Los nuevos Alardes: corrección política y negación de los rituales (I)

Los nuevos Alardes: corrección política y negación de los rituales (I)

Mikel Arriaga (Profesor e investigador)

Corren nuevos tiempos, es una afirmación evidente. Si bien no podemos todavía afirmar que estuviéramos ante un cambio de paradigma, quizá sí tenemos datos suficientes para afirmar que estamos ante un golpe de timón fuerte de un cambio inminente.

Una actitud interesante en la cultura y en la sociedad contemporánea lo ocupa la reflexión ante un conflicto, de cualquier índole que este sea. Los conflictos suelen desembocar en crisis, y estas no se concretan en la univocidad de algunos y determinados rasgos o matices, sino en la variedad y en la heterogeneidad de estos, al punto de tocar lo que subyace en la realidad, la sustancia del mundo contemporáneo.

El mundo moderno sufre de diversos conflictos y contrariedades, como por ejemplo la creciente desconfianza en las instituciones políticas y sociales, el avance del discurso de la posverdad, la aceptación o no del inmigrante, la creciente precarización laboral, la falta de seguridad tanto social como económica, la violencia sistémica y policial, además de otros muchos fenómenos visibles hoy día, que sin embargo todos podrían tener algo en común. Detrás de cada una de estas pequeñas crisis y conflictos, una buena hipótesis de partida estaría en la gradual desaparición de los rituales que caracterizan a nuestra contemporaneidad.

Los rituales se podrían definir de múltiples maneras. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano, en uno de sus últimos libros La Desaparición de los Rituales: Una topología del presente (1), intenta explicar lo que significan los rituales de esta manera:

“los rituales no definen un lugar añorado. Más bien constituyen un fondo de contraste que servirá para trazar más nítidamente los contornos de nuestra sociedad.”  (pag. 5)

Evidentemente, nos pone en alerta sobre ciertas y determinadas experiencias subjetivas, y con ello, nos muestra de manera directa, cómo la vida ha perdido (o está perdiendo) su espesor y sostén. Uno de los factores puede ser la desaparición de los rituales antiguos como un elemento a tomar en cuenta en nuestra comprensión del mundo actual. Hoy día las relaciones interpersonales han cambiado sus formas, y quizá también su fondo. Esto empieza a hacer mella en los individuos, y en las sociedades que estos forman, tantos en los lazos que se forman entre las personas como en el lugar espacial que estos ocupan, generando un movimiento topológico diferente al de antaño. El filósofo surcoreano continúa y define someramente a los rituales como:

“acciones simbólicas. Transmiten y representan aquellos valores y órdenes que mantienen cohesionada una comunidad. Generan una comunidad sin comunicación, mientras que lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad” (pag. 6)

Interpolando esta reflexión al caso que nos ocupa de los Alardes de la comarca del Bidasoa, podemos entender que una parte importante de este núcleo urbano se sienta muy identificada en los más hondo con este tipo de rituales y, sin saber darle una explicación racional a su actuación, sienta que se le quiere privar y arrancar de algo verdaderamente importante.

Según Byung-Chul Han, los rituales son “técnicas simbólicas de instalación en un hogar. Transforman el ‘estar en el mundo’ en un ‘estar en casa’ ” (pag. 6). En otras palabras, los rituales le dan estabilidad a la vida, sostén, durabilidad. Ante el aumento de incertidumbre y la falta de sentido, el tiempo en el que transcurren los rituales ha sido un tiempo que acondiciona y ordena; que cohesiona nuestras experiencias subjetivas ante el vaivén de la vida actual.

Junto a las cosas y el tiempo, las emociones también hoy desfallecen frente al deseo desenfrenado por producir, y sucumben también ante un sentimentalismo infantiloide. Se consumen y sobreconsumen los estados anímicos, nerviosamente compartimos nuestros estados en redes, el último cotilleo de moda o las nuevas relaciones en una sucesión superflua de símbolos.

Sin embargo, nos olvidamos, e incluso rechazamos, símbolos y rituales de mayor calado y de mayor profundidad humana, como pueden ser los Alardes de la comarca del Bidasoa. Sentencia Byung-Chul Han: “No se pueden consumir indefinidamente las cosas, pero sí las emociones” (pag. 8). Junto con las emociones, describe igualmente qué sucede con los valores, los símbolos, los sentimientos, la experiencia religiosa como acto de repetición y guía espiritual. En esencia, todas estas experiencias se ven definidas por el incremento y el aumento exponencial de la presión por producir y producirse. Todo ello es una serialización sin fin incitada por el “régimen neoliberal” y por el “marxismo cultural de corte posmodernista” que lo único que pretenden ambos es hacer un individuo o un sujeto desprovisto de valores y singularidades humanas muy cercano a un androide insensible y monocromático que sea un elemento manipulable de la masa uniforme, o en el caso neoliberal que sea además un individuo consumista desprovisto de criterios intelectuales. Es curioso que el posmodernismo revolucionario de izquierdas y el neoliberalismo más salvaje busquen el mismo perfil de sujeto deslavazado y carente de singularidades culturales y humanas.

 Volviendo al caso de los Alardes del Bidasoa, el conflicto es claramente un movimiento de esta corriente que quiere hacer desaparecer la esencia de los Alardes. Se disfraza con bandera reivindicativa de la cuestión de género, cuando en realidad lo que pretende es resquebrajar la convivencia de una sociedad, y robarle los elementos más básicos, sagrados y singulares de su identidad y de su existencia, y con ello la de cada una de las personas que la componen, para ello cabalgando siempre sobre la corrección política que tan buenos resultados parece que genera en los medios de comunicación.

La clave del conflicto surgido en el Bajo Bidasoa radica en querer cambiar una representación ritual de amplio calado emotivo con elementos singulares de identidad, que además cohesionan una sociedad, por una visión pseudo progre con tintes sentimentaloides ajustada y enmarcada en unas coordenadas admitidas por lo políticamente correcto. Y es esta visión, bendecida por la nueva ideología de lo políticamente correcto, que está intentando suplantar e imponer su visión de la realidad, manejando para ello los medios de comunicación en todas sus extensiones. No importa que lo que haya que suplantar esté avalado por datos o razonamientos de sentido común o científicos. En nombre de lo que sea, mayormente por ideología sentimentaloide o del dogma imperante en ese momento, se utilizará como excusa para crear un conflicto e imponerse sobre este asunto que esté fuera de la agenda del mainstream o de la tendencia mayoritaria.


(1)- Byung-Chul Han. La desaparición de los rituales. Herder Editorial. Barcelona, 2020.

5 thoughts on “0

  1. Sinceramente es una injusticia la que se hace a los pueblos de Hondarribi e Irun con este tema. Los tribunales ya decidieron que podía legalmente haber dos alardes y la insistencia del Alarde Mixto en entrar en el otro es un reflejo de la inquina que produce ver que son una minoría. Y es una actitud que calificaría de “fascista” si los que tratan de imponerla no fueran del otro extremo, la izquierda radical, a la que no se puede llamar así a riesgo que te agredan.

    Los artículos de Arriaga son para mí un bálsamo lleno de lucidez. Eskerrik asko por su docta defensa de la personalidad de nuestros pueblos.

  2. Indudablemente Arriaga apoya sus argumentos con datos y bibliografía contrastada. Poco que decir después de leer sus palabras; claras, certeras y epistemológicamente validadas. Contrasta con el habitual discursillo pseudo progre, cultureta “quedabien”, y totalmente opuesto a la posición políticamente correcta y cutre que abunda en la mayoría de los medios, y en la mayoría de los discursos de los tertulianos al uso.

  3. Cada día está más claro que detrás de los paritarios están Soros y las élites globalistas.

    Fin de la cita

  4. JELen agur

    A mi no me cabe duda de que la manipulación social es un objetivo político de elites y a tal fin han creado ideologías artificiales como le liberalismo y el socialismo. A unos encandilan una y a otros la otra. Soros no es mas que un engranaje en toda esa maquinaria.
    Se nos vende como incompatibles, y Jon Elguezabal nos comentaba, creo recordar que, lejos de eso, en China funcionan a la perfección ayudándose la una a la otra de manera simbiótica.
    Por unos o por otros lo que debe eliminarse son los referentes éticos, culturales, convivenciales que las sociedades se han dado a si mismas y que, a diferencia de los anteriores, han ido resolviendo sus problemas, tomando decisiones a lo largo de su existencia proporcionando cierto grado de satisfacción frente a los abusos que se cometían en su entorno. Esto es molesto. Esto no permite manipular, sino que proporciona capacidad de decisión. De libertad.
    Ahora todo eso se tiene que cuestionar, denigrar, menospreciar e incluso acusar de esto o lo otro.
    Debemos ser conscientes de toda esa manipulación y empoderarnos para impedir esta imposición en el fondo autoritaria.

  5. Excelente artículo y comentarios.

    Dejando aparte la cuestión de Byung-Chul Han –a quien encuentro un pensador que peca un poco de políticamente correcto en una sociedad hueca disfrazada de luterana– quiero incidir en una cuestión que el artículo no trata en detalle: El papel de la Cultura como instrumento del Poder.

    Algo que, según recuerdo, no está bien reflejado ni por Marx ni por Weber y que cuando lo establece Michael Mann a finales del siglo XX rápidamente pasa al nicho de los grandes autores académicos que molestan al poder independientemente del valor de sus postulados y obra científica.
    Cada forma o grupo de Poder, para establecerse y perpetuarse, necesita cuatro “Instrumentos”:
    Poder Coactivo,
    Poder Político Gestor,
    Poder Económico y
    Poder Cultural.
    Esta es la tesis de Mann opuesta a la Marxiana. El “relato” y la Cultura (el gran relato) se convierte así en instrumento primordial de dominación.
    Lo de los ya viejunos conflictos del Alarde siempre me ha parecido un ejemplo más de lo anterior. Ganas de imponer deconstruyendo con la estrategia de Gramsci y la técnica de Laclau y Mouffe.

    Occidente hoy es un parque temático decadente cuyas élites han pasado a ser parasitarias y que han elegido la Receta Universal que explicaron Toynbee y Brecht: Cambiar al Pueblo sustituyéndolo por otras gentes más manejables.

    Entender lo que hoy sucede es imposible sin tener en cuenta a los autores citados y este documento que solo se desclasifica en 1991 opera, y sigue operando, desde 1974. https://pdf.usaid.gov/pdf_docs/Pcaab500.pdf

    Un apunte final: revisen el concepto de “Espacio Cognitivo” y su papel en la guerra y en la paz. La OTAN, en la reciente reunión de Madrid lo ha adoptado formalmente como instrumento de guerra.
    Lo encontrarán buscando: “Countering cognitive warfare: awareness and resilience”. Johns Hopkins University & Imperial College London

    Saludos

    PS. La obra de Michael Mann es extensísima y se resume en cuatro volúmenes titulados “The Sources of Social Power” ya traducidos al español.
    Un buen resumen es un libro-entrevista en el que el sociólogo John Hall entrevista a Mann en unas 300 páginas: “Power in the 21st century”. Vale la pena.

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