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Patria: ¡Esto es Hollywood!

Joxe Martin Larburu Zubillaga

En nuestra juventud, no disponíamos de la actual oferta audiovisual, era habitual entre amigos que, cuando alguien contaba alguna anécdota, un chascarrillo, para hacerlo más ameno obviase algunas cosas e incluso exagerase otras. A veces, al final del relato, sucedía que alguien, que consideraba que el chascarrillo no era tal, que lo contado tenía su importancia y que por ello creía necesario que la verdad aflorase, terminaba poniendo los “puntos sobre las íes”. Pero si el resto, aun y así, considerábamos que podía aceptarse la versión ficticia, reconociéndole la veracidad de sus precisiones y correcciones, le contestábamos, para que no se preocupase y siguiese disfrutando con las ocurrencias del “cuentista”, que aquello no saldría de allí, aquella falsa versión sería solo de consumo interno.

Estaba claro que no dominábamos bien la frontera entre lo ficticio y lo real, no sabíamos que ambas cosas, según contexto, podían ser publicadas o silenciadas; que lo ficticio no es necesariamente mentira, y que no todos podemos contarlo todo, solo porque sea verdad, para ello también hay que cumplir unas normas y tener unos permisos. No habíamos aprendido que incluso lo ficticio basado en inspiraciones reales, bajo unas determinadas condiciones podía incluso hacerse público.

Creo que cuando salió publicado el libro “PATRIA” de Fernando Aramburu, yo, todavía y a pesar del tiempo transcurrido, desde esas experiencias juveniles, seguía sin haber aprendido a analizar correctamente las publicaciones de ficción, sin entender la libertad que tiene el redactor para narrar acaecidos reales de la forma que más le beneficien. Lo leí, tanto por el tema, como por qué me dijeron que, aunque no se citaba expresamente, estaba centrado en una localidad donde tengo buenos amigos. Recientemente he sabido que sobre esta novela se ha realizado una versión cinematográfica, para que nadie se lleve una decepción similar a la mía, quisiera relacionar algunas deficiencias y algún exceso.

Se echa en falta una relación más exhaustiva de acontecimientos cotidianos, de pequeños sucesos que, seguro, cualquier persona, de las no visibilizadas en la novela, de ese pueblo las podría contar. Pero sobre todo lo que más se echa en falta, es que no se novelice a algunas personas que han sido clave en el tiempo en que se describe la vida de ese pueblo; y de las que, para saber de su existencia, no es un obstáculo, no es necesario haber vivido en ese pueblo. En contra, se crean personajes que, en ese pueblo no existieron, y que desvirtúan la realidad.

Pero esto que yo pongo, no es una cuestión de obligado cumplimiento, la realidad es que lo que falló fue mi expectativa, no la novela. Por ello mi recomendación es que, para que no les suceda lo mismo que a mí, no olviden que lo que van a visualizar está basado en una ficción novelada.

Es evidente que, con esas disfunciones sobre mis perspectivas, la novela no me resultó atractiva, pero la responsabilidad es compartida, las opiniones publicadas, que me influyeron, presagiaban otra cosa. Pero lo mío, es más, que una crítica, una expectativa no cumplida, entiendo perfectamente que una novela de ficción no tiene la obligación de atenerse a la verdad. El autor lo redacta con las situaciones que considera más adecuadas para contar lo que le dé la gana. Así pues, no cometan el fallo que yo cometí considerando que lo que debiera contar Patria es la verdad.

No creo que se pueda buscar en esta novela y tampoco en la serie, si como dicen es fiel reflejo de la novela, una aportación sustancial que sirva para entender el contencioso vasco. No sé, si porque se cree que es así, o porque hace más interesante la novela, los motivos ideológicos quedan supeditados a la espectacularidad de los sucesos. Al final se sabe del sufrimiento y lo crueles que fueron (lo cual también es necesario) las acciones terroristas, pero la lógica de la ideología real que las provocó queda oculta; o lo que es peor, parece que estas cosas ocurrieron por una deformación secular que los vascos tenemos a la hora de solucionar nuestros problemas, el gusto por hacerlo de forma violenta.

No podemos pretender que, una cuestión compleja y con muchas aristas, sea explicada en base a producciones literarias de este estilo. La obligación de explicar en profundidad la lógica de las fuerzas que actúan en el contencioso vasco debiera ser una tarea de ámbito más institucional y multidisciplinar.

No debiera pretenderse que esas ficciones noveladas sustituyan, la poca difusión de materiales, de trabajos y documentos que se han realizado, no por espectadores externos sino por personas que han estado en la “pomada”, en los pueblos que se dice se desarrolla la novela, y que, sin preocuparse por su reconocimiento personal, han publicado libros e informes con pocos medios y mucho trabajo. Los responsables institucionales de nuestro país, con su respectiva autocrítica, debieran de apuntar entre sus tareas pendientes el apoyo y la divulgación de estos trabajos.

Preocupémonos más de difundir esos estudios, haciéndolo, por supuesto, compatible con ver series del estilo PATRIA; pero no olvidemos, lo que decíamos en nuestra juventud, cuando disfrutábamos de las narraciones adaptadas del “cuentista” y de episodios un tanto surrealistas, para definir estas realidades: ¡ESTO ES HOLLYWOOD!

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