Un árbol caído llamado Pablo
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Un árbol caído llamado Pablo

José Manuel Bujanda Arizmendi

Reconozco que antes de cualquier otra consideración hubiera preferido no tener la ocasión de creerme en la obligación, o de la tentación, de tener que escribir estas líneas. Siempre he procurado mantener un respeto a las cuitas internas de los partidos políticos ajenos al mío. Es una cuestión de pudor contenido. Una especie de respeto al otro. Y precisamente con ese mismo sincero respeto y consideración me permito hacer una serie de reflexiones respecto a los acontecimientos que han ocurrido, están ocurriendo y ocurrirán en las interioridades del Partido Popular. Vayamos por partes.

El todavía Presidente del Partido Popular alumbró sus responsabilidades por medio de un rebote casi inesperado de dos paredes de frontón entre Maria Dolores de Cospedal y Soraya Saéz de Santamaria. Y no hablaré de sus másters, doctorados varios y estudios superiores en ignotas Universidades de alto copete y supuesto pedigrí. Con todos los respetos habidos y por haber pero el final del recorrido político de Pablo de asemeja al del cazador cazado (que no casado). Opino que ha sido un líder irresponsable a la hora de intentar torpedear en la UE la llegada de unos fondos económicos indispensables para la recuperación económica del País al que dice servir y que pretendía gobernar. Por otro lado Pablo Casado ha bloqueado inconstitucionalmente y hasta el infinito la renovación del Consejo del Consejo General del Poder Judicial por interese obvios. Es más me atrevería a decir que su labor ha sido la de un líder político cuasi-intoxicador manifiesto calificando de cesiones vergonzantes y de bajada de pantalones cuando se refería a la ejecución de las transferencias pendientes a Euskadi y ello ante una sociedad española, o parte de ella, desconocedoramente ignorante de la realidad social y política vasca. Pablo Casado, estimo que, ha sido un auténtico incendiario calificando sistemáticamente al Presidente del Gobierno de España como ilegítimo y asegurando reiteradamente que el de España es el gobierno más radical de Europa (¿?). Y me atrevería a decir que ha mentido a menudo jurando y perjurando que los gobiernos del PP nunca habían negociado con ETA o manipulando los datos del paro a placer y a conveniencia.

En ese sentido ha caído en el cinismo, sabiendo que mentía, criticando los acercamientos de presos como si fueran sólo realizados por este gobierno y nunca del PP (sobre todo en épocas de José María Aznar). Ha alimentado bulos varios, el más reciente el de la famosa ganadería extensiva y/o intensiva. Siempre se ha manifestado como un líder inseguro mirando con el rabillo del ojo a su derecha, a la tropa de Santiago Abacal. Y así las palabras de su despedida en el Pleno de Control en el Congreso de diputados no responden ni mucho menos a su habitual actitud respecto a sus adversarios políticos, sobre todo y concretamente al dirigirse al Presidente del Gobierno de España, entre otras lindezas, como mentiroso, felón, incapaz, traidor, ocupa, ilegítimo, desastre, catástrofe, amigo de golpistas y de los enemigos de España, socio de bilduetarras, separatistas, nacionalistas, cómplice de golpes de Estado en Cataluña, presidente un gobierno socialcomunista y frankeinsten… y un muy largo y lamentable etc. Se “vino arriba” y se expresó a menudo mediante expresiones muy mal sonantes, tabernarias y soeces desde la tribuna de oradores. Pablo Casado ha hecho, opino, un muy flaco favor a la política de la ética y a la ética de la política. Ha insultado reiteradamente al sentido común, a la cordura y a la sensatez mientras sus conmilitones le aplaudían a rabiar (por poner un ejemplo cuando así se dirigió desde lña tribuna de oradores al Presidente del Gobierno: “Qué coño tiene que pasar en este País para que el Presidente del Gobierno actúe y espabile y tome la iniciática”. Salva de aplausos.

Pero, lejos de mi intención el hacer leña del árbol caído; el señor Pablo Casado desconocía que los felones, mentirosos, traidorzuelos y traidozuelas, ocupas, ilegítimos y traidores los tenía sentados en su propia mesa de dirigente y líder político, los tenía al lado mismo. En una semana los supuestamente máximos incondicionales suyos, los llamados del núcleo duro y de máxima confianza, han pasado en pocos días e incluso en escasas horas de bailarle el agua, hacerle la pelota con abundancia de sonrisas afectadas e hiperbólicas forzadas, de palmaditas, fotitos varias etc…a traicionarle y dejarle en la mayor de las soledades más crueles y humillantes en un espectáculo lamentable, vengativo, impúdico y cainita. Los “suyos” han calculado con la cabeza fría de dónde salía el sol que más calentaba para reposicionarse sin mover de vergüenza ningún músculo de la cara. El espectáculo ha ofendido gravemente a la honestidad, al bien y buen hacer, a la coherencia y a la mirada limpia que todos necesitamos mantener al mirarnos. Los “suyos” (portavoces, parlamentarios, senadores, barones, presidentes de comunidades, alcaldes, altos cargos varios etc etc han protagonizado, salvo pocas y honradas excepciones, un espectáculo bochornoso, rastrero y miserable, mostrando una catadura moral bajo mínimos, los de allá lejos y los de aquí mismo, todo ello con permiso de las ratas que abandonan muy apresuradamente el barco que se está hundiendo inexorablemente.

El delfín político construido, modelado y crecido a la vera de José María Aznar y Mariano Rajoy, llamado a pilotar el “Var” de la política española ha sufrido el escarnio de editoriales, artículos de opinión y portadas de periódicos de la caverna mediática de la Villa y Corte hasta derribarlo cual árbol maduro que estorba en un bello parque, cual árbol que ha cumplido su inicial labor de dar sombra pero que con la nueva configuración de sus alrededores desentona, y misión cumplida, y al desguace, y sin piedad alguna, y ni las gracias por el trabajo realizado. Y de prisa, ya. Y desconozco la razón última de la humillación a la que le han sometido los suyos, las prisas, la crueldad, la extrema premura en la exigencia de su dimisión. Reconozco que se me escapa el argumento de esas prisas.

Pablo Casado seguirá siendo Presidente del Partido Popular hasta el próximo Congreso a celebrar a comienzos de Abril, es decir todo marzo, mucho tiempo, un error en mi humilde opinión, demasiada agonía, para lo líquido de la política española. Y por otro lado reaparece y con fuerza renovada el Presidente de la Xunta de Galicia  Alberto Núñez Feijoo que parece ser el destinado a recoger el arrebatado testigo en el liderazgo del Partido Popular, y ello en olor de multitudes, y por aclamaciones. Parecería que los muy débiles resultados de las elecciones electorales de Castilla y León que no han cubierto las mínimas expectativas por las cuales fueron adelantadas y convocadas, así como la votación extremadamente rocambolesca de la Reforma laboral, las mutuas acusaciones entre Pablo Casado, Teodoro García Egea e Isabel Díez Ayuso donde se entremezclan en un puzle confuso por un lado acusaciones cruzadas de prevaricación a hermanos y empresas interpuestas, posibles tráficos de influencias, comisiones no muy claras, tramas y contratos oscuros y por otro acusaciones de espionajes, chantajes y dosieres parecerían ser, repito, las últimas gotas que hicieran rebosar un vaso convulso y acomplejado que mira de reojo indisimuladamente a Vox.

Yo personalmente estimo que no es ninguna buena noticia que el Partido Popular se encuentre en esta crítica tesitura, creo que no es bueno un Partido Popular débil y en crisis, no me tranquiliza, y menos me alegra. Cabeza fría. No perdamos la perspectiva, preocupémonos, Vox está ahí, al acecho, y eso no es bueno ni para la Democracia, ni para las libertades, ni para España, ni para Euskadi y su autogobierno. El único beneficiario de estas situaciones y actitudes suelen ser los populismos, y si decidimos poner siglas deberemos escribir Vox.

Obviamente desconozco el devenir de los futuros acontecimientos políticos, pero desde las muy profundas diferencias abismales ideológicas y políticas que mantengo con respecto al Partido Popular, desde mis convicciones abertzales, desde mi militancia política en el nacionalismo democrático vasco me preocupa, y mucho, todo lo que está sucediendo en la Villa y Corte. Alegrarse del mal ajeno sería una pueril, una infantil irresponsabilidad. Prudencia pues. Larga mirada. “Veremos”, que dijo aquel. Sea pues.

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