Aberriberri bloga

La debilidad militar como debilidad política

Imanol Lizarralde

En estos momentos parece que dentro del MLNV se renuevan los viejos debates que ya estaban cerrados. Lo hemos visto respecto al caso de la identidad vasca desde la perspectiva revolucionaria del MLNV. También respecto a la utilidad o la función de la lucha armada. El historiador y ex miembro de la Mesa de HB Josemari Lorenzo Espinosa vuelve sobre este último tema en un artículo de GARA (Fuerza ideológica y debilidad militar, 1-7).

¿Por qué se repiten estos debates? En el caso del debate sobre la identidad vasca, con la divisoria establecida por el MLNV entre un nacionalismo “esencialista” (el del PNV, el nacionalismo histórico) y un patriotismo revolucionario (el creado por ETA), se trata de ajustar la idea de la liberación nacional con los valores de las corrientes más radicales de la izquierda europea y mundial. En el caso del debate sobre la lucha armada, la cercanía de un “proceso de paz”, la teoría gubernamental de la “debilidad de ETA” así como el desprestigio último que sufre la lucha armada, exigen un repaso, desde la perspectiva de la ideología clásica del MLNV, de las razones por las que la lucha armada es considerada necesaria e incluso imprescindible.

Lorenzo Espinosa mezcla y combina de forma intencionada dos planos: el nacional y el internacional, desde la perspectiva de la existencia, a lo largo del mundo, de pueblos opresores y oprimidos. El historiador parte de la cuestión nacional vasca:

“La editorial de GARA del 23 recordaba una antigua idea de Otegi según la cual es en el terreno político e ideológico donde el independentismo es más fuerte”.

Y desemboca en un paradigma de globalización de la situación de Euskadi a todo el mundo:

“Otegi y el editorial de GARA seguramente tienen razón. Los argumentos independentistas, la ideología de la liberación de los pueblos oprimidos es superior y más fuerte que las falacias imperiales”.

Fijémonos en que Lorenzo Espinosa habla de la “ideología de la liberación de los pueblos oprimidos” que es la manifestación del aspecto local de una confrontación global, la que enfrenta a opresores y a oprimidos, donde los EEUU son el paradigma de esa opresión global. Es la perspectiva revolucionaria de la “liberación nacional”, creadora de los numerosos “movimientos de liberación nacional” a lo largo del mundo y de la que el MLNV es manifestación en Euskadi. Por eso, Lorenzo Espinosa no tiene ningún empacho en equiparar la situación de Euskadi con la de Afganistán. La divisoria entre opresores y oprimidos (franceses, españoles, americanos y sus lacayos, en un lado, y en el otro, los “insurgentes” talibanes o de ETA) constituye la línea de antagonismo que divide a las naciones y los estados.

Frente a la constatación de la razón moral convertida en razón ideológica “de la liberación de los pueblos oprimidos”, Lorenzo Espinosa apunta también a que:

“Se admitiría también (…) que los pueblos invadidos suelen ser (son) más débiles en el plano militar”.

Lorenzo Espinosa adjudica a los “pueblos oprimidos” una debilidad militar intrínseca a la de actuar desde su naturaleza de pueblos “ocupados” militarmente. Desde este esquema, es ETA el representante armado del “pueblo oprimido” vasco. La debilidad de ETA, nos quiere decir el historiador, es consustancial a su propósito de liberación, ya que necesariamente tiene que luchar contra fuerzas superiores, como lo hacen los heroicos talibanes de Afganistán en contra de fuerzas internacionales. Lorenzo Espinosa, finalmente, se da cuenta que por mucha razón moral que se tenga, esta no es suficiente, puesto que los Estados,

“No tienen razón, pero tampoco les hace falta, ya que controlan a quienes la tienen. Su ideología no necesita ser la verdadera, sino la dominante, la más ruidosa, la que tiene más altavoces. Y esto lo consiguen perfectamente con todo el aparato de propaganda puesto a su disposición por el poder económico dominante”.

La existencia de un “poder económico dominante” es la garantía para que los “estados” tengan a su disposición todo un aparato propagandístico que más allá de su razón les sirve para implantar sus ideas. La opresión se debe a un “sistema” global. De esta manera, hay un constatable déficit democrático:

“Llegamos a la conclusión de que no basta tener razón ni superioridad política, además hay que controlarla, poseerla en su plenitud, difundirla, abrirla y poder transmitirla en igualdad de condiciones. Y esto no es otra cosa que la utopía democrática. Como sabemos, imposible de realizar en un sistema de ocupación irracional como es el de España/Francia contra Euskadi”.

La “utopía democrática” de la que nos habla Lorenzo Espinosa constituye una situación imposible, una “igualdad de condiciones” a la hora de difundir las ideas de cada colectivo que no puede darse en este planeta imperfecto. Nuestro articulista, atribuye esa imposibilidad real a la existencia de un “sistema de ocupación” que es global, pero que a nuestro nivel local es identificable como la “ocupación” de España y Francia sobre Euskadi, concluyendo con un canto poco elegíaco a la resistencia armada de los “pueblos”:

“Es el terreno militar. Las fuerzas invasoras (puede verse todos los días en Irak, Afganistán y otros) constituyen un bloque militar superior. Los independentistas apenas arañan con sus acciones, a veces sólo semiarmadas, este enorme y rocoso bloque. Y ello a costa de demasiadas bajas, sufrimiento y daños colaterales.

Pero el caso es que esta “inferioridad” militar de los insurgentes no puede ser controlada por los ocupantes, con la misma facilidad que controlan la “superioridad” ideológica. Su enorme capacidad para el dominio político se desvanece cuando tratan de “derrotar”, por las armas, a las milicias armadas, a los “terroristas”… Es decir, a quienes de verdad les acosan y provocan miedo o terror fáctico. Y no ideológico”.

Esta reflexión y su valoración son coherentes con el pensamiento clásico sobre el tema habido dentro del MLNV. Concretamente, coincide en lo esencial con uno de los escritos más importantes de la historia del MLNV, el Agiri de ETAm de 1974, elaborado por José María Beñaran, Argala, uno de los principales jefes políticos e ideólogos de la historia de ETA. Este decía:

“Tampoco podemos jugarnos todas las cartas a la democracia (que de ningún modo puede considerarse el marco político donde los trabajadores vascos pueden ser libres) porque ello significa liquidar el único elemento verdaderamente inasimilable por la burguesía, la única garantía de conseguir nuestros objetivos finales: la lucha armada”.

Frente a la razón moral de los pueblos oprimidos del mundo, se encuentra el dominio ideológico y militar del capital y sus delegados estatales. Esta es la perspectiva marxista-revolucionaria que rige al MLNV y de la que Lorenzo Espinosa no es más que un ortodoxo portavoz. La razón moral no puede implantarse porque los medios de comunicación, derivación de los medios de producción, están en manos del enemigo. Y en este contexto, los casos de Euskadi y Afganistán lo prueban, los “pueblos oprimidos” tienen el recurso de la lucha armada como mecanismo compensador de su debilidad, aunque sea un mecanismo “a costa de demasiadas bajas, sufrimiento y daños colaterales”.

Lorenzo Espinosa rescata la antigua reflexión revolucionaria sobre la Guerra Popular que combina el factor subjetivo (la razón para rebelarse por parte del débil) con las condiciones objetivas para esa rebelión (el enemigo es más fuerte, tiene más medios…). Dentro de este esquema de combate desigual en el ámbito local y en el ámbito internacional entre opresores y oprimidos, la lucha armada es un instrumento que sirve para la lucha contra la opresión por que es un elemento incontrolable por los “Estados”, en coherencia con la máxima de Argala de que la lucha armada es “la única garantía de conseguir nuestros objetivos finales” por constituir un factor “inasimilable por la burguesía”.

En este sentido, el artículo de Lorenzo Espinosa es una admonición a lo que el denomina, “las intenciones pacifistas de la izquierda abertzale”. Advirtiendo a esta de que su “superioridad política e ideológica”, no es lo que realmente preocupa al poder o pone a este en cuestión:

“Su única preocupación seria (se les nota hasta en la respiración) es no poder controlar, como les pasa a los americanos hoy, a los ingleses y franceses en sus antiguos imperios, la respuesta fáctica de los “vencidos”

La reflexión de nuestro historiador, por tanto, se refiere al debate dentro del MLNV acerca de la función de la lucha armada para los actuales momentos. Lorenzo Espinosa señala la persistencia de una confrontación global: en Irak, Afganistán y Euskadi existe la misma lucha y la misma división antagónica entre opresores y oprimidos.

Los estrategas del MLNV son conscientes del papel de la lucha armada, que sirve para abrir y cerrar procesos negociadores, cambiar los sistemas de alianzas, provocar legalizaciones o ilegalizaciones, así como para mantener sitiado al enemigo político mediante el asesinato y la amenaza. La lucha armada constituye un factor central para el MLNV, no sólo desde la perspectiva de que su organización matriz fuera ETA. La lucha armada es un elemento de presión evidente dentro de cualquier proceso de paz o proceso político que se establezca en Euskadi e incluso en el Estado español.

¿Cómo preservar las cualidades intrínsecas de la lucha armada en ese combate desigual? Esa es la disyuntiva que plantea Lorenzo Espinosa a aquellos del MLNV que hablan de la razón moral de los oprimidos como única arma. ¿Qué hubiera sido del MLNV sin la lucha armada? Sería algo inimaginable y estéril plantear la cuestión en estos términos. La lucha armada fue la mecha que encendió la rebelión con la que el MLNV se ha ido construyendo a lo largo de su historia. Sin ella, cambiaría de naturaleza y esencia. Así nos lo prueba Lorenzo Espinosa.

Por tanto, de cara al próximo proceso de paz no perdamos de vista este tipo de consideraciones, que son las que tendrán en cuenta los próximos interlocutores del MLNV con el Estado. Incluso en un proceso de paz (ya lo hemos visto anteriormente) la lucha armada tiene un papel, un papel más decisivo si cabe. Y la presión no sólo tiene que ser presión sino que tiene que ser incontrolable por el Estado. Es lo que vimos en el último proceso de paz y lo que podemos ver en el siguiente: el cambio de “respiración” por parte de los representantes del poder constituido ante la capacidad descontroladota de la lucha armada en cualquier circunstancia.

Exit mobile version