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¿Dónde está Otegi?

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Aitzol Pagoeta

Tras las elecciones municipales y forales del año pasado, los estrategas de la izquierda abertzale confiaron en la figura de Arnaldo Otegi como un catalizador de sus maltrechas filas. Coincidiendo temporalmente con la elaboración y puesta en marcha de la Ponencia Abian, según el articulista de GARA Iñaki Altuna, mediante la combinación de ambos factores, “se podría percibir que la izquierda abertzale y con ella sus aliados de EHBildu están recuperando el pulso político”.

La “puesta en práctica” de Abian significa que la izquierda abertzale vuelve a volcar sus militantes a la calle en la lucha por la negación de lo vigente. Testimonio de ello nos han dado tanto las consultas promovidas por Gure Esku Dago como la aparición del movimiento Gipuzkoa Zutik, negando la incineradora de Zubieta. Estas luchas sectoriales, junto con otras (como la lucha en la Universidad por parte de Ernai e Ikasle Abertzaleak), tratan de fraguar la concepción del Poder Popular que Abian formula. Se trata, como dice el teórico revolucionario Ernesto Laclau, de crear una “cadena equivalencial” en la que se aten múltiples y diversas luchas (a veces con diferentes aliados y enemigos, y donde los aliados de unas luchas –Gure Esku Dago- se convierten en enemigos de otras –Gipuzkoa Zutik-), buscando que una de ellas se conforme en motor de arrastre de todas las demás.

En este esquema estratégico Arnaldo Otegi sería el “líder carismático” que plantea Laclau, tomando a Hugo Chavez como modelo, capaz de cohesionar en una sola persona el múltiple de la “cadena equivalencial”. Otro articulista de GARA, Iñaki Soto, testigo de la intervención de Otegi en un acto del Sinn Fein mostraba la analogía entre él y Gerry Adams, señalando su “fuerza, capacidad y aceptación social” frente a la mediocridad de política vasca. Hay rasgos de peloteo al jefe en este artículo donde además se reprocha al propio movimiento una falta de capacidad de hacer soltar a Otegi, que ha tenido que sufrir la pena íntegra.

Por eso, el dirigente de Sortu Iker Casanova remarcó con fuerza que estas elecciones de junio iban a ser la primera vuelta de las autonómicas de octubre “que van a marcar un antes y después en la historia política de este país”, por la deseada ascensión al empíreo de la Lehendakaritza del ya citado “líder carismático” de la izquierda abertzale. El propio Otegi se sumó a esta proclamación de trascendentalidad histórica, dotándola de tintes metereológicos, cuando afirmó, antes de votar, que en estas elecciones,   “si el independentismo saca un rayo de sol, en octubre el verano se verá en Euskal Herria”.

El rayó de sol no salió sino todo lo contrario: la debacle electoral de la izquierda abertzale ha alcanzado grados históricos. El viento de Podemos, que concitaba en él todas las virtudes de la transversalidad, multiplicidad y centralidad sociológica que Bildu consiguió acoger en sus primeros tiempos, ha barrido de un solo soplo esas ilusiones. Una organización con un liderazgo casi desconocido, conformado por gente mayoritariamente nacida fuera de Euskadi, recoge los frutos primorosamente plantados por la izquierda abertzale, que se ve descabalgada de su autoproclamado papel de referencia dirigente de la izquierda y de la nación vasca.

Uno de los factores más llamativos de la noche de las elecciones fue la ausencia del “líder carismático”, Arnaldo Otegi, que desapareció como el entrañable Wally. Allá estuvieron candidatos, como Oskar Matute, o dirigentes de partidos coaligados, como Pello Urizar. Pero Otegi escapó a las cámaras como si el sol que anunciara se hubiese ocultado por la borrasca electoral. En vistas al próximo Congreso de Sortu, en el que Otegi será nombrado Secretario General, parece claro que los estrategas de la izquierda abertzale no quieren manchar la imagen “victoriosa” de Otegi, que inaugura esa “nueva etapa” de sustitución total de la dirección, mezclando su figura en un acto de valoración de resultados mediocres y asumiendo su responsabilidad en los mismos. Por ahora, podemos concluir que el “efecto Otegi” no ha sido tal sino, al contrario, a lo peor es un “defecto” y tiene razón Laura Mintegi –a la que le costará superar en votos el nuevo candidato de Bildu- cuando dijo aquello de que Otegi “quizá no habría sido el mejor lehendakari”.

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