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Premisas para gestionar el final de ETA

Imanol Lizarralde

El experto en procesos de paz de la UAB Vicenc Fisas, nos habla, en un artículo de El País, acerca del como gestionar el final de ETA. La premisa que preside su texto es que ETA “estaría condicionando su fin definitivo a la legalización de Sortu”. Fisas afirma que “lo habitual en estos casos es que ETA llevara ya un tiempo manteniendo un diálogo discreto con el Gobierno para establecer los términos de su disolución”. En este sentido, prosigue:

Lo esperable es que un grupo armado quiera obtener unos beneficios razonables de su desaparición, y en el caso de ETA, en el momento actual, es lógico que condicione su fin a que exista una representación política que luche por la independencia del País Vasco desde las instituciones políticas y por medios democráticos, y que intente gestionar condiciones favorables para sus presos. No se trata de una amnistía, aunque advierto que en otros lares es lo habitual, sino de pactar con el Gobierno la salida de los presos que hayan cumplido una determinada condena, el fin de la Ley Parot y una amnistía para los perseguidos que no sean por delitos de sangre. Volverían personas exiliadas o huidas, y saldrían en libertad un número considerable de presos.

Fisas considera que tanto la legalización como la liberación de los presos son el precio político que ETA quiere poner a la paz. ¿Es eso verdad? La experiencia histórica cercana y los textos recientes de ETA no dicen lo mismo. En el proceso de Loyola, los representantes socialistas propusieron esas dos cosas a cambio de la paz, además de un acuerdo político amplio. Tanto en el santuario como en las posteriores conversaciones en Ginebra en el 2007, la organización armada y los representantes políticos del MLNV rechazaron un acuerdo político, la legalización y la liberación de los presos. Y aunque en estos momentos los líderes del MLNV resalten las cuestiones de la legalización de Sortu y la liberación de los presos como los dos puntos de la agenda del proceso de paz, ninguno de ellos ha afirmado que ese es el precio de la paz definitiva

El problema de la perspectiva de Fisas es que se basa en el “tenor de las últimas noticias” y no en el análisis de la trayectoria coherente de la estrategia conjunta del MLNV. Para el MLNV, el fracaso de Loyola fue debido a que se montó un proceso de paz formal pero que no se consiguió una movilización popular y una acumulación de fuerzas paralela. En estos momentos, el MLNV está de facto legalizado con Bildu y tiene en sus manos una serie de amplios poderes institucionales. Y la maquinaría de la movilización se encuentra a pleno rendimiento. El proceso se sostiene por qué el MLNV avanza política y socialmente. En este contexto, la legalización de Sortu o la liberación de los presos son dos jalone más de un camino, que tiene también otros jalones. Esa es otra cosa que Fisas no apunta: la gestión del fin de ETA puede ser una gestión que dure largos años. Por tanto, la legalización y la salida de los presos son dos puntos de esta gestión, no la solución definitiva.

En su autoridad casi omnisciente y autootorgada de experto en conflictos (“lo digo con conocimiento de causa por que me dedico a seguir todos los que hay en la tierra”) Fisas cae en el espejismo de que por que cualquier conflicto tenga una serie de pasos formales (como son el de la negociación, el de la cesión de cosas que antes se consideraban irrenunciables, etc) todo consiste en cumplir esas formalidades. Sin embargo, este proceso tiene cuestiones particulares esenciales, como cualquier otro proceso tendrá las suyas. Lo importante no es que se deben cumplir unos pasos sino que cada proceso tiene su particularidad. En el caso vasco, además, nos topamos con la peculiaridad de que este es el cuarto proceso de paz en 40 años de lucha político-militar del MLNV. Las experiencias anteriores nos advierten de que por mucho que se cumplan formalidades y metodologías estas no sirven por que lo esencial es la voluntad particular de las partes, y en este caso de una parte, la del MLNV.

Fisas insiste en la idea de que el Gobierno español negocia con ETA y le añade un par de cuestiones más:

Un escenario como este no se ventila a través de un comunicado público, sino que se negocia, y no me extrañaría que se estuviera haciendo. Es lo más lógico. Es más, deseo que así sea, y que se haga con el mayor secretismo, por la simple razón de que de lo contrario, si se conocen los pormenores de la negociación, saldrán las voces de la derecha que prefieren que ETA continúe existiendo para demonizar a la izquierda abertzale, y algunas asociaciones de víctimas boicotearán el proceso.

Fisas aboga directamente por el “secretismo” respecto al proceso. Aquí también le falla la perspectiva histórica de la situación concreta, es decir, el calibrar cuales son las consecuencias de llevar a cabo ese “secretismo”. En el caso del último proceso de paz, las conversaciones secretas entre los socialistas y los líderes de Batasuna supusieron que el PSOE firmaba un Pacto Antiterrorista con el Partido Popular cuyo objetivo era desalojar al PNV de las instituciones y cuya consecuencia fue la criminalización de todas las iniciativas políticas del nacionalismo institucional, como fueron los dos planes de Ibarretxe, que fueron tildados como “planes de ETA”, mientras los socialistas pactaban con ETA y con los representantes políticos del MLNV:

El “secretismo” es un mal que no puede convertirse en bien. La opacidad de los procesos políticos lleva casi siempre a la corrupción del sistema democrático, donde la inexistencia de la presencia de una opinión pública contrastada es el acicate para que los que comparten el “secreto” actúen en función de sus propios intereses, en detrimento de los intereses generales. Es más, la propia ETA, organización clandestina donde las haya, no es favorable a una opacidad total de las “conversaciones”, ya que como decía en una entrevista que le hicieron el 2010:

“En cualquier caso, el protagonista del proceso democrático debe ser Euskal Herria. Si resulta innegable que debe haber trabajo de cocina, la puerta de la cocina debe estar abierta y los aromas ricos o agrios se deben oler en el comedor popular. Así, sólo podrán ofrecerse platos adecuados al deseo popular.”

Es evidente que el llamado “trabajo de cocina” tiene su propia proyección pública y ETA plantea la venta de esto bajo su propia perspectiva, con la intención de “ofrecer platos adecuados al deseo popular”. Fisas prescinde que la venta de las conversaciones es también un frente de lucha entre ETA y el Estado y propugna el mayor de los mutismos, con la esperanza de que del silencio del secreto de las catacumbas pueda surgir el aria de la solución definitiva.

La justificación de tal “secretismo” es una alusión a la presencia de una derecha que prefiere “que ETA siga existiendo” y el boicot de algunas asociaciones de víctimas. Aquí, sin pretenderlo, Fisas nos encara con algunas de las particularidades de este proceso. Siendo el sistema español un bipartidismo de facto entre un partido de la derecha (el PP) y un partido de la izquierda (el PSOE), ¿es prudente acometer el proceso sin que exista un acuerdo previo entre los dos grandes partidos? ¿qué el estado converse con ETA cuando el poder político está dividido –y el partido de la oposición puede llegar próximamente al poder- no es conversar en una situación de debilidad frente a la organización armada? Esto es lo que señaló la propia organización armada en un texto del 2009, cuando hablaba de la debilidad y la falta de fiabilidad de los socialistas a la hora de negociar en la coyuntura de final de legislatura. El “secretismo” que propugna Fisas ¿no significa fiarlo todo a las alturas o bajuras de unas conversaciones secretas en las que tenemos que poner toda nuestra fe, sin saber lo que se maneja? Desde una perspectiva democrática eso es algo inasumible; desde la perspectiva de la resolución del conflicto, hemos visto que diversos secretismos han servido para dar cobertura a componendas innombrables que finalmente no han traído la paz. Fisas concluye de esta manera:

ETA desaparece porque es débil, ciertamente, pero sobre todo porque ha perdido sentido para quienes le apoyaban anteriormente, y una organización de este tipo no puede funcionar sin una base social de apoyo. Las cosas han cambiado, para bien, y en ello ha sido fundamental el liderazgo de Arnaldo Otegi, que convendría que estuviera en libertad lo antes posible, precisamente para dirigir de forma inteligente los posicionamientos de la izquierda abertzale ante una coyuntura de normalización, haciendo de contrapeso de las torpezas del señor Garitano, ante un hecho tan sensible y fundamental, para ahora y más para el futuro, como es el reconocimiento a las víctimas de ETA y el reconocimiento del dolor causado en estos años.

Fisas reconoce que es el conjunto del MLNV “la base social de apoyo” de la organización armada. Y por tanto que la persistencia de ETA depende fundamentalmente de ese apoyo –y, digo yo también, de la fuerza que tenga el conjunto del MLNV en una situación determinada. También remarca las bondades del liderato de Arnaldo Otegi como otra cuestión “fundamental” de cara al actual proceso. Y lo contrapone con el institucional Martín Garitano, como si la trayectoria político-institucional del MLNV estuviera en contradicción con el espíritu sano del encarcelado Otegi.

Fisas prescinde que la actual evolución del MLNV y el parón de la lucha armada se hacen con la intención explicitada de vencer. Es la ambición de victoria la que marca los movimientos del MLNV. Por tanto, una vez proclamado el alto el fuego, todas las consideraciones que puedan perjudicar la coherencia histórica del MLNV en tanto a movimiento político-militar, como puede ser el daño causado a las víctimas de ETA en las últimas décadas, es otro terreno de lucha. Pretender ver una contradicción entre un Garitano que obstinadamente elude el compromiso institucional con el sufrimiento de las víctimas y un Arnaldo Otegi, al que él le otorgaría el premio Nobel de la Paz, es otro ejercicio de wishful thinking, que no tiene en cuenta la coherencia de rumbo del conjunto del MLNV de cara a este proceso. El MLNV representa un movimiento cohesionado y unido que actúa de forma coordinada, mientras que Fisas lo fía todo al oído cocina del que oye susurrar “las últimas noticias” y el espejismo de que todos los procesos son iguales.

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