Corrupción, de patrias y carteras
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Corrupción, de patrias y carteras

José Manuel Bujanda Arizmendi

“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Lord Acton.

En Ariel, Editorial Planeta y a comienzos de este año 2022 Joaquim Bosch en la actualidad juez del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Moncada ha publicado un magnífico libro titulado “La Patria en la cartera” y subtitulado “Pasado y presente de la corrupción en España”. Joaquim Bosch, como bien reza en el libro mismo, es un colaborador habitual en diferentes publicaciones jurídicas  y medios de comunicación, investigador y docente para la formación de magistrados, ha llevado a cabo diversos estudios sobre aspectos procesales y ha participado como ponente en congresos de ámbito estatal e internacional así como en Másteres de Estudios Interdisciplinares de Género, de Prevención de la Violencia de Género y el Seminario Internacional de Tegucigalpa sobre la corrupción en Centroamérica.

Como bien dice la contraportada “La Patria en la cartera” es una reflexión argumentada que bucea en las singularidades del fenómeno de la corrupción en España. Para ello, Joaquim Bosch aborda estos problemas desde una perspectiva novedosa, a través de una visión transversal que engloba disciplina como la historia, el derecho, la política criminal, la ética o la sociología. Este es un estudio y una reflexión dinámica del problema más lacerante de la política española. Se apoya para ello en casi un centenar de historiadores, investigadores, escritores, economistas, periodistas, jueces, fiscales y sociólogos.

Muchos de los nombres que cita y en los que se apoya son muy conocidos, no tanto otros y otras: Francisco Comín, Mercedes Cabrera, Fernando del Rey, Miguel Martuell, Ángel Viñas, Mariano Sánchez Soler, José Álvarez, José Varela, Paul Preston, Manuel Villoría y un muy largo etc. Su tesis principal es que, aunque la corrupción en España viene de muy antiguo (con abundantes referencias a Larra, Benito Pérez Galdós, Cervantes con conversaciones entre Don Quijote y Sancho Panza, El Lazarillo, El Buscón, Guzmán de Alfareche, Rinconete y Cortadillo, Fernando VII, la I República, Cánovas, Alfonso XII, Protectorado de Marruecos, Alfonso XIII y la II República), su tesis principal  es que, aunque la corrupción en España viene de muy antiguo, es en la dictadura de Franco cuando adquiere dimensiones institucionales que continúan hasta la actualidad, pues la nueva democracia incurrió, por desgracia, en continuidades vergonzantes al respecto. La falta de suficiente desarrollo institucional impidió una ruptura completa con algunas de las prácticas del régimen anterior y posibilitó así nuevas formas de corrupción propias de las circunstancias económicas de estas últimas décadas. Oportunidad perdida, muy lamentablemente.

Los casos de y entre otros, es muy saludable hacer memoria (recordar para no olvidar), Juan March, Hidroeléctrica Española, Oriol y Urquijo, Muñoz Ramonet, Banca Coca, Banús, Ohtl y Villar Mir, Reace, Nicolás Franco, Pilar Franco, Maria Queipo de Llano, Marqués de Villaverde, y el Estrapelo en general durante el franquismo y la dictadura y luego en la llamada Transición, y posteriormente en  Democracia, Juan Guerra, Mariano Rubio, Ibercop, Manuel de la Concha, Rafael Vera, Mariano Rubio, Rodríguez Colorado, Julián San Cristóbal, José Barrionuevo, Luis Roldán, Manuel Ollero, el Cántabro Hormaetxea, Pallerals, Jesús Gil, Los Ángeles de San Rafael, Flick, Malesa, Naseiro, Soler, las Tragaperras, Filesa, Gürtel, Bárcenas, “El bigotes”, los “Eres”, Jordi Pujol y Marta Ferrusola e hijos, Palau de la Música, Millet, Bertomeu, Prenafeta, Matas, Solé, Nóos, Urgangarín, Diego Torres, La Púnica, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Francisco Granados, Lezo, Estevill, Caso Malaya, Julián Muñoz y un largo etc salpican ilustradas y muy detalladamente las páginas de este muy interesante libro.

La palabra corrupción, dice Joaquim Bosch en el epílogo del libro, procede etimológicamente del término “corruptio” que significa “dañar, destruir o romper desde dentro”. Dice que se trata de un concepto que implica igualmente la alteración interna por letal putrefacción.

La corrupción descompone las entrañas de las instituciones, y la acción inversa consistirá en limpiar, sanar y reconstruir los lazos  comunitarios que vertebran a la sociedad. Afirma sin lugar a ninguna duda que la corrupción masiva de la larga dictadura de Franco, ejercida en una etapa de amplio crecimiento estatal, representa un precedente de enorme transcendencia en el desarrollo de los abusos de poder de la etapa democrática posterior. Tras la muerte del dictador, las fuerzas políticas alcanzaron acuerdos que permitieron democratizar el país, pero no abordó el problema de la corrupción generalizada que se había heredado de la dictadura. Y ello sucedió porque las circunstancias del período transicional impidieron que pudieran cuestionarse los abusos fraudulentos del régimen anterior. La incorporación a la democracia de gran parte de los políticos del franquismo, la continuidad de los aparatos administrativos, la pervivencia de las mismas élites empresariales y los hábitos sociológicos asentados con firmeza en aquella sociedad fueron elementos que prolongaron necesariamente aquella cultura política.

Y continúa, a pesar de las dificultades, de la elevada conflictividad de esa etapa y de los riesgos de un golpe militar, la Transición consiguió en un tiempo breve instaurar las bases de una sociedad democrática y aprobar una Constitución equiparable a la de los países de Europa occidental. En aquel momento se trataba de un sensible avance para España. Fue esencial el consenso para establecer determinadas reglas del juego que hicieran viable el pluralismo. Algunas insuficiencias de esos acuerdos, entre las que se encuentra la renuncia tácita a manejar la incómoda patata caliente de la lucha contra la corrupción, proceden de la singularidad de un proceso al que llegaron con ventaja los dirigentes políticos procedentes de la dictadura. Entre los pactos implícitos de la Transición, inherentes al curso de los acontecimientos, se encontraba el mutismo sobre el pasado de los ex gobernantes del franquismo, con lo que se ignoró la existencia de las prácticas corruptas anteriores.

Los primeros años de la democracia tampoco solventaron estos problemas. Al contrario, algunas herencias de la dictadura y determinadas dinámicas de las fuerzas políticas durante la Transición facilitaron que la corrupción se mantuviera y reconvirtiera. En resumen: esa falta de ruptura completa con la corrupción del franquismo facilitó la pervivencia de actitudes sociológicas comprensivas con las arbitrariedades fraudulentas. La continuidad de los abusos de poder de la dictadura se materializó en forma de readaptación y en ese contexto se siguieron produciendo numerosos casos de corrupción  ya que el terreno estaba abonado con la simiente de todas esas rutinas nada limpias. A ello se le añadió la falta de respuestas gubernativas adecuadas que explica el carácter estructural de esa corrupción política.

El autor también reflexiona sobre ciertas dinámicas que favorecen la corrupción como ciertas prácticas estructurales de ciertos y “grandes” Partidos Políticos de ámbito estatal que han gobernado alternativamente España, concretamente el PSOE y el PP, y sus corruptelas, estructuras, poder de sus élites y direcciones, reflexiona sobre los sistemas electorales, el despilfarro, los sobrecostes y desviaciones en la construcción de grandes infraestructuras, Joaquim Bosch habla de clientelismo, nepotismo, amiguismo y de las llamadas puertas giratorias. Y afirma que la corrupción no sólo consiste en robar, sino también en facilitar que otros puedan apropiarse a espuertas de los recursos de toda la sociedad.

Y por último, interesante mención, el autor menciona y reflexiona con lucidez, como buena idea, sobre la propuesta de Luigi Ferrajoli en lo referente a las incompatibilidades internas entre cargos del partido y sus representantes públicos en las instituciones, y ello como idea muy recomendable y saludable a la hora de buscar los necesarios contrapesos para así poder limitar los graves riesgos de una excesiva concentración de poder en los partidos, y al respecto afirma, “en nuestro País sólo ha seguido criterios de este tipo el PNV”. Muy interesante libro pues, de agradable y muy fácil y cómoda lectura. De los que enganchan y se recomiendan. Sea pues.

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