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El polo se mueve

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Imanol Lizarralde

Los papeles y documentos recientes del MLNV demuestran la importancia del papel adjudicado a Eusko Alkartasuna dentro de la planificación de su estrategia. Este partido estuvo a punto de cerrar ya en el 2008 un acuerdo de coalición antes de las últimas autonómicas con Batasuna, cosa que no ocurrió por producirse el asesinato de Inaxio Uria. Y tal coalición era otra de las posibilidades barajadas por el Bateragune para las últimas elecciones europeas.

Son remarcables, desde esta perspectiva, dos escritos con argumentos muy parecidos, que constituyen un autodenominado “programa para la articulación del independentismo de izquierdas” llamado “Ezker Soberanista Eraikitzen” (“Construyendo la Izquierda Soberanista”), avalados por Pedromari Olaeta, Eva Bidania y Koldo Nabaskues. El primero de los firmantes es un antiguo candidato de la lista ilegalizada Aukera Guztiak y los otros dos son militantes de EA.

El primero de los escritos (27-11-09), plantea de forma clara que “este programa se dirige a la militancia de Eusko Alkartasuna, a sus simpatizantes y, en general, a toda persona que desde posiciones progresistas tengan deseo de colaborar en un proceso soberanista civil”. Se percibe de forma nítida que es este sector, el de los militantes, el de los antiguos y actuales votantes de EA, al que pretenden atraer con ese programa. Antaño contemplamos en la formalización de una política de alianzas que EA amagaba pero no concretaba. Estos escritos parecen un paso adelante en el camino de la concreción. Pero EA no es el único elemento político que cuenta en esta concepción:

“creemos que existe un sector social progresista de izquierdas y soberanista muy amplio en Euskal Herria. Dicho espacio puede aspirar a ser la fuerza política mayoritaria del País y la corriente sociopolítica decisiva”.

Ese espacio “soberanista” y de “izquierdas” no es otro que el “polo soberanista” que el MLNV pretende formar con la colaboración de EA y otras fuerzas políticas y sociales. En este caso, tal “polo” tiene una perspectiva medio plazo, “tiene una primera fase de dos años con tres hitos electorales: las elecciones cantorales en Ipar Euskal Herria, las forales y las municipales de Hegoalde de 2011 y el posible referéndum escocés de 2010”. Dice el “programa”: “quisiéramos intentar que ese espacio tuviera una expresión común lo antes posible”. Igual que en 2008 y en 2009, el horizonte de unas próximas elecciones podía servir de elemento catalizador de una nueva oferta electoral, en la que tomaría parte EA o de la que podría convertirse en su cara visible, habida cuenta de la situación de ilegalidad de Batasuna.

Caeríamos en un error si redujéramos las consecuencias de esta operación a la mera aritmética electoral. Según este programa dirigido a los militantes de EA, el polo constituiría lo que en el viejo lenguaje marxista se denomina como un “frente unido”, sumando el MLNV y más que el MLNV, ya que el sector “abarca el electorado de la EH de 1998 más la Eusko Alkartasuna actual, la mayoría sindical y la casi totalidad del movimiento social “contestatario”. Todo esto posee un hondo significado ideológico y político. El programa pretende hacer visualizar una nueva mayoría. Pero esa mayoría, según el segundo escrito (9-12-09), constituye:

“un lugar donde permanece activa la reivindicación antisistémica, porque un abertzale no puede ser sino rebelde ante la ocupación de su territorio por parte de los Estados español y francés, y porque una persona de izquierdas no puede sino oponerse al sistema de producción, vida, desigualdad y destrucción que han impuesto las mayorías institucionales”.

El escrito omite el hecho cierto y probado que hasta hace dos días Eusko Alkartasuna ha formado parte de “las mayorías institucionales” que han impuesto ese “sistema” tan pretendidamente injusto. Pero lo más llamativo es que EA asuma, por la vía de los dos militantes firmantes, la concepción tradicional del MLNV de oposición a todo el “sistema”, político y económico, que reina en Europa Occidental en el ámbito del “sistema de producción, vida” etc. Eusko Alkartasuna, según el programa, tiene que configurarse dentro de una alianza “antisistema” con “reivindicación antisistémica” ya que, según el escrito, hay que “aspirar a nuevas mayorías institucionales (…) sin ser devorada por el sistema”. Y según el segundo escrito, EA tiene que formar parte de “un modelo alternativo de sociedad, de producción y consumo”. ¿Desde cuando quiere EA cambiar el “modelo de producción”? ¿Cuál es el que va a proponer?

El escrito reproduce de forma levemente modificada la concepción que aparecía en el texto de debate de Batasuna acerca de la llegada de un nuevo ciclo:

“Se ha agotado un gran ciclo político en Hego Euskal Herria, el nacido de la que llamaron transición (…) definido por el agotamiento de dos modelos: el autonomismo-pactismo; el enfrentamiento armado. En el primer caso, con el fin del liderazgo del PNV del llamado nacionalismo institucional; en el segundo caso con el del liderazgo de ETA como fuerza antisistémica”.

Es necesario que contrastemos en la práctica la dimensión de una declaración de semejante calado. Lo cierto es que el marco autonómico no se hunde ni desaparece en el espacio por el hecho de declarar su “agotamiento”; y ETA no deja ni dejará de actuar por proclamar el “agotamiento” del ciclo del “enfrentamiento armado”. Lo cierto es que el MLNV establece una relación directa entre un hecho y el otro. En la medida en la que el marco vigente se vea agotado ETA modulará la lucha armada en consecuencia. Y ETA, desde 2003, ha cedido el protagonismo político y de cara a la galería el liderazgo a Batasuna. Como decía su documento de diciembre de 2008, cuando una mayoría suficiente, la del polo soberanista, se lo pida, ETA declarará un alto el fuego y se unirá a las organizaciones de la “izquierda soberanista”, haciendo suyas sus reivindicaciones.

Y es que la crítica del “programa de la izquierda soberanista” a ETA no es una crítica ética: “ETA no tiene capacidad de crear contradicciones antisistémicas, muy al contrario, cada acción armada afianza la posición del régimen neototalitario de Madrid”. Este tipo de crítica es análoga a la que hacían los maoístas franceses a las organizaciones terroristas surgidas a raíz del mayo del 68: que su acción no tenía la fuerza suficiente (“no tiene capacidad de crear contradicciones antisistémicas”) y que por tanto reforzaba la reacción del Estado. ¿Y si ETA tuviera capacidad para crear contradicciones antisistémicas, como lo ha demostrado más de una vez? ¿Su acción sería correcta en ese caso? EA entra de pleno en el discurso de aquellos militantes del MLNV que estando en contra de la lucha armada de ETA plantean que, pese a todo, la raíz del problema y la responsabilidad del mismo descansa en el Estado español.

El “programa de izquierda soberanista” encaja de pleno en el esquema del texto de Batasuna de ir sustituyendo la “confrontación armada” por una “confrontación civil”. Aquí volveríamos al tema del tutelaje de ETA, pues sería la propia organización armada la que decidiría en que medida modularía su acción, en función de los réditos de la “confrontación civil” impulsada por la “izquierda soberanista”.

Es evidente la necesidad que tiene el MLNV de sacar a la calle una marca electoral para las elecciones municipales del 2011. Es evidente que el MLNV está dispuesto a hacer concesiones en el discurso e incluso críticas a ETA para que tal cosa ocurra. Pero no es una victoria menor apuntar a EA al carro de su propia reescritura de la historia, en la cual no cabe la menor valoración positiva acerca del marco autonómico, negando su propia trayectoria como partido institucional. La oposición que hace el “programa” entre independentismo y autonomismo y entre izquierda y derecha nacionalista, con modelos incompatibles tanto en lo político como en lo social, convierte al nacionalismo institucional representado por PNV y H1! en el enemigo a batir por parte de la “izquierda soberanista”.

Pero el mayor de los logros, para el MLNV, se da en el terreno de los valores éticos. En ningún momento expresan los documentos una adhesión a la ética humanista como previa a cualquier proyecto político, como lo ha hecho EA en sus declaraciones programáticas. Esa es la raíz del antagonismo entre la “izquierda soberanista” y el nacionalismo histórico e institucional: la adhesión de este último a los valores humanos, de la defensa de la dignidad de la vida humana, por encima de cualquier tipo de proyecto político. La cesión de EA en este terreno es de lamentar y constituye una ruptura con la raíz ética de su fundación.

En definitiva, el “programa de izquierda soberanista” es totalmente compatible con la simultánea acción de ETA. Y es un elemento coadyuvante en cuanto a la necesidad, expresada de las más diversas formas, de confrontación civil en contra del sistema por parte de la “izquierda soberanista”. Las caras sonrientes de los líderes de EA y de Aralar con los de Batasuna en la manifestación del pasado sábado nos muestran, esta vez en la práctica, que el polo soberanista se está moviendo.

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