La hegemonia en juego: hacia un nuevo frente politico vasco

Jon de Urbia

La prospección política conlleva la generación razonada de distintos escenarios. La visión y misión de este artículo pretende alertar sobre las tendencias que están marcando la actual política vasca.

Los valores desde los que se formula este análisis se circunscriben al ámbito de la cultura sociopolítica y geopolítica, humanista, europeísta y socialcristiana que ha inspirado al movimiento democrático nacional vasco desde sus inicios.

Existe una enorme incertidumbre en torno a la lucha por la hegemonía política vasca. Y también numerosos síntomas de que esta lucha está funcionando, durante los últimos años, a rebufo de la política española, mirándose en su espejo, con evidente perjuicio para la propia dinámica política vasca.

La polarización de la política española y la más que probable victoria de las fuerzas de la derecha en la primavera-verano de 2027, como respuesta a la deriva hacia una extrema izquierda frente-populista, y anti europeista , hacen previsible la generación de un movimiento de mímesis que, en Euskadi, podría cristalizar bajo la dirección del MLNV en la configuración de un nuevo frente antifascista.

Era predecible, en este contexto, la generación de la excusa necesaria que pudiera ahora sí, arrastrar a EAJ-PNV a un nuevo Pacto de San Sebastián, aquel en el que no entró hace casi cien años.

El precedente catalán

Por otra parte, el gran éxito del procés catalán, en lo que supuso de victoria popular frente a la burguesía catalana embarcada en el mismo, constituiría sin duda un modelo susceptible de ser repetido, una década más tarde, en Euzkadi y bajo premisas diferentes.

Para la mayoría, el procés se trataba de un proceso de acumulación de fuerzas nacionalistas en Cataluña para el ejercicio del derecho a decidir.

Para muchos de los actores políticos implicados, sin embargo, el procés tenía una lógica que trascendía las aspiraciones nacionalistas del pueblo catalán.

Para estos últimos, el procés era también el mecanismo para deshacerse de la burguesía catalana organizada políticamente —CiU—, hacerla liderar el proceso y conducirla al enfrentamiento con la legalidad constitucional española.

La operación implicaba un arma en una doble dirección. No solamente acabar con CiU, sino también horadar la legitimidad política de la España constitucional que, al mantenerse inflexible, quedaba convertida en un ordenamiento jurídico incapaz de resolver el conflicto.

En Cataluña, el procés culminó. Y lo hizo con un éxito rotundo.

La hipótesis vasca

Este mismo proceso podría producirse en clave vasca, aunque ahora con características diferentes.

Se trataría de conformar una mayoría social en todos los territorios vascos de Euzkadi Sur, incluida Nafarroa, entre PNV, PSE-PSN y Bildu.

La forma sería ahora distinta: la conformación de un frente plurinacional y antifascista ante un previsible Gobierno PP-Vox.

Este frente no tendría, como en el caso catalán, el objetivo inmediato de hacer desaparecer al PNV de manera abrupta. La operación consistiría en situarlo en el eje de una mayoría progresista y favorable a la plurinacionalidad del Estado, sometiéndolo a una dinámica que favorecería los intereses de Bildu.

De este modo, Bildu podría ir sustituyendo gradualmente al PNV como fuerza hegemónica, precisamente desde el interior de ese frente antifascista y plurinacional.

El procés catalán y el hipotético frente antifascista vasco tendrían, como mínimo común denominador, la conformación de una mayoría en el Estado favorable a una III República española que pusiera fin al régimen del 78.

El programa mínimo para esa acumulación futura de fuerzas sería la reivindicación del derecho a decidir en España; es decir, un referéndum sobre monarquía o república.

El abrazo que puede convertirse en estrategia

Con ello, el temor al acuerdo firmado y sin fecha entre el PSOE y EH Bildu podría verse dulcificado mediante la inclusión coyuntural y limitada de EAJ-PNV.

De esta manera, EAJ podría intentar vender la piel del oso que le ofrece el abrazo.

El PNV precisaría, sin duda, de un maquillaje de tanatorio para su previsible derrota, generada, por otra parte, por sus propios errores y complejos de las últimas décadas.

En definitiva, por su incomparecencia ideológica en un teatro de operaciones absolutamente condicionado por el control mediático y por el control efectivo de unos agentes sociales antisistema.

Agentes sociales implacables durante décadas en la identificación de estos mecanismos, perfeccionando e incluso, actualizando la visión de Karl Marx sobre el «opio del pueblo»…al que la vieja religión dio paso .

Hoy el nuevo «Opio del pueblo» no es otro que «El estado de bienestar», en términos del materialismo dialéctico, el auténtico obstáculo para la revolución .

Así es como el «Estado del bienestar» ha sido metódicamente sobrepasado en una confrontación hacia el infinito, que se habría encargado concienzudamente de tensionar y desbordarlo por elevación, hasta romper sus propios límites.

Frente a esta visión, adquiere especial relevancia una concepción humanista de la política. Jacques Maritain advertía de la necesidad de preservar la primacía de la persona y del bien común frente a la reducción de la política a una mera lucha por el poder. En un escenario como el descrito, la pregunta fundamental no sería únicamente quién alcanza la hegemonía, sino para qué se utiliza esa hegemonía y al servicio de qué proyecto político y social.

El escenario electoral

Concluyendo, vemos altamente factible la constitución, tras las elecciones forales y municipales de la próxima primavera —como antesala de las elecciones generales españolas—, de gobiernos forales tripartitos.

En Gipuzkoa, Bizkaia y Araba podrían quedar presididos respectivamente por Bildu, PNV y PSOE. En Nafarroa, el Gobierno podría pasar también a manos de Bildu, al igual que el Ayuntamiento de Iruña.

En cuanto al Gobierno de Euzkadi, continuaría presidido por un lehendakari de EAJ, aunque EAJ no fuera la fuerza más votada.

Una situación semejante ya se produjo hace casi cuarenta años, con la cesión de Txiki Benegas al lehendakari Ardanza.

La gradualidad y la estrategia a largo plazo en la aplicación del control social, tal como sugiere Noah Chomsky en su conocida alegoría de la rana en el caldero, también primarían en este caso.

Solo cabría entonces preguntar a los distintos dirigentes políticos sobre la verosimilitud predictiva de este escenario.

Y podríamos incluso acercarnos más al desenlace.

La variable decisiva

La fuerza genuina del frente popular, su auténtico motor, sería la unidad popular HBildu y HBildu, NO  lo negaría en ningún caso.

En cuanto al segundo agente, el PSOE exigiría un gesto baladí, fácilmente superable por Bildu, sobre la violencia y el terror causado por el MLNV al pueblo vasco durante más de cincuenta años.

Como colofón el PNV contestaría que su voluntad es continuar «liderando» el país…y ahí estaría precisamente la clave.

Porque un escenario político no se construye únicamente mediante los acuerdos que se anuncian públicamente, sino también mediante las posiciones relativas que cada actor ocupa dentro de esos acuerdos.

Si la acumulación de fuerzas termina modificando la relación de hegemonías, el partido que aparentemente conserva una posición de centralidad puede estar, en realidad, cediendo progresivamente el espacio político que históricamente le permitió ejercerla.

La cuestión, por tanto, no sería únicamente si EAJ-PNV entra o no en ese hipotético frente.

La cuestión principal , verdaderamente relevante, sería quién dirige el proceso una vez que todos estén dentro.

La responsabilidad de haberlo visto

Nuestra obligación era verlo, explicarlo y advertir de sus consecuencias.

No porque un escenario predictivo tenga necesariamente que cumplirse en todos sus extremos, sino porque la política responsable exige identificar con antelación las tendencias que pueden terminar convirtiendo lo improbable en inevitable.

A partir de ahí, cada dirigente tendrá que responder ante sus decisiones y cada organización ante sus propias responsabilidades Históricas, Morales y Éticas, en tanto que nosotros habremos cumplido con la nuestra.

Después de esto, solo queda decir que cada palo aguante su vela y que Jaungoikoa nos pille confesados.

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Un comentario en «La hegemonia en juego: hacia un nuevo frente politico vasco»

  1. Jon, creo que el artículo parte de una intuición que comparto, pero que, a mi juicio, queda algo enterrada bajo demasiada ingeniería política casi conspirativa.
    La pregunta de fondo me parece muy pertinente: ¿puede el PNV conservar posiciones importantes de poder institucional y, sin embargo, ir perdiendo la hegemonía cultural y política? Creo que sí, y ese riesgo merece ser analizado.
    Pero para ello, no hace falta que exista un gran diseño Bildu-PSOE ni un frente previamente concebido para que el PNV vaya perdiendo centralidad. Puede ocurrir por razones propias: incomparecencia ideológica, pérdida de transmisión entre generaciones, burocratización, confusión entre gestionar bien las instituciones y dirigir políticamente una sociedad y, sobre todo, aceptación progresiva de marcos discursivos construidos por otros.
    Ahí creo que está la cuestión fundamental. Hemos podido ganar la batalla del bienestar, de las instituciones y de una profunda transformación económica y social y, sin embargo, correr el riesgo de perder el relato sobre las ideas, valores y formas de hacer política que hicieron posible todo eso.
    También introduciría un matiz respecto al «frente». El cauce central vasco no se ha construido juntando simplemente a todos. Se ha construido históricamente desde una determinada cultura política: institucionalización, acuerdos entre diferentes, rechazo de la violencia, construcción social, economía productiva, autogobierno, europeísmo y capacidad comunitaria. Y no todos han contribuido de la misma manera a construirlo; algunos combatieron durante décadas aspectos esenciales de ese modelo. Que hoy podamos alcanzar acuerdos no convierte retrospectivamente todas las trayectorias en equivalentes.
    Por eso quizá el peligro de plantear la cuestión como un enfrentamiento entre bloques es que acabemos aceptando precisamente el terreno que queremos combatir. Frente a una posible estrategia hegemónica no creo que la respuesta deba ser otra estrategia de bloque, sino reconstruir y fortalecer un espacio central propio, plural y transversal, capaz de acordar con unos y con otros sin quedar subordinado al marco de ninguno.
    De tu artículo me quedaría especialmente con una pregunta: «quién dirige el proceso una vez que todos estén dentro». Pero quizá la llevaría un poco más lejos: la cuestión decisiva no es quién dirige el frente, sino quién consigue que la sociedad vasca piense dentro de su marco.

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