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Días de memoria y olvido

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Iñigo Lizari

Hoy 10 de noviembre se celebra el día de la memoria. Así lo dice la campaña institucional  que se viene haciendo en los medios de comunicación. Sin embargo la realidad concreta la memoria en algo mucho más puntual, la memoria de las victimas del terrorismo. Bien esta lo bueno, pero aquí hoy trataremos de puntualizar algunas cosas más.

Con la campaña institucional que se ha impulsado a base de cortes publicitarios, parece ser que se nos incita a que en ese día nos acordemos de aquellos que no están aquí entre nosotros porque un día una acción terrorista los asesinó, y entonces se los llevo de entre nosotros.

Los cortes publicitarios se escuchan diversas voces que dicen “como le gustaba ir al monte” “como disfrutaba de la primavera”, y mi pregunta es: ¿Es justo que los recordemos todos en su inocencia?

Si las victimas que hay que recordar, son los asesinados, entonces, yo no creo que se puede poner en el mismo lugar del recuerdo de su inocencia a un simple empleado de correos al que le estalló en la cara una bomba de ETA que a un etarra asesinado por una bomba de los GAL que se hubiese prestado en cualquier momento a preparar un paquete explosivo como el que asesinó a ese inocente empleado de correos, aunque el delito cometido frente a ambos sea idéntico: Asesinato. De la misma forma en que no puede formar parte del mismo lugar del recuerdo de su inocencia a un torturador oficial y miembro de la brigada político-social como Melitón Manzanas que fue asesinado por ETA que un Segundo Marey secuestrado por los GAL que no hubiese sobrevivido a los interrogatorios de este condecorado oficial.

Mi padre durante un tiempo fue un miembro activo de amnistía internacional. Aún tengo la imagen de él redactando cartas con su vieja máquina de escribir exigiendo la liberación de personas que se hallaban presas por sus opiniones políticas en distintos países del mundo. A mi padre se lo llevó un accidente de tráfico, no se lo llevo ningún atentado terrorista. Pero si mi padre hubiese sido aquel empleado de correos asesinado por un paquete bomba, -lo siento, tengo mis limitaciones- hoy por hoy, yo no podría aceptar compartir su memoria con la de aquellos Etarras que estaban dispuesto a colocar esos paquetes bombas, ni con aquellos asesinados por ETA que se dedicaban a realizar aquellas practicas criminales que mi padre tanto se dedicaba a condenar en su tiempo libre.

Pero yo no creo que las victimas del terrorismo sean sólo los asesinados, y por ello no creo justo que un día de la memoria nos tengamos que acordar sólo de ellos. Los muertos, que sepamos biológicamente ya no sufren después de morir. Por el contrario, sus allegados vivos sufren todos los días, por el vacío que se les queda en su vidas, y por la situación en la que se les deja. Y creo que la atención debe de estar en mejorar la situación tanto económica como anímica en la que han quedado tras la perdida de sus personas allegadas.

Yo hoy quiero hablar del terrible olvido que de forma continuada se está cometiendo sobre algunas de estas personas allegadas. Por ello, para que sean equiparables los supuestos, voy a poner en ejemplo de dos personas bien diferentes, pero igual de inocentes, padres de familia y hombres comprometidos políticamente, enteramente entregadas a su ciudad y a la gobernanza local, uno llego a ser alcalde y otros no pasó de concejal, pero con el tiempo bien que hubiera podido llegar a serlo. Me refiero a los casos del vilmente asesinado Fortunato Agirre, alcalde Estella en 1936 y del vilmente asesinado Gregorio Ordoñez en el año 1995, ambos casos del pasado siglo XX. Mi preguntas es ¿Los hij@s de ambos que aún viven hoy han tenido el mismo tratamiento por parte de este Estado que se dice democrático y de derecho?

Javier hijo de Gregorio Ordoñez habrá crecido paseando por una ciudad que tiene dedicado una de sus principales calles a su padre. Javier podrá ver las imágenes en donde a su padre se le concede un funeral de Estado. Habrá podido ver como a los asesinos de su padre se les detiene y se les lleva a cárcel. Su madre ha recibido por parte del Estado una considerable indemnización, si bien nunca el estado podrá devolverle a su marido. Y Javier no habrá podido estar todo este tiempo con su padre y crecer junto a él.

¿Por qué calles ha transcurrido la infancia del hijo de Fortunato Agirre, Jose Miguel? ¿Qué funerales de Estado se le ha concedido a su padre, todo un alcalde, todo un  vasco navarro de orden, católico, demócrata y humanista comprometido con su tierra, su ciudad y sus gentes? ¿Qué justicia se ha realizado sobre sus asesinos? ¿Acaso no son estos hijos de inocentes que han sido vilmente asesinados, que no han tenido nada de esto tan elemental, los que deben de constituir una autentica prioridad para que antes de que mueran se les pueda reconocer y reintegrar la dignidad debida, haciéndoles justicia en la medida de lo posible? ¡Esta gente aún vive! Fortunato Aguirre tiene hijo e hijas que están entre nosotros.

Todo lo que ha hecho ETA me parece repugnante y execrable. ETA nunca debió de existir. Todo lo que se ha hecho a favor de Gregorio Ordoñez, de su mujer y de sus hijos me parece necesario y esta bien. ¿Pero los hij@s de Fortunato Aguirre no necesitan de nada hoy aquí y ahora también?

Mientras aquí se da nombres a plazas, se gastan millonarias cantidades de dineros en parques para esta memoria  de unos terrorismos que sumados no llegan a los mil muertos, nada se hace a favor de la memoria de unos muertos de régimen totalitario impuesto por golpe militar que se llevo cientos de miles de muertos por delante, por no hablar de los derecho que fueron pisoteados durante décadas y décadas.

Mientras suceden todos estos homenajes a estas victimas del terrorismo, con muy poco implicación institucional, y siempre de la impagable mano de gentes como la Sociedad de Ciencias Aranzadi, aquí en unos cuartos oscuros, a esos allegados que son las verdadera víctima2s sintientes, se les da únicamente los huesos de su “aitatxu” o de hermanito, ¡y que no se quejen! porque todo esto es “gracias a los socialistas y  a su ley de memoria histórica”.

Para la Presidenta del Parlamento Vasco, la PPera Arantza Quiroga, el clamor de estas gentes que acabo de citar responde sólo al “rencor acumulado” durante tantos años, y el derecho a la dignidad y la justicia la tienen sólo las víctimas de ETA, y sólo ellas deben de ocupar el centro de atención política. Para la parlamentaria por el PP y hermana del vilmente asesinado Miguel Angel Blanco, los españoles decidieron en su día dar carpetazo y olvidar a esa otra cuestión, y no se debe de entrar en ella. ¡Si una y otra actitud tienen algo que ver con la más elemental empatía humana y caridad cristiana, que venga Dios y que me lo diga!

Lo que sí creo, es que mientras se dedica un día del año a la memoria de las victimas del terrorismo y eso está bien, se llevan dedicando los 365 días de todos estos años al olvido de esas victimas de la golpe militar Franquista y su posterior represión, y esto no puede ser. No sirve la excusa de la Ley de la amnistía, pues esta ley no exime de otras cosas, ni esta preconsticional Ley está exenta de poder ser derogada, entre otros por una simple interpretación progresista o humanista de la actual constitución, que permite además el control de constitucionalidad difusa de aquellas leyes anteriores a la constitución española de 1978.

La ley de unos hijos crecidos de la dictadura Franquista no tiene porque ser incuestionable para los nietos de los mismos. Si consideramos a Thomas Jefferson, la dedicación de Jefferson al “consentimiento de los gobernados” (plasmada en su borrador original de la Declaración de Independencia) fue tan completa, que creía que los individuos no puede ser moralmente obligados por las acciones de las generaciones anteriores. Esto incluye las deudas, así como la ley. Dijo que “ninguna sociedad puede hacer una constitución perpetua o incluso una ley perpetua. La tierra pertenece siempre a la generación en vida.” Incluso calculó lo que él cree que es el ciclo adecuado de la revolución legal: “Toda Constitución y todas las leyes, como es natural, expiran a finales de diecinueve años. Si se ha de aplicar más tiempo, es un acto de fuerza y no de pleno derecho.” Llegó a los 19 años a través de cálculos con tablas de la esperanza de vida, teniendo en cuenta lo que él cree que es la edad de “madurez“, cuando un individuo es capaz de razonar por sí mismo. No hay razón para que no se puedan cuestionar esos pactos, más si se considera que no fueron libres, y que las partes no se hallaban en igualdad de condiciones.

Existe sólo 24 años de entre la primara victimas contabilizada de ETA (1960 una inocente  niña de 22 meses) y la “primera” victima en Euskadi del golpe militar Franquista (año 1936). Nos quieren hacer creer que esos 24 años en realidad son 240 años.

En Argentina el día de la memoria, se llama “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia” es el día en el que se conmemora en Argentina a las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar que gobernó el país, autoproclamada Proceso de Reorganización Nacional. Se conmemora anualmente el 24 de marzo en recuerdo del mismo día de 1976, fecha en la que se produjo el golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, dando inicio a la dictadura militar.

Ojalá algún 18 de Julio se comience a conmemorar algo bien diferente a los que se conmemoraba hasta hace muy poco. “Verdad y justicia” para todos y por igual.

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