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Formalismos euskaldunes (y 2)

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Jon Inchaurraga

El nombramiento de Jon Juaristi como vocal del Consejo Consultivo del Euskera y las desafortunadas declaraciones del Lehendakari López sobre la relación entre el euskera y la violencia me han “obligado” a retomar este artículo, con el fin de seguir denunciando el cinismo de los dirigentes de los partidos constitucionalistas en el tema del euskera. Declaraciones como las de Patxi López desacreditan a quién defiende que el euskera es “la lengua de todos”, lo hace por tres razones: la primera por unir al euskera con la violencia,  la segunda por su reincidencia y la tercera porque López no habla euskera. Matiza Luis Haramburu Altuna en un artículo en El Correo (“Euskara y libertad”) las palabras del Lehendakari.

Emplea una metáfora muy certera para definir el “modus operandi” del mundo del MLNV que, como el cuco, usurpa el nido ajeno. Así lo ha hecho con el mundo del euskera, las selecciones vascas y, a este paso, lo hará con parte de la historia del nacionalismo vasco. Lo que parece no recordar Haramburu Altuna ni nadie es que no es la primera vez que el Lehendakar López une al euskera con la violencia política del MLNV. En el mitin que dio el Lehendakari en la manifestación de repulsa por el asesinato de Eduardo Puelles, el López afirmó en el discurso que leyó que “un asesino euskaldun ha matado a un ciudadano” (“hiltzaile euskaldun batek hiritar bat hil du”) y opuso al asesinado (ciudadano) con el asesino (vasco/ euskaldun); negando al asesinado esa doble condición y al mismo tiempo señalando a lo “euskaldun”/ vasco.

El caso de Jon Juaristi es también muestra de esta actitud hacia la lengua vasca. Es cierto que Juaristi es euskaldun y ha sido estudioso de la lengua vasca, pero resulta dudoso que para alguien que considera que le es “indiferrente” el futuro de la lengua vasca esté en un consejo que busca conservarla y desarrollarla. Puede que, como su admirado Unamuno, desee que el euskera tenga una muerte digna y se convierta en lengua de museo.  Sin embargo, el objetivo del Gobierno vasco es totalmente opuesto, ya que se supone que busca su desarrollo para que sea un vehículo de comunicación efícaz. Es por eso que resulta por lo menos paradójico que se pida ayuda a alguien que confesó en Euskadi Irratia que tampoco le daría un disgusto “muy grande” que el euskera desapareciese. Ésta no ha sido la única confesión de Juaristi. En su época de poeta ya escribió que no volvería a hablar en “esa ingrata lengua”, promesa que ha incumplido. De hecho, Juaristi achacaba ese incumplimiento a la “dicotomía entre hombre y poeta”, por lo que habría que preguntarse hasta qué punto es sincero en sus obras (entre ellas, su autobiografía). Lo evidente es que Juaristi no debe concebir que la poesía es “el lenguaje del alma”, como tampoco siente al euskera como una lengua suya. En la misma entrevista de Euskadi Irratia, Juaristi también afirmó que el euskera “no es su idioma”, porque no es su primera lengua.

Juaristi y López, además, se han tomado muy mal las críticas. Juaristi, en su tono faltón, se defendió insinuando que los abertzales tenemos “inclinaciones” por las ovejas. Un argumento sorprendente que dejó en evidencia que poco más podía aportar Juaristi como defensa. Desde hace un tiempo, la defensa que emplean él y otros “conversos” es el ataque indiscriminado contra el nacionalismo vasco. Cuando no hay argumentos, hay que insultar que algo queda. La técnica habitual es la polarización entre ellos (buenos) y los abertzales (malos). Juaristi la emplea en el artículo y nos califica de mentes “pre-lógicas”. Tiene mucha lógica y responde a sesudos estudios calificar al euskera de lengua de “pastorcillos y sencillos aldeanos”. El Gobierno vasco también ha empleado esta técnica. Ya se ha criminalizado a la Ertzaintza y se ha insinuado que poco hizo ante ETA. Hoy día, sin embargo, se utiliza con mayor frecuencia la “afirmación sin base” o la “indignación constante”.

El actual Gobierno cree que el papel lo aguanta todo y que la gente es estúpida. Por eso, se indigna enérgicamente cada vez que se le crítica, como si se les estuviera faltando al respeto. En este caso, Idoia Mendia, negó que López ligase al euskera con el terrorismo y achacó las críticas a que “determinados agentes políticos sólo pretenden generar polémica”. Confundir la crítica con la polémica es muy grave desde el punto de vista democrático y muestra una clara falta de espíritu autocrítico. Estos dos defectos son muy propios del nuevo Gobierno vasco. Patxi López y sus consejeros piensan que como tienen la complicidad de la mayoría de los medios de comunicación, las demás organizaciones y los ciudadanos debemos hacerles la ola cada vez que digan o hagan algo.

En democracia, la libertad de expresión es uno de los derechos fundamentales.  Sin su desarrollo, resulta imposible el desarrollo de la democracia y separarlo de la obligación de escuchar es un error que la invalida, ya que la diferencia entre el totalitario y el demócrata es que el primero únicamente habla, mientras que el segundo también escucha. El nacionalismo español aún no ha desarrollado la habilidad de escuchar y se cree que tiene el derecho a realizar lo que quiera con total impunidad. El nombramiento de Jon Juaristi como miembro del Consejo Asesor del Euskera y las palabras de López hacen un flaco favor al euskera. De hecho, un Gobierno que desea que el euskera sea de todos no puede invitar a un consejo a alguien al que la mayoría de los nacionalistas vascos “no le caen simpáticos”.  Es por eso que como ha pedido hoy Pello Salaburu, el Gobierno vasco se disculpe ya que “un perdón a tiempo por haber utilizado una afirmación que ha molestado a sectores que tienen mucho que ver con la lengua y nada con la violencia deja las cosas mucho más claras”. Será difícil bajar a Patxi López de su nube. Quizás el próximo asesor del Consejo del Euskera sea Mikel Azurmendi y tengamos que aplaudir con las orejas a quien afirmaba en su artículo “Lengua y terrorismo” que “Nos guste o no, parte de nuestra sociedad asocia el euskera con quienes van de la mano de ETA” .

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