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El Cristianismo de ETA

Jon Urtubi

El jueves por la noche 19 de abril fue un día en que muchos hogares vascos estuvieron pendientes del partido del Athletic en Lisboa. Sin embargo, en nuestra ETB-2 y a la misma hora que los leones de Lisboa y Bilbao se enfrentaban en otro canal privado, el canal autonómico emitía uno de sus programas dedicado la transición política dirigidos por Iñaki Gabilondo.

En la citada emisión Gabilondo daba paso a dos grandes “expertos sobre ETA” llamado Jesús Casquete e Izaskun Saez de la Fuente quienes disertaron, en unas entrevistas grabadas incluidas en el programa, sobre la naturaleza ideológica de ETA. Entre imágenes de atentados terribles, con escenas de personas en medio de de charcos de sangre tiradas en las aceras características de los “años de plomo”, el comentarista donostiarra y los expertos citados daban rienda suelta a su particular interpretación del origen de semejantes acciones que el espectador escuchaba (en este caso yo), impactado y horrorizado ante las imágenes terribles que se emitían en la pantalla.

Según los entrevistados expertos, ETA es una organización deísta donde el sacrificio primitivo es parte esencial de la estética donde predominan la invocación  a Dios y a la patria como sujetos de un imaginario que procede de una cosmovisión religiosa. Para ambos expertos, cuya tesis reafirma Gabilondo, el mito y la religión constituyen la parte sustantiva de la ideología del MLNV y éste es una vanguardia popular que utilizó formas marxistas en décadas pasadas (PTV, vanguardia obrera…) pero que más allá de la semántica externa y la adecuación a formas de lucha propias de la transición, poseen en esencia un contenido de fuertes connotaciones religiosas y cristianas.

Los expertos continúan afirmando (con la elocuencia de quien habla desde una tribuna científica) que hay un nexo evidente entre la Iglesia y ETA y que la organización es la continuación moderna del Eusko Gudarostea de 1936. Todo ellos viene corroborado por miembros de la extinta EE y el actual PSE-EE como Teo Uriarte o el exararteko Xabier Markiegi. Uriarte profundiza sobre la idea de que ETA es la parte más peligrosa y avanzada de la ideología nacionalista del PNV. En el límite del paroxismo llega a hacerse un símil entre la ideología de ETA y la matriz política del estado actual de Israel, afirmando que se vislumbra en ETA un mesianismo bíblico que también se atisba en dicho estado (lo que dicho sea de paso, convierte a Israel en “peligroso” como viene afirmando históricamente toda la vanguardia revolucionaria Europea, entre ella, el MLNV). Los expertos no diferencian entre el proyecto sionista como tal, que no se trata así sino que se extiende a todo el pueblo israelí, en un ejercicio de reduccionismo político propio de gente iletrada y analfabeta. Resulta alarmante que un movimiento de liberación nacional en el que se encuentra encuadrada la izquierda radical vasca, que abarca un sistema de alianzas internacional en el cual se incluye la causa de los palestinos en contra de Israel sea tildado de lo contrario de lo que es. ¿Cómo es posible que tales patrañas sean defendidas con impunidad desde un medio de comunicación público?

La emisión de programas como este además de ser una afrenta a los nacionalistas, cuya ideología se pretende criminalizar supone un desprecio a la ciencia y el conocimiento en general y por supuesto y sobre toda consideración, un desprecio a aquellos que han sufrido en sus carnes la violencia terrorista de ETA, puesto que prescinde de la ideología en cuyo nombre la organización revolucionaria (como se autodenomina en todas sus comunicados y apariciones públicas) ha asesinado durante las últimas décadas. Supone también un ataque a la inteligencia, la cultura y al método científico, al prescindir de lo que ETA dice de sí misma, prescindiendo de los comunicados y los documentos más importantes de la organización. Y supone también un ataque a la verdad, puesto que personas como Gabilondo, Saez la Fuente y Casquete pretenden endosar y diluir la responsabilidad de personas concretas de la organización sobre cuestiones etéreas como los mitos, los fenómenos sacramentales, la religiosidad del imaginario del pueblo vasco, y la necrofilia como fenómeno sociopolítico.

Es llamativa la falta de respeto del programa por las víctimas del terrorismo, pretendiendo ocultar la responsabilidad ideológica de la izquierda revolucionaria sobre el fenómeno de la violencia endosándoselo a principios filosóficos que se atribuyen a la generalidad del pueblo vasco, con lo que ello implica de hacer diluir la responsabilidad criminal en el pueblo vasco, más allá de la responsabilidad de personas concretas. Hay que llamar la atención también sobre la erótica y el culto del programa a la andadura política de exmiembros destacados de ETA y ETA (pm), como Mario Onaindia, poniendo en evidencia la simpatía de los responsables del programa hacia la ideología de esta suerte de exmilitantes que juzgan la labor política de los demás sin mostrar ningún arrepentimiento sobre su actividad política (no tan lejana en el tiempo) y considerándose jueces de política vasca desde una autoridad ética que el programa parece conferirles.

Los personajes que aparecen en el programa hacen descansar la responsabilidad de los crímenes en la religión, la fe, el cristianismo y el sentimiento nacional vasco. Si la paz con mayúsculas que el Gobierno Vasco dice perseguir con emisiones en horarios de máxima audiencia de programas como este que destilan simplismo intelectual y maniqueo propio de desinformados (uno pensaba que Gabilondo era un periodista con formación), flaco favor es el que hace a la consecución de una paz en claves de justicia.

Mientras los hijos y nietos de los nacionalistas que defendieron el derecho a la vida en toda consideración sigan vivos, habrá escritos como estos que reivindicarán la honradez y la talla ética de nuestros mayores. Ni siquiera los análisis de quienes ven la raíz de la violencia de ETA en la religión, prescindiendo de todo análisis científico, riguroso, serio y moderno, son capaces de dar marcha atrás a las agujas del reloj: no fueron los cristianos, ni los nacionalistas los que asesinaron a las víctimas de ETA. Fueron los militantes de ETA que lo hacían porque categorizaban a los ciudadanos en función de criterios de clase, lo que propiciaba su liquidación física. Aunque los que estaban en ETA entonces mientan hoy, jamás podrán dar la vuelta a la verdad y aunque cuenten con la ayuda de la televisión pública para ello.

Vaya de paso, un homenaje desde aquí por todo lo expresado hasta ahora, a todos aquellos que creyeron en el valor del decálogo y a los que desde el humanismo cristiano se enfrentaron a la acción criminal de ETA desde sus comienzos.

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