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El orsay socialista

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Joxan Rekondo

El Séptimo Congreso del PSE se ha celebrado en un marco de pérdida de apoyo social y presencia institucional que no tiene precedentes en la historia del socialismo vasco. Entre las elecciones forales y municipales del año 2011 y las autonómicas del 2012, los socialistas han perdido alcaldías emblemáticas, se han quedado al margen de los ejecutivos forales y han salido arrollados del Gobierno Vasco. Su poder municipal es ya escaso (solo les quedan 8 alcaldes en toda la CAV), han perdido toda capacidad de influencia territorial y, si no se orientan adecuadamente, también pueden quedar en orsay en el Parlamento Vasco.

Estas estrecheces institucionales del partido, cuyo mayor capital político y social se desenvuelve en torno a la administración de las cosas públicas, limitan su maniobrabilidad. De ahí que la expectativa de una militancia deseosa de salir de la impotencia política se concentrara en un Congreso que se presentaba bajo la rúbrica de ‘Ideas que crean futuro’. Lejos del ámbito objetivo del poder público, para realizar la travesía de la oposición es recomendable buscar el norte perdido en la subjetividad de las ideas, de la que bien puede venir la paulatina recuperación del proyecto. Pero, lo deseable sería que no fuera un refugiarse en la subjetividad que llevara consigo el abandono de la política real.

La impotencia de la que hablo podrá parecer exagerada. Pero, en el discurso con el que clausuró el Congreso, Patxi López verbalizó ajustadamente los más vivos temores de los congresistas: “debemos adaptarnos para no desaparecer en la irrelevancia. Y se comprometió a “crear nuevos inicios”. La cuestión, sin embargo, es saber si el Congreso ha tomado todas las decisiones que podría tomar para que el socialismo pueda eludir los malos presagios y tenga la oportunidad de un reinicio fructífero. Queda la duda: ¿qué quiso decir Patxi López con que el lugar de los socialistas “no es en el gobierno, ni en la oposición, sino en la calle”?

A la vista de las resoluciones aprobadas por el congreso del pasado fin de semana, parece que son el empleo, la ética democrática y el modelo territorial, las cuestiones que primordialmente configurarían la agenda política del reinicio del PSE. Las tres corresponden a debates reales, a encauzar en el lugar que representa al conjunto del país, el Parlamento Vasco, en el que también están presentes los socialistas.

¿Ideas novedosas para el futuro? Habrá que esperar a algo más que lo que de los debates congresuales se pueda deducir. Por ahora, se quiere conjurar la incertidumbre de la militancia agudizando el natural giro lingüístico que provoca el paso del gobierno a la oposición. Se convoca a agruparse en torno a la izquierda de la que se quiere ser referente y vanguardia. Si a eso se acompaña esa renuncia a gobierno y oposición y la convocatoria a la calle, cabe pensar que ese reinicio del socialismo vasco puede desorientar todavía más a los suyos. Excepto que logre perfilar un proyecto de ‘izquierda de calle’ distintivo de la izquierda abertzale, y todavía así, es posible que termine siendo manipulado por ésta.

Los problemas del PSE son tres. El primero, tal y como el propio secretario general reconoció en el discurso del sábado, es el referido al partido, que necesita un tratamiento inmediato de apertura, cercanía, participación y transparencia ante la sociedad. Otro problema, de acuerdo con el eslogan del Congreso, es el ideológico. Los socialistas no deben olvidar que en una comunidad en la que la conciencia de lo social prevalece sobre otras prioridades, la gente no se somete al fetichismo de las palabras sino a la realidad de los hechos. En este país, las fuerzas políticas se clasifican en dos: las que han contribuido en la práctica a que Euskadi sea una realidad de cohesión social y desarrollo humano y las que no lo han hecho. Los socialistas están en el primero de los grupos, pero hay fuerzas que se auto-denominan de izquierda vasca que han hecho todo lo posible para derribar cada ladrillo de progreso que demanda esta sociedad. El tercer problema se refiere a la gestión que los socialistas están realizando de su pasado más reciente. No están obligados a revisar la decisión que, en el año 2009, les llevó al gobierno, pero a la vez les alejó del centro político del país. Pero,  parece que su empeño en convertir en fantástica (mediante el “yo estuve allí”) la experiencia de gobierno del PSE con el PP tendrá efectos negativos en la credibilidad del reinicio pretendido. Porque evoca una continuidad con la época política que más ha alejado al PSE de su electorado. Porque refuta la imagen de recuperación de la identidad socialista perdida. Y porque al mitificar ese periodo encierra al partido en sí mismo, al salvaguardarlo de toda mirada crítica, por muy constructiva que sea.

El riesgo del Congreso de los socialistas es que suponga una huida hacia delante, esperando avanzar en el tiempo, y que la catarsis interna se produzca de modo natural, sin costes internos. O esperando un cambio de tendencia y unas nuevas elecciones… en España.

En todo caso, muchos deseamos lo mejor para los socialistas. Que puedan crear su reinicio sin perder la referencia de su mejor tradición histórica y democrática. Muchos de nosotros quisiéramos ver a un PSE plenamente recuperado. Pero, quisiéramos verlo reubicado aquí. De nuevo en el eje político que ha vertebrado durante años este país y lo ha empujado hacia el progreso social. Un socialismo vasco, al que ahora corresponde, como diría nuestro primer lehendakari Agirre, ser “un instrumento de positiva influencia en el gobierno del país”.

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