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La centralidad como discurso. La Batasunización del Nacionalismo Vasco

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Iban Ugarte

Hay que hacer autocrítica. El nacionalismo baja. Y baja porque no somos capaces de articular un discurso que llegue a la sociedad. Sobre todo a las capas más jóvenes. Hoy no vale escudarse detrás del asesinato del viernes o detrás de la barata justificación de que eran unas generales que históricamente se le han dado mejor a los partidos estatales. El nacionalismo vasco se ha llevado un golpe. Un golpe importante. Del que sin duda nos recuperaremos, pero no sin antes hacer un ejercicio de autocrítica importante.

Ese ejercicio de autocrítica consiste fundamentalmente en no hacer como si nada hubiera pasado. Hay que hacer un análisis de mercado para ver que necesita la sociedad y que demanda, sobre todo, la gente joven.

La inmensa mayoría del país nos dirá que si que Euskadi tiene derecho a decidir su futuro. Pero esa misma mayoría nos dirá que no pierde el sueño por ello. No solo hay que pedir o reclamar la independencia. Debemos preparar al país para ella. Hay que articular un nuevo discurso que aglutine al nacionalismo democrático. Un discurso que prepare al país para la independencia sin aburrir con exigencias maximalistas. Tenemos que impulsar la construcción nacional, pero eso no se hace en foros con Batasuna -y ahora menos que nunca-. La nación se construye mejorando la sanidad pública, ventilándonos el fracaso escolar, bajando el paro a límites de paro técnico, mejorando las infraestructuras, etc. La construcción nacional viene al fin y al cabo, rodada, cuando nos dedicamos a construir nación.

Históricamente, en Euskadi siempre ha calado el discurso más central. No más centrista. Más centrado. No olvidemos aquella jornada mágica para nuestro nacionalismo cuando EA-PNV sacamos mas de 600.000 votos. Entonces, el discurso radical era el de Mayor y Redondo. Ibarretxe era el discurso centralista. Cuando hemos empezado a sufrir la batasunización del nacionalismo, con exigencias maximalistas, con llamadas a la desobediencia civil que nadie ajustaba a medidas concretas, con confrontaciones democráticas mal entendidas, es cuando el nacionalismo vasco ha empezado el paulatino adelgazamiento de sus gentes.Por lo tanto, como medidas correctora de lo que estamos haciendo mal, o no estamos haciendo bien.

1.- Por un lado autocrítica. Es mas necesario que nunca evitar la tentación de hacer “la del avestruz”. Hay que tener la cabeza bien alta. No como signo de dignidad o de prepotencia. No. Sino para ver mejor. Para ver mas lejos. Para analizar lo que la sociedad nos está exigiendo.

2.- Debemos articular un discurso que además de exigir la independencia prepare al país para ella. Un discurso que sea capaz de crear la bases solidas en las que deberemos fundamentar nuestra independencia. Un discurso moderno que adapte el nacionalismo a lo que la sociedad entiende como nacionalismo. No nos podemos permitir convertirnos en Asterix el Galo. Que por ser el mas puro de los galos acabo en una aldea. La más irreductible, pero una aldea.

3.- Debemos prepararnos, los jóvenes, para construir nación. Para tener un país cohesionado. Con un tejido empresarial saneado y unas relaciones laborales justa y estables. Un país en el que de gusto vivir. Y que los ciudadanos sientan como suyo.

Y hoy más que nunca, GORA EUSKADI ASKATUTA!!!

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