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ETA, Argi y Gaueko (y 3): Iniziatiba, Otegi y el polo

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Imanol Lizarralde

Los anuncios de Otegi de hace un par de semanas de que en Otoño se puede producir el “despegue” del polo soberanista no son hechos aislados de la entrevista a ETA, como tampoco lo son sus palabras de anteayer después del resultado electoral de que “Los datos dejan de manifiesto que no puede haber solución democrática sin contar con la izquierda abertzale”. Y es que los intentos de algunos para intentar liderar ese polo con la afirmación de que con ello no se ponen en cuestión los radicales principios democráticos fundacionales de su partido no parecen confirmarse en las declaraciones de Argi y Gaueko.

El tema estrella tanto de Otegi, Iniziatiba y la entrevista de ETA lo constituye el anuncio de una nueva negociación. En este ámbito, Argi y Gaueko mostraban una seguridad total. Dice Argi: “si nos preguntas si damos por abierta la posibilidad del diálogo y la negociación, la respuesta es inevitablemente positiva: antes y después vendrán el diálogo y la negociación”.

Es normal que la organización armada está tan segura sabiendo que los estrategas socialistas andan con las cábalas de la división de ETA, entre los que quieren seguir y los que lo quieren dejar. Y por tanto dan también por segura la próxima negociación con ETA. Otegi, después de estas elecciones europeas lo ha repetido muy claramente: los votos se van a usar “para dar pasos y seguir adelante en favor de un escenario democrático para Euskal Herria” e “implicar a agentes europeos en un nuevo proceso de negociación y diálogo”.

Si en la entrevista ETA habla principalmente de cara al Estado, Otegi cumple su papel para con el polo: “En otoño empezaremos a caminar en esa dirección, comenzaremos a construir ese bloque, probablemente con muchas contradicciones, no con satisfacción de todas las partes, muy despacio, pero responde a una necesidad política”.

Quizás algunos de los que caminan inexorablemente hacia el polo no hayan terminado de entender completamente lo que serán las expresiones concretas de lo que Otegi llama en abstracto “contradicciones”, pero esto tampoco parece importarle a Otegi pues el liderazgo lo van a detentar quien sí lo entiende y no el que pretenda sustituirle: “decían que la nueva izquierda abertzale había nacido en el país y que lograrían desbancarnos. Pues bien, el pueblo de Euskal Herria ha hablado y hemos conseguido triplicar en votos a quienes nos querían sustituir”.

Un liderazgo catalizador de las condiciones para poner en marcha un nuevo proceso que ya tiene referente. La optimista Argi afirmaba en la entrevista que fue el último proceso de paz el que consiguió entre todos los máximos beneficios: “No ponemos en duda lo que hemos conseguido a lo largo del proceso. Hasta ahora, no habíamos llegado a un desarrollo tan alto de un proceso”. Es normal este optimismo pues ETA visualizó en las conversaciones de Loiola que el Gobierno Socialista estaba dispuesto a hacer importantes concesiones políticas a cambio del cese de la lucha armada. La voluntad de los socialistas de plantear estas concesiones, es uno de los datos más esperanzadores para ETA, pues demuestra que los socialistas piensan que ETA lucha por unas reivindicaciones políticas y que podrá saciarse con ellas.

Las reivindicaciones políticas son la base del programa táctico del MLNV pero como siempre estas no están hechas para concretarse, tal y como sucedió en Argel, Lizarra o Loiola. ETA no puede dejar las armas y ceder su representación a albur de algún parlamento autonómico, por mucho que constara de cuatro provincias y tuviera muchas competencias o incluso se estableciera en función del principio un hipotético derecho a decidir.

La negociación es considerada por ETA como un arma de lucha, consolidada en tres procesos de paz que le han servido para reorganizarse y recomenzar la batalla sobre nuevas bases. Una reoganización que en la situación actual del frente militar, de la ilegalización y del ahogo económico, puede ser muy propicia. Dice Gaueko:

“La negociación es una fase de la lucha. Y a su vez es la culminación de una fase de lucha previa. Nos encontramos en el tiempo de la confrontación abierta traída por parte de la ofensiva política y represiva del Estado”.

Aquí ETA nos describe perfectamente el esquema acción/negociación/acción, en el cual la negociación es una “fase de la lucha”, donde la negociación viene precedida por una fase de “confrontación abierta”. Este es también el esquema de Oldartzen y de la socialización del sufrimiento. Es decir: hay que meter presión en la olla para llegar fuertes a la mesa negociadora. Y eso significa seguir matando a responsables políticos ya que a continuación dice ETA que, frente a la ofensiva del Estado, “tenemos que llevar a la piel de los responsables políticos la urgencia del camino de la resolución del conflicto”.

Una urgencia que transmitirá ETA con sus acciones y Otegi con sus buenas palabras e intenciones. Y además nos propone un proceso largo, de infinitos escalones:

“De la puesta en común de aquellos que aceptamos los derechos democráticos para Euskal Herria no surgiría un proceso democrático. Podríamos abrir un proceso de empujar y presionar en esa dirección, pero no sería un proceso democrático (…) Eso sería el punto de partida de un proceso democrático”.

ETA, en este sentido, promete a los futuros aliados políticos del MLNV, los amantes del polo, un viaje en el cual el llamado “polo soberanista” o frente virtual de partidos independentistas, no conformaría un proceso democrático y, por tanto, no conseguiría que ETA dejase de matar. ETA seguiría matando mientras la unidad de los que, según ETA, aceptan “los derechos democráticos” no es más que una fase previa a la negociación, es decir, una fase de confrontación abierta, en la que el polo soberanista haría de comparsa política de la ofensiva armada de ETA, que es lo que también nos promete la organización armada. Algo que por otra parte, conocemos bien desde la etapa de unidad sindical previa a Lizarra en plena ofensiva armada.

ETA se siente políticamente fuerte: “Desde que en el 2002 se toma la decisión de ilegalizar a la izquierda abertzale, el objetivo era debilitar y vaciar a la izquierda abertzale, pero aunque ha condicionado a la izquierda abertzale, vemos que se han emborrachado en los cálculo (…) Los 100.000 votos (..) son algo tremendo. Y el enemigo ha visto eso a la perfección”.

La organización armada quiere recordar sin duda que fue la fuerza electoral del MLNV en elecciones pasadas la que hizo que Zapatero apostase por el proceso de paz. Esas fuerzas, mal que le pesen a Zapatero o a Rajoy permanecen fuertes pese a las ilegalizaciones y las represiones, como hemos podido comprobar en las últimas elecciones europeas con el apoyo que ha recibido Iniciativa Internacionalista. Fuerzas electorales que son un aval para que ETA pueda seguir adelante en su frente de lucha.

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