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GKS o el comunismo funcionarial

Tomás Abendaño

Una vez transcurrido el Gazte Topagune Sozialista, celebrado en Durango entre el 20 y 24 de julio, merece la pena realizar alguna reflexión sobre el estado de la Gazte Koordinadora Sozialista y del Mugimendu Sozialista.

Mientras que desde determinados grupos mediáticos se agitaba el espantajo sobre una suerte de apocalipsis veraniego entre GKS y la izquierda abertzale oficial por el asunto de la instalación de txosnas en diferentes localidades, parece que la sangre no ha llegado al río, ni lo va a hacer. Más allá de aspavientos, algún que otro empujón en Donostia y alguna que otra desavenencia formal, los “disidentes” están poniendo txosnas donde lo necesitan, y Troya no acaba de arder. La postura de Vocento o diarios como El Mundo al respecto puede tener cierto pase, porque se deben a su agenda de desestabilización y de transmisión a la opinión pública que en Euskadi la convivencia no es posible. Las reacciones de los responsables políticos e institucionales vascos no tanto, puesto que una vez más son incapaces de comprender las leyes que rigen el funcionamiento interno de un movimiento revolucionario como el vasco, y se prestan a airear rupturas sin ver el aspecto de unidad en la acción de ambos sectores.

Es muy significativo que el Topagune se haya celebrado con todo tipo de facilidades y comodidades en una localidad gobernada por EH Bildu. Formación que no ha puesto un solo impedimento a dicho evento y, según parece, se ha rendido sin poner condiciones al proyecto presentado desde la muchachada disidente. Tampoco la juventud de la oficialidad  de la zona (Ernai) parece que se haya sentido agredida o incomodada porque sus camaradas revolucionarios les hayan ocupado el pueblo por unos días.

Un Topagune que, hay que decirlo, no ha superado en número a la asistencia del celebrado el pasado año, entre 1500-2000 personas. Y eso a pesar de la campaña publicitaria que ha supuesto airear las diferencias del movimiento “disidente” con la oficialidad. Unos asistentes que han tenido la oportunidad de deleitarse con los contenidos de estimulantes jornadas tales como “Borroka ideologikoa eta kulturala. Komunismoa hegemonikoa bilakatzeko bideak” (La lucha ideológica y la cultural. Caminos para convertir el Comunismo en hegemónico), “Espazio sare sozialista. Teorian eta praktikan” (Espacio red socialista. En la teoría y en la práctica), “Koiuntura ekonomiko-politikoa eta estrategia komunista. Hainbat tesi politiko” (La coyuntura económico-política y la estrategia comunista. Algunas tesis políticas) o “Mugimendu sozialista mundu artean. Internazionalismoaren tesiak eta haustura prozesuak” (El movimiento socialista por el mundo. Las tesis del Internacionalismo y los procesos de ruptura).

Unas apasionantes jornadas que rezuman erudición comunista, algo de lo que el mugimendu sozialista hace gala en todas y cada una de sus intervenciones públicas. Pero es necesario preguntarse hasta cuándo, un movimiento que se tiene por revolucionario, va a poder estirar el chicle de la formación de cuadros y de evangelizar sobre las múltiples maldades y opresiones a las que el sistema les somete. Una opresión más bien imaginaria, necesaria para vender las bondades del comunismo, puesto que estos nuevos revolucionarios no proceden de sectores sociales especialmente pauperizados ni olvidados por el sistema. Es más, me atrevería a decir que en sus filas hay mucho pijo progre con ínfulas de académico que se crece hablando de revoluciones y opresiones, pero cuya carrera va dirigida a ocupar algún puesto funcionarial, preferentemente en la enseñanza media y en la universidad, para, desde el disfrute de los privilegios del sistema, seguir “concienciando” a la muchachada de que están muy oprimidos. No olvidemos el amplísimo elenco de funcionarios que han ocupado y ocupan los puestos más prominentes de la izquierda abertzale. GKS también va por la senda de que sea el sistema al que se pretende destruir el que sustente a sus propios destructores.

Y aquí está la mata de la patata, la necesidad de una praxis revolucionaria visible y constatable, más allá de la teoría y el discurso. Una práctica además que genere una épica que enardezca a la juventud. Una épica que posicione al mugimendu en unas coordenadas diferentes a las de la “socialdemocracia” de la izquierda abertzale. Pues por el momento no hay atisbo alguno de antagonismo cualificado, es más, me resultan más valientes las escasas acciones que Ernai realiza (derribo de cruces franquistas y performances varias).

La práctica de Ernai, además,  viene acompañada por una teoría como la de su 3 Congreso del pasado junio. Seguramente acicateado por las exhibiciones de comunismo de GKS, el Congreso pretendía -sin airear el término, pero proponiendo sus principios- ponerse a la par de GKS en lo que se refiere al antagonismo respecto al sistema “neoliberal” donde entra el actual sistema democrático.

No perdamos de vista que GKS y Ernai traen a nuestras tierras debates que provienen de otras latitudes, como por ejemplo el referido al feminismo, que es un casi calco de la polémica entre Judith Butler y Slovaj Zizek. Que no nos despisten los calificativos despectivos que entrecruzan GKS y Ernai y vayamos al meollo. La feminista-queer Butler subrayaba la energía de un antagonismo particular (hombre/mujer) que afecta a la propia estructura familiar -que como dijo Engels es la base del poder del Estado; Zizek proponía la universalidad “comunista” como elemento de identidad entre las nuevas identidades revolucionarias (entre las que se cuenta la ideología de género/feminismo queer).

La izquierda abertzale oficial/Ernai se posiciona con Butler como medio de imponer la “hegemonía” mediante la ideología de género. GKS se posiciona con Zizek y recicla el viejo proyecto de la Izquierda Abertzale de un Partido Comunista Vasco Dirigente para aplicárselo a sí mismo e invocar que todos y todas deben obedecerles o al menos deben obedecer a una “idea” de comunismo. Parece complicado pero es sencillo. Debaten y, a la vez, adoctrinan y se refuerzan en sus posturas, planteando prácticas que convergen. Y el resultado que traiga el camino dirá quién es el jefe de la misma manada. Aunque tiene toda la pinta que serán los de siempre.

¿Quién puede negar que, en las fiestas de un pueblo, por las calles de un barrio, los de GKS y los de Ernai no van a ir a una para agredir a algún Ertzaina o incluso militantes de otros partidos? ¿O qué pueden coincidir con baldes de pintura frente a un Batzoki o una Casa del Pueblo con la intención de pintarrajear de insultos el local? Las peleas que hemos visto filmadas entre GKS y Ernai pueden convertirse en el entrenamiento para futuras unidades de acción en la que las víctimas de los golpes pueden volver a ser aquellos enemigos que los jefes de la izquierda abertzale, por las razones que les convengan, pongan en su punto de mira: el ertzaina, el empresario, el “otro” de un partido “reaccionario”… Eso está ocurriendo aunque con dosis homeopáticas.

Lo peligroso es que a la juventud vasca se le ofrezca esta ideología como casi única propuesta política y que ocupe casi todos los espacios. Un país con el nivel de desarrollo económico, social y humano como Euskal Herria no puede permitirse aberración de un movimiento comunista hegemónico en la juventud -pues la izquierda abertzale y GKS coinciden en la fidelidad a ese mito- que además se viste con la capa de cordero lechal para conseguir el poder político.

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