceptço a duras penas el Estatuto de 1936 (con Rufino Laiseca, un dirigente histórico y presidente de la Diputación de Bizkaia, entre los refractarios).
    Tras la muerte de Franco y al comienzo de la transición (junio de 1977), se constituyó en Gernika la Asamblea de Parlamentarios Vascos que debía redactar un Estatuto. No hay que olvidar que, en aquellos momentos, lo que hoy llamamos «constitucionalistas» eran mayoría. Se constituyó, además, un Consejo General Vasco (que no era ni estatutario ni constitucional) para cuya presidencia fue elegido Ramon Rubial. En este punto, cuatro cuestiones: una, la fuerza más votada fue el PNV; dos, el PSE no solo estaba en el Gobierno vasco (organismo que se había preservado a pesar de los intentos de Monzón y los milis en Chiberta), sino que tenía un pacto de «frente autonómico» con el PNV y ESEI. Tercera: que los españolistas cuando suman uno más que los nacionalistas vascos desplazan al lucero del alba. Cuarta: Que, como siempre, la baturrada pasa y permitió un presidente españolista (al margen de cualquier consideración de la figura de Rubial, que merece todo el respeto).
    La Asamblea de Parlamentarios Vascos aprobó un texto de Estatuto que fue llevado a Madrid por Juan Echevarria Gangoiti (de UCD). Ni que decir tiene que el texto fue «lijado» en parte significativas por Fernando Abril Martorell (UCD) y Alfonso Guerra (PSOE). Aún así, fue aprobado, convirtiéndose en una vía de adhesión a un sistema constitucional que el nacionalismo o o aceptaba, o rechazaba.
    Mientras tanto, se produjeron una serie de acontecimientos muy significativos: el PNV ganaba las elecciones municipales y forales, ocupando la alcaldia de las tres capitales de la CAPV y de otros lugares como Irún, Eibar,…Barakaldo, … También ganó las elecciones generales de 1979 lo que hizo que C. Garaikoetxea se convirtiese en presidente del CGV.
    Tras las primeras elecciones autonómicas, el PNV reafirmaba su primacía. En Cataluña, ocurrió algo parecido con CiU y Pujol (que no tenía nada que ver con el zascandil de Tareradellas). ¿Qué ocurrió?. Aprovechando la intentona golpista del 23-F (o que el Pisuerga pasa por Valladolid) encarca a una comisión de «expertos» (encabezada por un administrativista, que poco después fue procesado por evasión de capitales) un informe sobre las autonomías que desembocó en la LOAPA (Ley Orgánica del Armonización del Proceso Autonómico), apoyada por el PSOE y el PP que representaba la ruptura definitiva del pacto autonómico de 1979.
    Los socialistas descubirieron, además, la fórmula «gobernar desde la mayoría central». Es decir, cuando los vascos no les dan el poder, imponemos nuestro punto de vista (eso es la «ley de partidos», parte de lo que Felipe Gónzalez definió como «acuerdo electoral»).
    En 1982, el PSOE ganó las elecciones por mayoría absoluta y, bloqueando el traspaso de competencias, descubrió los efectos de «gobernar desde la mayoría central». Y así nos fue: una reconversión diseñada del criterios partidistas )o de puro clientelismo electoral), una negocación de ingreso en la entonces CEE que, en materia pesquera, arrasó el sector pesquero vasco. De esta forma y con una serie de maiobras (que sería prolijo explicar) coadyuvaron de forma decidida a la crisis interna que derivó en el proceso de escisión del PNV: 1983-1987.

    Continuará

  3. Bueno si es tal el descontento que teneis, si de verdad os sentis oprimidos, poR los Benegas etc, porque no PEDIS LA INDEPENDENTZIA.

    Claro a mutxos vascos razonables la palabra INDEPENDENTZIA asusta, por el abismo que se abre.Pero erl caso es minar, trtar de englobar mediaticamente todo los vasco, por el naCIONALISMO y oponerlo contra España.

    No si yo ya entiendo vuestra tactica, VAMOS A AIR EN CONTRA DE eSPAÑA, PERO NO A FONDO, NO NOS INTERESA, NOS QUEDAMOS SIN VOTOS, PERO VAMOS A ALIMENTAR LA confrontacion españa euskadi, NO NO VAMOS A DECIR QUE TODOS TENEMOS QUE TENER EL SITIO, el caso es arremeter contra todo los hispano,m y a los hispanos que viven en Euskalherria tratar de que voten nacionalismo.

    Ojo este dato es muy importante, que voten, asi NOSOTROS GOBEFRNAMOS,

  4. Los populares están que trinan con las exigencias del PNV. En la entrevista de hoy de Alonso en el Nodo Español, dice así:

    – El acercamiento de Zapatero al PNV en el Congreso, ¿en qué medida puede desestabilizar al Gobierno de López y al pacto vasco?

    – El objetivo del PNV es ése. No quiere negociar los Presupuestos con Zapatero para solucionar la crisis. Su único interés es debilitar a Patxi López. El precio que exige el PNV a Zapatero pone en peligro nuestro pacto con López y el cambio en Euskadi. El lehendakari debe blindar el acuerdo con el PP en el País Vasco frente a los órdagos del PNV. Si Zapatero aceptase el nuevo marco político que le piden los nacionalistas, estaría rompiendo el pacto en Euskadi, cuyo objetivo es garantizar la Constitución y el Estatuto.

  5. Y tal y como se hizo en la transición, hay que evitar cualquier «tentación» en Navarra. La entrevista a Miguelico I del Nodo Menor guipuzcoano es muy elocuente:

    http://www.diariovasco.com/v/20100719/politica/pacto-navarra-entre-constitucionalistas-20100719.html

    «El pacto en Navarra entre constitucionalistas es vital para que NaBai no gobierne»

    «Con los nacionalistas se puede hablar de cosas, pero no negociar para formar gobierno», asegura el presidente de Navarra

  6. Pero Arranotxu pero es que te mueves en un maximalismo que no me parece lógico. Yo es que me gustaría saber que opinión te merece la sentencia del TC sobre el estatut y si eso no te parece una pasada.
    Los Benegas y otras especies de sociata (entre ellos Felipe Gónzalez, el señor GAL) son especialistas en formular cuestiones de principio que luego se pasan por el arco del triunfo en menos que canta un gallo.
    Yo de veras te digo que pienso que hay que dar soluciones y no caer en la soflama que es lo que tu propones. La independencia ya vendrá por que ya veo que los españolísimos no cejan.

  7. Arrano, vas d aguila xo al final t kedas en pinguino, osea, sin poder volar. Lo k dice Benegas es muy grave, dice k hay k hacer lo k sea xa k el PNV acepte la unidad d españa.

    Xo es k CiU vota a favor d la Konstitucion y d la unidad d Apaña y ya se ha visto lo k le han hecho al Estatut.

    Lo k kiere decir k kon los sociatas no vale ni el kobrador del frak, xk xa eso hay k tener verguenza y a los sociatas les puede seguir 1 docena d kobradores vestidos d trogloditas, k komo les resbala todo t dicen k son del sindikato de la ceja y se kedan tan panchos sin pagar 1 duro. Pago x adelantado y en metaliko, a lo jetas ni fiarles, ni tarjeta, ni cheke ni prestamo.

  8. 2. La división del nacionalismo

    En 1982 se produjo lo que Mario Onaindia -muy ocurrente en estos casos- definió como rebelión de los maketos (es decir la victoria de Felipe en las generales). Victoria importante en Euskadi que no logró, sin embargo, desplazar al nacionalismo. En PNV volvió a ganar las elecciones de 1983 y las autonómicas de 1984 (estuvo al borde de la mayoría absoluta con presencia en los comicios de todas las fuerzas políticas: esto para el que se pasa el día hablando de «caladeros de votos»).
    La escisión (que no fue ideológica) trajo como consecuencia la ocupación del poder por parte del PSOE y de HB, situación que se mantiene hasta nuestros días.
    Hoy vivimos otro tipo de escisión: los que dice que hay gente que votaría a H1 y no al PNV y viceversa, ¿por qué?
    La escisión, por otro lado, debilitó el proceso autonómico y, durante años (y hasta hoy) vivimos en mercadeo de competencias que «son de todos».

    3. La interpretación del Estatuto

    Desués de muchos tiras y aflojas (no se si se dice asi) se pactó una interpretación del texto estatutario. Con lo que se desmienten las tesis del artículo de Benegas.

    Es cierto, que está lo de la «caja única». Pero, vayamos por partes. Es cierto que hay una resolución del TC sobre este asunto, pero está basado en una «transitoria» de la Constitución. Y aún así, estamos ante un auténtico mito: la caja única no se aplica en todos los casos: no se aplica a los políticos, al ejército, a las policías,…

    4. Benegas hoy

    Benegas hoy es un político de vuelta. Claramente enfrentado a Patxi (como ocurre con muchos en el PSE, por ejemplo, Mikel Cabieces), sabe que, de producirse un adelanto electoral, con una situación complicada en Cataluña y Andalucía, y seguramente en Cantabria, puede paserse en la oposición décadas.
    Por otro lado, si lograse un acuerdo con el PNV, su papel en el PSOE ganaría muchos enteros,… Los principios siempre se pueden aparcar (Txiki siempre lo ha hecho).

  9. «Lo k kiere decir k kon los sociatas no vale ni el kobrador del frak, xk xa eso hay k tener verguenza y a los sociatas les puede seguir 1 docena d kobradores vestidos d trogloditas, k komo les resbala todo t dicen k son del sindikato de la ceja y se kedan tan panchos sin pagar 1 duro. Pago x adelantado y en metaliko, a lo jetas ni fiarles, ni tarjeta, ni cheke ni prestamo»

    ¿Será éste el eusquera que Antonio Burgos califica como castalleno con faltas de ortografía?

    Sin duda tanta kk cerca no puede ser saludable…..

  10. No es kastellano en estilo edukacion apañola, esos k sakan peor nota en kastellano k los vaskos.

    K gran artikulo el del ABC, komo se nota k son gente de bien. X cierto, kuando hablas de «kk», a k t refieres, a los sociatas morosos?

  11. Ya Merry e Igomerndi, concubinos apestados de odio hacia la democracia e ineptos de entender las diferencias, campeones del fascimo igualitario.

    Sois una peste, es que a vosotros dos ni los holandeses os aceptan como holigang, aunque esteis en contra de la seleccion, contaminais este blog de porquería antidemocratica, y a vosoptros los catalanes os da igual, lo que pasa es que quereis bronca, pero no la vais a tener, EL PUEBLO ES MAS LISTO QUE VOSOTROS, RETROGRADOS PREDEMOCARTICOS.

  12. montesube, tu no eres un pinguino, eres un carroñero politico, a ver cuando llegas al monte, porque tanto subir.

  13. Arrano, el placer esta en subir, despues d hacer kumbre solo keda bajar. Subo y subo y dejo atras los pinguinos, los arranos y hasta las latxas. Aupa, k pueds pasar d pinguino a txantxangorri.

  14. El rostro de granito del «embridador» vuelve a escena después de presentar las enmiendas a las propuestas del PNV que Aitor Esteban ha dicho que son «decepcionantes»:

    «En aras de la estabilidad parlamentaria, los socialistas hacemos un ejercicio de acercamiento al PNV, y mostramos nuestra disposición a alcanzar espacios de encuentro en once de sus 15 resoluciones». Así de explícito fue ayer el diputado y coordinador de los parlamentarios vascos socialistas en el Congreso, Txiki Benegas, al pormenorizar los textos que el grupo socialista está dispuesto a aceptar.

    Benegas es «txiki» de nombre, pero en realidad es un Gran caradura.

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