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Violencia, legitimidad y Ertzaintza

Imanol Lizarralde

Lo primero que hay que decir acerca de las últimas declaraciones de Arnaldo Otegi (“Otegi pide autocrítica al PNV porque “la Ertzaintza también ha matado”) es que no representan una salida peculiar sino que responden a una línea sistemática de discurso por parte del liderazgo del MLNV. Pernando Barrena ya había hecho unas declaraciones semejantes (“el PNV es agente violento del conflicto”). Es la lucha por el relato y los líderes del MLNV plantean la socialización de la culpa como medio de distribuir responsabilidades entre todos los colectivos políticos de tal manera que la responsabilidad propia queda diluida en ese magma. La igualación que establece Otegi entre las acciones de ETA, el GAL, los cuerpos policiales españoles, el PNV y la Ertzaintza tiene ese objetivo.

Al hablar de esta manera, Otegi evita cuestiones esenciales, ligadas a la responsabilidad de los actos cometidos en contra de los derechos humanos, como son las estrategias políticas que llevaron a esas acciones. No es lo mismo una estrategia político-militar, en la cual existe una concepción de ampliación de objetivos político-militares, y donde entran estrategias como la de la socialización del sufrimiento, que la acción policial o la de grupos parapoliciales periclitados hace ya tiempo. Además, la perseverancia del MLNV en esa estrategia a lo largo de las décadas constituye un grado añadido de responsabilidad que Otegi no quiere tener en cuenta. Por ello dice: “Lo que ocurre es que hay quienes consideran que algunos han utilizado la violencia de forma legítima y otros no, y eso forma parte, otra vez, del relato y las cuestiones ideológicas”.

Otegi aquí acusa al PNV y al Estado de legitimar la violencia de sus respectivas policías. Es evidente que, de esta manera, pretende eludir la cuestión de que la violencia policial es legítima en cualquier estado del mundo y que él mismo legitima la otra violencia, la revolucionaria, la de sus compañeros. Y pese a que diga lo contrario en tanto que “la izquierda independentista ha dado pasos en ese sentido” de autocrítica de su propia violencia, el propio Sortu, en la Ponencia Abian, reclama la legitimidad de la “violencia de respuesta” por parte de sus militantes y organizaciones. Estamos hablando de principios opuestos e irreconciliables, la legitimidad de la violencia legal, por un lado, y la de la violencia revolucionaria, por otro. De esta manera Otegi también quiere diluir las consecuencias concretas de ambas violencias sobre las personas y la sociedad, haciendo abstracción de que la cuestión del número de víctimas no es simplemente cuantitativa sino también cualitativa.

Esta línea de discurso resulta ineludible para los líderes del MLNV porque no sólo se dirige al pasado que hay que reivindicar sino también al futuro que se tiene que construir y al que el pasado debe de prestar ayuda. Y no importa que ello abra brechas dentro de Bildu, donde Pello Urizar, líder de EA, muestra su discrepancia esencial con lo dicho por Otegi, planteando la legitimidad de la Ertzaintza como Policía Vasca y, por tanto, como detentadora, aquí, del monopolio de la violencia.

De cara al pasado, como ya he dicho, la cosa consiste en diluir responsabilidades y legitimar la violencia revolucionaria como principio, más allá de sus acciones concretas; de cara al futuro, en señalar al enemigo que se va a combatir a pié de calle. Las acciones de los actuales grupos violentos del MLNV, por ejemplo en el campus universitario vasco, respecto a la elección del nuevo rector y la cuestión de la LOMCE, van a encontrarse frente a la acción de la violencia legal de la Ertzaintza. Digamos de paso que no es extraño que en este ámbito universitario se esté dando el fenómeno de la organización de grupos violentos. La violencia revolucionaria es fruto de la conciencia revolucionaria. Y esta se labra también las universidades por medio de las ideas. Desde la dirección del MLNV, Otegi hace su aportación a este respecto.

Por tanto, las declaraciones Otegi deben contemplarse en el marco más amplio de la estrategia del MLNV. El informe presentado por Paco Etxeberria y Jonan Fernández donde se aluden a 310 casos de tortura denunciados contra la Ertzaintza es un factor coadyuvante para el MLNV dentro de la batalla por el relato. La denuncia no supone la culpabilidad y hay que remarcar que ninguno de esos casos ha pasado por judicatura: permanecen sólo en los testimonios de sus acusadores. ¿Qué otro criterio ha utilizado Paco Etxeberria para considerar tales testimonios como algo que merece ser citado en una comunicación acerca de la ruptura de los derechos humanos? No hay otro criterio que el de la acusación, con lo que su fiabilidad resulta escasa. Pero tal informe ha supuesto la salida a las paredes de nuestras calles de carteles que criminalizan a la Ertzaintza, como se puede comprobar aquí:

El MLNV no cede, pues, un ápice en la legitimación de su propia lucha político-militar que pretende equiparar a la lucha de las diversas policías en contra de la violencia del MLNV y de sus grupos francos. Esta es una cuestión irrenunciable y los líderes del MLNV lo fían todo a la perseverancia con la cual van a repetir en las ocasiones que sean que los otros también mataron. Mientras tanto, lo que Otegi denomina como la “identidad épica” de la izquierda revolucionaria vasca seguirá siendo sembrada en las nuevas generaciones, para que, cuando las circunstancias lo exijan, estas combatan con denuedo, con la conciencia de que siguen un camino que otros marcaron mediante centenares de muertos.

 

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