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La dialéctica de la unilateralidad (2/3)

Imanol Lizarralde


Contradicción fundamental y contradicción principal

El principal logro del MLNV es haber abocado a Euskalerria a las puertas de un cambio político, llevado por su propia mano, “que tendrá como eje el reconocimiento del derecho a decidir (…) En la liberación nacional y social, ése es el nuevo ciclo político que estamos abriendo” (p. 32). A este ciclo de carácter local/estatal se le superpone otro ciclo que es global y sistémico:

“Nos encontramos también en un cambio de ciclo económico. Lo cual no quiere decir que vaya a producirse de por sí el derribo del actual modelo capitalista, pero teniendo en cuenta la crisis sistémica que dicho modelo esta viviendo, desde el punto de vista del modelo socio-económico, podemos decir también que estamos en una transición. Dicha transición puede tomar dos direcciones diferentes: La renovación del actual sistema capitalista, lo que nos llevaría a despeñarnos por un modelo que provocaría una mayor y más cruda opresión; o llevar a cabo pasos como pueblo hacia un modelo socialista que transformaría de raíz la situación actual” (p. 32).

Estos dos ciclos corresponderían a la contradicción principal (estado/pueblo) y la contradicción fundamental (capital/trabajo) en esta actual coyuntura con lo que ambos cambios y crisis de modelo político y económico convergen en una perspectiva revolucionaria. “El objetivo, por tanto, es llevar a cabo una transición global en Euskal Herria por el camino del proceso democrático”.

¿De qué modo enlaza el texto este entrecruzamiento de contradicciones locales/estatales/globales? ¿Cómo se insertarían en la problemática particular del MLNV en esta coyuntura de necesidad de acumular fuerzas tanto dentro como fuera de la mesa de la negociación? El documento lo expresa así:

“La transición que hay que llevar a cabo en Euskal Herria tendrá que estar caracterizada por la confrontación entre los modelos socio-económicos y las clases. Dicho conflicto está unido totalmente a las relaciones de fuerzas y a los medios a conseguir como pueblo. Es prioritario realizar una “oferta integral con perspectiva nacional y de clase y que el Pueblo Trabajador Vasco sea el motor del proceso de cambio” (p. 33).

Nos abrimos aquí al aspecto táctico de la contradicción principal que es “la resolución del conflicto” como oferta táctica en torno a la cual el MLNV “ha creado las condiciones para impulsar a modo de pueblo el cambio político y social” (p. 18):

“Para actuar como pueblo hemos creado una nueva filosofía o punto de vista, la clave principal es la capacidad de construcción de futuro desde las fuerzas políticas, sindicales, sociales de Euskal Herria y desde la activación y cooperación entre los ciudadanos”.

Estas fuerzas deben girar entorno a un “programa mínimo” como es el de la negociación de la situación de los presos y la consecución de los puntos del Documento de Gernika, cuyo objetivo es el de “desarrollar el proceso del pueblo que tendría la naturaleza constituyente” (p. 34), ya que, se trata de “una oferta que cumple con los deseos y las necesidades de la sociedad vasca, tanto táctica (Euskal Herria y el derecho a decidir) como estratégica (independencia y socialismo)” (p. 34).

Hay otro aspecto de la contradicción pueblo/estado que debemos remarcar como es la apelación inequívoca del texto a una conciencia global de lo vasco, más allá de las demarcaciones autonómicas y de los límites estatales. “Euskal Herria” se enfrenta así a “los dos Estados”, tanto al español como al francés. Y pese a que las ofertas y los ritmos son diferentes, estos convergen en el diseño global que el MLNV dispone de los siete herrialdes vascos en su antagonismo. Aunque “Udalbiltza” pueda parecer un referente paraestatal débil de representación esta realidad global, no debemos olvidar que este texto pulsa una conciencia real que sienten muchos vascos y que puede ser utilizada en pro del antagonismo. Frente a la “unidad” de Euskal Herria ante los Estados, también debe existir, por parte nacionalista, un proyecto estratégico para los herrialdes vascos que sea constructivo y que eluda y no caiga en el mimetismo del antagonismo.

Unilateralidad, iniciativa, hegemonía

La contradicción principal es definida, por el texto, en términos de enfrentamiento  “pueblo/estado”: “La nueva fase se basa en la confrontación que Euskal Herria como pueblo llevará a cabo con respecto a los dos Estados” (p. 34). El logro de la hegemonía dentro del marco vasco, sería la condición de posibilidad de una acumulación de fuerzas suficiente tanto dentro como fuera de la mesa de la negociación, para conseguir una posición dominante respecto al Estado, lo que significa “situar a la mayoría social, política e institucional a favor del cambio político y social (…) la capacidad que estos tengan para llevar a cabo y condicionar dicho cambio”. Eso consiste en:

“Una apuesta para la articulación izquierdista de los ámbitos favorables a la independencia y la soberanía. Sustituyendo y cambiando las hegemonías del autonomismo y de los diferentes ámbitos de poder actual”.

Vemos dos aspectos, el aspecto representativo-institucional (que en la actualidad detenta el PNV como fuerza mayoritaria) y el aspecto más profundo, como es el del funcionamiento de los “diferentes ámbitos de poder actual” (sea político-institucional o no), donde también hay que planear una hegemonía.

Llegados aquí, se impone la necesidad de analizar el concepto de “unilateralidad”. Este concepto también se divide en dos significados contrapuestos. Por un lado, está el significado que le dan muchos políticos, que consistiría en que el MLNV diera los pasos necesarios para fraguar el desarme de ETA. Luego está el significado que le otorga el propio MLNV, que es distinto. Volvamos un momento al análisis de la coyuntura de crisis del 2006: “Con todo esto, había que tomar la iniciativa, para salir de esos cepos y para poner las bases del nuevo ciclo político que tiene como objetivo el cambio” (p. 25). La unilateralidad sería el proceso de construcción de una correlación de fuerzas suficiente para hacer moverse al Estado y conseguir respecto a él una posición dominante. La clave está en “tomar la iniciativa”, que significa que el MLNV, una vez más, plantea una fase de distensión armada, para avanzar en la lucha. El documento señala la siguiente definición del término:

“Esa es una de las características de la estrategia: que nuestras posiciones se fortalezcan sin parar en nuestra nación y que se desgasten tanto como se puedan las del Estado. El bloque para el cambio que deberá ir articulándose de un modo permanente, sumándose y organizándose deberá fijar iniciativas nuevas en ase a esa situación dinámica. Por un lado, principalmente, en Euskal Herria, convirtiéndose en un bloque hegemónico, haciendo acuerdos para dar pasos unilaterales con los sectores que tienen que ponerse de acuerdo con el camino secesionista” (p. 42).

Esto se concretaría en una serie de “retos principales comunes”:

“-Completar las mayorías favorables al reconocimiento y derecho a elegir de Euskal Herria.

-Reivindicar y dirigir la solución del conflicto.

-Llevar a cabo la estrategia para la construcción nacional y la estructuración institucional.

-Dirigir la transformación social y económica.

-Hacer las ofertas electorales entre la fuerza abertzale y las izquierdistas” (p. 36).

Estos logros a conseguir tienen “su zona de acción en toda Euskal Herria” y es encomienda del propio MLNV liderar su consecución, en un proceso de arriba abajo: “se basará en los adelantos (avances) que se hagan conjuntamente de territorio en territorio, de comarca en comarca y de pueblo en pueblo. Esos ciudadanos Fundamentals afianzarán el empuje del pueblo y el proceso de naturaleza nacional”. Este sería un flujo del movimiento a las masas y que las masas tendrían que devolver al movimiento con la intención de presionar de modo efectivo frente al Estado, tras la consecución de la “hegemonía” en el propio marco vasco.

La unilateralidad sería así, de forma paralela, el despliegue de la estrategia del MLNV a lo largo y ancho de la sociedad, con la intención de la activación social y acumulación de fuerzas necesarias. Diferenciando las fases, ya que, como bien dice el documento, “las fuerzas que tenemos entre la sociedad y la confrontación con el Estado son fases diferentes (…). El ir dando pasos en la unificación de fuerzas de Euskal Herria nos hace fuertes y eficaces en el proceso nacional y en la confrontación con los dos Estados”. Es por ello que la primera fase, la de la hegemonía en el marco vasco, es la que se tiene que implementar en estos momentos de forma prioritaria.

La unilateralidad tiene, también, otra virtud: no compromete al MLNV más que a través de sus propias decisiones. El compromiso con otros agentes políticos (con el PNV en Lizarra, con el Estado en los diversos procesos negociadores) ha supuesto posteriormente un revés que ha influido interna y externamente. En este sentido, dice ETA, afirma, por un lado, que “hay una unión con las decisiones de lo que la Organización tiene que hacer”. Mientras que por otro lado, “viendo el momento del proceso y la apuesta en la que nos encontramos, no es el momento de tomar decisiones que nos puedan apresar” (p. 50).

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