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111 años del Centro Vasco, 111 años de Centralidad Jeltzale


Iñigo Lizari, Ion Gaztañaga

(Sabino Arana y Ramón De La Sota)

En el PNV es frecuente hablar del 31 de Julio de 1895, como la fecha de su fundación. Sin embargo, no debemos olvidarmos fácilmente del 23 de abril de 1899, cuando se inaugura el Centro Vasco en la calle Bidebarrieta de Bilbao. Su primer presidente fue Emiliano de Arriaga y lo destacable de la fundación de esta sociedad no es sólo que en la misma confluyeran antiguos miembros de Euskeldun Batzokija y de la sociedad Alkartasuna (entidad esta última que se autodisolvió una semana antes de la fundación del Centro Vasco) sino también el dato de interés que dicen que en la misma confluyeron gentes de gran prestigio de la sociedad Euskalerria, presidida por Ramón de la Sota, que  aportó un sentido pragmático de la acción política y una gran solidez económica al PNV, participando económicamente en “El Correo Vasco” con el 20,4 % del capital, formando su ejecutiva junto con Sabino Arana.

Recurrimos a menudo a explicar el PNV desde la raíz Aranista que, partiendo de un  tradicionalismo vasco en lo jurídico y religioso que supo superar a un Carlismo anquilosado y al servicio de una causa extranjera, introdujo un nuevo paradigma proveniente de los nacionalismos culturalistas europeos. Y sin embargo nos olvidamos de la otra raíz fundacional fundamental como la del “Fuerismo Liberal”, gracias a la cual el PNV se ha abierto a una vocación que constituye su otro hecho diferencia, su “carácter institucional”. Haríamos en consecuencia, un flaco favor a la causa si nos olvidáramos y no reivindicáramos la herencia fuerista liberal como parte co-sustancial del nacionalismo vasco.

Porque es esencial reinvindicar la base de la unión aranista y fuerista, esa realidad tan estructural y tan centenariamente propia como las Lagi Zarrak, Constituciones Vascas como los denominaba el Lehendakari Agirre,  y su  posibilidad y conveniencia de actualización. José Antonio Agirre, un nacionalista que luchó con todas sus fuerzas para lograr la reunificación jeltzale en torno a JEL, apostó y se afanó por el ambicioso Estatuto de 1931, el monumental Estatuto General del Estado Vasco, que no pudo ser. Pero en su empeñó promovió uno nuevo en 1933, el refrendado, que tampoco resultó del todo. No claudicó y siguió afanándose, consiguiéndo el de 1936, que era competencialmente menos que el de 1933 y qué decir con el de 1931, pero se había puesto, esta vez sí, un mojón inamovible: con el Estatuto del 1936, si bien motivado por las circunstancias y bajo no pocas críticas internas, Euzkadi fue por fín una realidad politica. Y Euzkadi, por las circunstancias bélicas, acabó conformándose de-facto, mucho más allá de las competencias teóricas, en un auténtico Estado con su propio ejercito, Euzko Gudarostea, hecho que marcó y afianzó para siempre el proyecto nacional vasco. Porque el pragmatismo siempre avanza, porque el pragmatismo siempre consigue. Agirre fue sin duda un conseguidor, porque nunca renunció a sus ideales del constitucionalismo vasco mientras que en su pragmatismo siempre tuvo un plan B para avanzar en la buena dirección.

Pero volviendo a 1899, conviene subrayar que el PNV que conocemos es fruto de este matrimonio. Sabino como padre del nacionalismo puso la semilla y su genio impulsor y agitador, mientras la madre del fuerismo liberal lo amamantó con medios económicos, le permitió ampliar redes sociales, hacerse creíble y pujante, hacerse urbano y atractivo y hacer posible muchos anhelos aunque no satisficieran del todo nuestras legítimas ansias. Pues este pragmatismo  dinámico y progresivo de Sota y Arana, nunca exento de compromiso, jamás nos dejos tirados por una apuesta por el todo o nada.

Creemos que no es aceptable que existan complejos para reconocer la gigantesca labor Aranista, tan demagógicamente atacada hoy por los herederos de un racismo pro-esclavista canovista o por los herederos del revolucionarismo amamantado en la dictadura primoriverista. Tampoco creemos que es aceptable que existan complejos para reconocer a un gigante del emprendizaje empresarial y un gigante del compromiso político, tanto a nivel nacional (cuando puso su  fortuna al servicio de la causa vasca y la incautación de sus bienes a su familia después de su muerte por los fascistas), como a nivel internacional (con su apuesta por Inglaterra en la I Guerra mundial, de donde recibió su título) como Sir Ramón de la Sota. Pensamos que la falta de reconocimiento nos puede estar limitando y nos puede alejar de un sector empresarial con el que hemos estado tan bien conectados.

El 23 de Abril de 1899, y visto la suerte que por represión política sufrió Euskaldun Batzokija, se  inauguró el “Centro Vasco” como una sociedad católica y vasca, “prohibiéndose” toda cuestión política. En un año llegaría a tener más de mil afiliados. Sabino con la necesaria e imprescindible ayuda de Ramón de la Sota funda en Junio el periódico “El Correo Vasco” que es clausurado por orden gubernativa en Septiembre. ¿Cuantas iniciativas fueron cuartadas, y cuantas veces nos volvimos a levantar? Cierres de periodicos, cierres de  sedes, detenciones e incautaciones de bienes. Prohibición de actividad política con Primo de Rivera para esta gente nacionalista, no así para el Partido Socialista (PSOE y UGT) que protegidos por la dictadura crecieron como nunca.

En tan malas circunstancias, siempre se pensó en darle la vuelta, buscar una salida, sortear las limitaciones legales, y sobre todo se apostó por acercarnos cada vez a más gente, para ganar en centralidad, para constituirse en referencia de muchos diferentes unidos por el anhelo de la libertad arrebatada por la ilegal abolición de nuestras leyes.

Nunca, desde Sabino hasta hoy, se apostó por una respuesta armada. Desde el principio, a pesar de la cárcel y la persecución. Nunca, nunca se tomo el camino del terrorismo. Debemos hacer memoria de esto y recordar el hito que marcó la creación del Centro Vasco en 1899, el embrión de un pueblo en marcha donde caminaban desde grandes empresarios hasta los más humildes baserritarras y arrantzales, un partido interclasista, humanista y pragmático que sin renunciar a sus ideales de libertad, debe caminar firme en su compromiso ético y político.

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