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Bicarbonato en la nave nodriza

Koldo San Sebastián

La cara de Pablo Iglesias cuando compareció entre sus fieles no podía ser más expresiva y, sobre todo, era la mejor síntesis de lo que había ocurrido. Uno tiene la sensación que este hombre estaba convencido de que no solo iba a superar al PSOE, sino que, además, iba a ser presidente del Gobierno. La prepotencia exhibida durante toda la campaña, apoyada eso sí en unas encuestas que resultaron un fiasco, resultaron un antídoto para votantes de izquierda que no querían que les gobernase alguien así. Parece que, salvo en Euskadi y en algún otro lugar, la base sociológica de IU (y militantes y dirigentes de esta formación) decidieron no apoyar el experimento de Garzón (con la fantasmagórica aparición de Julio Anguita ante un P.I. llorando a moco tendido).

Durante todos estos meses, incluida la campaña, los de Podemos han seguido contando con grandes ventanas mediáticas (a pesar de algunos análisis como el de López Agudín). Además, en un momento determinado, a Pablo Iglesias se le ocurrió “soltar” aquella sugerencia sobre el “control” de los medios privados para que a ninguno de ellos se le ocurriese levantar el pie del acelerador. La cuestión llegó hasta el punto de que, en El País, acusase a la Sexta de ser una cadena al servicio de Podemos. Uno tiene la impresión de que, después de lo ocurrido el domingo, la presencia de Pablo Iglesias y los suyos en las “teles” va a ser redimensionada de forma sensible. Y esto tendrá efectos generalizados: también en Euzkadi y en Catalunya.

Lo vivido en los últimos seis meses daba miedo. Aquella rueda de prensa de Pablo Iglesias asignándose la vicepresidencia, el CNI, RTVE,…Juan Carlos Monedero,  fuera de si, abroncando al personal por la cuestión venezolana mientras justificaba el encarcelamiento de López porque “había llamado a la desobediencia civil”. ¿Qué fue el 15 M y el “no nos representan”?. Los métodos “resolutivos” (casi estalinianos) de resolver las discrepancias internas,… El artículo-balance electoral de este señor en “Público” es la muestra más clara de la que nos hemos librado: “Los partidos políticos son instituciones cada vez más caducas, y en el siglo XXI vamos a caminar hacia formaciones más “líquidas”. El futuro del espacio antaño llamado izquierda va a ocuparlo una suerte de Frente Amplio donde Podemos va a ser la nave nodriza pero solamente eso. De manera que la confluencia con IU va caminando en la dirección correcta. Ahora bien, esa nostalgia de IU por lo pretérito es excesiva”.

Esta organización debe afrontar ahora una larga travesía del desierto sin tanto apoyo mediático y con algunas incógnitas que afectan a la cohesión interna. No sabemos cuál será el comportamiento de IU, no siquiera el de el Comu Podem (que se ha presentado como partido independiente para contar con grupo propio). Esta última fuerza está, además, en condiciones de jugar un papel en la política catalana y, en esta caso, a más autonomía de la “central”, mejor.

Su hace seis meses Podemos era decisivo (tanto como para hacer saltar por los aires el cambio), hoy es una fuerza sin excesiva capacidad de influencia en las Cortes más allá de las sesiones de control o plenarios. Algo parecido a lo que le ocurrió a Rosa Diez.

Quedan cuatro meses para las elecciones vascas y Podemos, sin las grandes cadenas de televisión, con la moral baja (el llanto irrefrenable de Carolina Bescansa era un poema a la desazón), podemos asistir al inicio del declive de una formación que surge como sindicato de cabreados. Así surgió la Forza Italia de Berlusconi, que debía ser la “nave nodriza de la derecha italiana”.

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