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Sobre la nueva ponencia política de EH Bildu (y 5)

Joseba Kortadi

6. El Régimen del 78. La ‘crisis de hegemonía’ en la CAV no es explícita, aunque la ponencia perciba síntomas de agotamiento [22]. Al contrario, se reconoce que no hay activación social [78] contra un orden vasco-occidental que se presenta estable. Gramsci diría que no hay condiciones para implicar a grandes masas en la ‘revolución pasiva’ (lucha de posiciones) mientras esas masas creen que no han desaparecido las posibilidades de mejora sin salir del estatus vigente. Los estudios demoscópicos que pulsan la opinión pública vasca ponen de manifiesto que hay un alto nivel de complacencia y una gran confianza social en un progreso que no exija grandes cambios.

La misma ponencia admite que, para activar la energía social necesaria, es necesario una labor de pedagogía [43-44]. Parece cierto que la ciudadanía de la CAV no identifica la situación de su comunidad política con la crisis que sí percibe en el régimen político estatal. En el apartado relativo a las claves del ‘juego táctico’, solo uno de los apartados [113] tiene como exclusiva centralidad a Euskal Herria, preguntándose sobre la forma de conectar a la sociedad con el debate sobre el estatus. En cambio, los apartados referidos a la acción política ante el Estado son varios y de contenido más explícito [114-115-116-117-118), a los que podríamos añadir los dos últimos apartados [119-120] en los que la referencia es a Euskal Herria, pero que es una referencia que remite a la acción en el marco del Estado.

La clave crítica de la coyuntura (la contradicción, clave o pulso principal) está en Madrid, y se desenvuelve a escala española. La crisis del Régimen del 78. La ponencia asegura que esta crisis ha sido clave en el pasado y lo seguirá siendo en el futuro [23]. El conflicto se sitúa en el seno de los mismos pilares del régimen [24], y se trata de un pulso profundo entre los aparatos del Estado y los poderes fácticos, y la opción igualitaria-democrática[A] [115].  Esta inestabilidad viene acentuada asimismo por la crisis sistémica acelerada por la pandemia que ha puesto de manifiesto otros factores de inestabilidad: la competencia por gobernar, la presencia de la extrema derecha, la polarización social, el incremento del autoritarismo y la deslegitimación social [26-115].

La ponencia original aseguraba que la capacidad de influencia de las fuerzas soberanistas, y su relación con un Gobierno español repudiado por los aparatos estatales más obscuros, podría conseguir ahondar en la crisis de régimen[B] [24]. A la vista de todo esto, EHB se propondría, en alianza estratégica con las fuerzas soberanistas periféricas (se alude a Llotja de Mar [104]) manejar bien esa clave para poder abrir nuevas vías de tránsito hacia la soberanía [108].

El terreno de juego, por lo tanto, se ubica en Madrid y el quid de la estrategia tampoco reside en Euskal Herria: la previsión de EHB es que la nueva estrategia del Estado fracase en Cataluña y que propulse al independentismo al papel de tractor de una democratización política y social, retomando el impulso de cambio a medida que vaya desdibujándose a escala española [25-45-99]. Un nuevo escenario al que se podrían integrar sectores de población que no rechazan la escala española [57].

Ese eje de trabajo aboca a EH Bildu a desear entrar en el marco de debate sobre el encaje de los territorios en el Estado [118]. Por eso, propugna una propuesta de nueva planta para el Estado que, siendo de carácter plurinacional, se formula como una solución de carácter confederal [117-119], y que es criticada por diversas enmiendas que no han superado el filtro del 30% de apoyos. Merece la pena citar las de Jon Salaberria que critican el meollo mismo de la propuesta oficial, afirmando que, ante toda la ciudadanía, el proceso hacia la soberanía quedaría sujeto a la reforma y aceptación de un modelo de estado español. La crítica de Salaberria revela el enfoque estatalista de la ponencia, y señala que pensar el cambio político en clave territorial española contradice y desvaloriza el enfoque de ‘proceso autocentrado’ que propone la ponencia en otras partes de su texto [64-67-99-111-112].





[A] Entre determinados enmendantes, esta posición adquiere un rasgo españolizante. Un ejemplo puede ser Jon Salaberria, que critica la aceptación de la centralidad coyuntural que se le atribuye a este pulso o contradicción, arguyendo que lo que propone la ponencia es jugar en una escala (española) en la que la correlación de fuerzas (para las fuerzas vascas) sería abiertamente desfavorable.

[B] La enmienda aceptada de Oier Ibarguren rebaja esta estimación triunfalista al circunscribir la influencia citada al ámbito de las Cortes Generales.

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