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Legislatura para la Unión Vasca

Joxan Rekondo

Las elecciones vascas de ayer se inscriben en el ciclo de normalización iniciado en mayo de 2011. Es respetable que se recurra a la comparación con las anteriores de 2009. Pero, aquellas se observan lejanísimas. El Parlamento del 2009 fue un parlamento corto de representación, de corta producción legislativa y de ciclo corto, que se sabía desbordado desde aquel mayo pasado.

Los resultados de del 21-O tienen, como es obvio, enseñanzas para todos. Para los que mayor retroceso han sufrido, PSE y PP, es el coste a pagar por una operación de Estado, eufemísticamente calificada como ‘regeneración democrática’, sin respaldo real en el país.  Para EH Bildu, su evolución decreciente demanda una cura de humildad. El empate o el deseo de cambio social que, tras los primeros sondeos, querían ver Larreina (que aun creía tener 26 escaños una hora después de cerrado el escrutinio)  o Ugarteburu no ha sido respaldado por los resultados reales.

La mayoría de los ciudadanos vascos quiere a Urkullu y su equipo (o no quieren a Mintegi y EH Bildu)  al frente de esta delicada etapa, con la prioridad puesta en la crisis económica, pero también en la paz y el autogobierno. Si ha habido cambio social, ha sido en Araba y Gipuzkoa, gobernadas por PP y Bildu. Y el empate en una Gipuzkoa harta de Garitano y de Izagirre.

Ganador con claridad, Urkullu tiene una inmensa tarea por delante. Su compromiso más repetido ha sido la necesidad de afrontar nuestros desafíos por la vía del acuerdo y la unión. ¿Podrán oponerse las demás fuerzas a una invitación de este estilo? Todas han conjugado el verbo acordar y se han opuesto a fracturas internas. Es el momento de la verdad. Un lehendakari Agirre al que ya todos han convertido en referente político, decía que en su gobierno (ideológicamente tan plural o más que la nueva composición parlamentaria) “nunca hubo discrepancias en la respuesta práctica a las cuestiones sociales”. A ver si cunde el ejemplo entre los que recurren, aunque sólo sea en campaña, a exponerse en el Carlton.

Debe predominar lo social y lo económico. Pero, ahí está también la consolidación de la paz. Euskadi necesita lecturas más amplias de Aiete que esa tan rácana que impone la izquierda abertzale. O el autogobierno, el status político de la comunidad vasca, cuya nacionalidad no puede ser cuestionada. El acuerdo es una buena vía, pero en un país organizado de forma federativa, el acuerdo (sobre los grandes temas) además de contrastarse en el Parlamento debe implicar a los Territorios, dada su condición de sujeto originario de la Comunidad.

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