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El ¿Gobierno Abierto? de Navarra… como Juan Palomo

Ander Muruzabal bere blogean

Cuando hace ya casi un año echaba a andar la actual legislatura en Navarra con los mimbres y las políticas de siempre, algunos percibimos una novedad en los planteamientos de gobierno, en este caso por parte del vicepresidente Jiménez, que nos hizo albergar la esperanza de que algo podría cambiar.

Los que llevamos tiempo interesados en el tema del Gobierno Abierto y hemos escrito sobre él, su necesidad y sus dificultades, y estas mismas páginas son buena prueba de ello, creímos que los primeros movimientos del Gobierno y su novedosa forma de encarar la redacción dela “Leyde Transparencia y Gobierno Abierto de Navarra” podrían dar el resultado apetecido, hace unos días hemos conocido el resultado. Fue un error…

No se si ha sido la natural querencia de UPN por la opacidad y sus formas “txiringuiteras” de entender la política y la administración pública lo que ha abortado el proyecto o que desde el principio solo se trataba de dar un maquillaje tecnológico a la acción de gobierno olvidando que el Open Government es una cuestión democrática no tecnológica y que no es lo mismo Open Government que Política Spam, el caso es que una vez más el tren ha pasado por la estación sin que hayamos sido capaces de cogerlo.

Y me explico…

La ley, como bien dice su nombre, trata de regular las dos características fundamentales de un verdadero modelo de Gobierno Abierto; la transparencia y la participación política, y lejos de establecer ambos principios lo que hace es limitarlos y someterlos a discrecionalidad por parte de la propia administración pública, burocratizando el acceso a la información pública y limitando la participación a la escucha selectiva de aquello que le interesa oír y de quienes quiere oír, cercenando la más mínima posibilidad real de participar enla decisión. Esosi, aderezando el texto con unos cuantos caramelos tecnológicos y unas, muchas más, declaraciones de intenciones. ¿Es transparencia legislar sobre los procedimientos a que deben acudir los ciudadanos para obtener información pública, los requisitos que deben cumplir o los plazos y la discrecionalidad de la administración para proporcionarla?

Una verdadera Ley de Transparencia debe partir del reconocimiento de una obviedad como que la información pública es eso; pública, y que por tanto su titular y propietario es el ciudadano. Y legislar sobre la obligación y los plazos que se da la propia administración pública para ponerla disposición de todos ellos en los soportes adecuados; accesibles, reutilizables y gratuitos, y sobre los límites que debe tener el derecho de acceso a ella, que no pueden ser otros que la protección de datos personales y el secreto, limitado en el tiempo, que deben mantener aquellas actuaciones administrativas que por su naturaleza así lo requieran.

¿Es Gobierno Abierto establecer mecanismos de “escucha activa” en soportes interactivos y actuar en ellos de manera unidireccional, crear estructuras de participación política meramente consultivas y legislar sobre la capacidad administrativa de establecer discrecionalmente quienes los componen y, por fin, obviar cualquier mecanismo de participación de estos o de los ciudadanos en la decisión política?

Una verdadera Ley de Gobierno Abierto debe contemplar el proceso de participación desde sus cuatro etapas; información, escucha, debate y decisión, y, por supuesto, no puede dejar en manos de la administración pública el papel de árbitro a la hora de decidir a quien o qué escucha de manera discrecional, y una verdadera Ley de Gobierno Abierto debe establecer mecanismos de participación en la toma de decisiones.

El Gobierno Abierto de Navarra no ha nacido con buen pié pero de una detallada lectura de algunas de las enmiendas que ha aportado la oposición, podríamos pensar que estábamos a tiempo de corregir el rumbo y que si de verdad el PSN quería implantar el Open Government la sede parlamentaria le podían ser mucho más favorable que los despachos de Carlos III… Y una vez más, y van… la decepción ha sido incluso mayor que las expectativas que levantó el proyecto.

Hace pocos días nos desayunábamos con las informaciones de prensa sobre el triste final de ¡todas! las enmiendas de la oposición al proyecto; el contenedor de residuos no reciclables. Lo que en otro tipo de tramitaciones, no por habitual menos incomprensible, estamos acostumbrados a asumir con fair play inglés, cosas de la mayoría parlamentaria, es en una Ley que trata de ofrecer la posibilidad de participación política a los ciudadanos un disparate de proporciones bíblicas. Aplicar el rodillo parlamentario a una Ley de participación es lo más parecido que se puede organizar al dicho popular, “Juan Palomo… yo me lo guiso, yo me lo como…”

¿Qué garantías de Gobierno Abierto puede ofrecer una Ley que parte de un vicio de origen que es negar la escucha y la propia participación a los representantes políticos de esos ciudadanos a quienes pretende dar voz? ¿De verdad ninguna de las enmiendas presentadas era merecedora de un mínimo de atención y estudio? ¿Se va a hacer lo mismo con las aportaciones y demandas de los ciudadanos que la Ley pretende regular?

Esta Navarra de nuestros desvelos lleva ya un tiempo caminando por la senda del desconcierto, el sectarismo y la exclusión de más de un treinta por ciento de sus ciudadanos y ya no nos asusta casi nada, pero desarrollar una Ley de transparencia y Gobierno Abierto desde la opacidad y la exclusión es un sarcasmo al alcance tan solo de dirigentes que han perdido cualquier atisbo de conexión con la calle.

Así pues, no le queda más remedio al autor político del desaguisado; el vicepresidente accidental Jiménez, que retirar el engendro y a sus responsables técnicos un discreto mutis por el foro y dejarlo para mejor ocasión. Pocas veces tan pocos se habían reído tanto de la ingenuidad de tantos…

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