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El “empoderamiento” de la sociedad vasca

Jon Inchaurraga

El último artículo del Beramendi y Rekondo, así como el escrito por el Ubillos en este blog, que ahondan en la idea “un modelo social y nacional que se apoya en el esfuerzo de integración permanente de los disconformes, a través del diálogo y la práctica democrática”, vuelven a poner encima de la mesa el papel de la sociedad vasca ante la violencia de ETA y el conflicto político vasco. Es bien sabido que en épocas de “movimientos en la izquierda abertzale” y de brindis al sol de dirigentes del PSOE como Jesús Eguiguren, la sociedad vasca pasa a un segundo plano y se convierte en un títere de las voluntades de ambos extremos. Así para el MLNV la sociedad vasca quiere un “nuevo escenario” y para el PSOE, ésta desligitima a ETA (y si “cuela” también al nacionalismo vasco). Las dos afirmaciones son, en cierta medida, verdad. La utilización política, sin embargo, es tan partidista que pervierte ambas afirmaciones, ya que el MLNV quiere darnos a entender que la sociedad vasca dice “amén” al nuevo escenario que ellos plantean de igualdad entre ellos y el Estado a la hora de negociar el futuro de Euskadi, mientras que el PSOE confunde sus deseos de “ETA = nacionalismo vasco” con la realidad.

A pesar de las diferencias evidentes entre el MLNV y el PSOE hay un punto de unión: negar, de manera práctica, la palabra a los vascos. El MLNV lo hace a través de la coacción y la violencia política y el PSOE, que ha dejado la violencia hace 20 años, reduciendo la palabra de los vascos a las elecciones. Este deseo, consciente o inconsciente, de esterilizar a la sociedad vasca debe llevarnos a impulsar un nuevo término, utilizado por las ONGD (Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo), y que define a la perfección el papel que debe tomar la sociedad vasca ante los nuevos tiempos. El “empoderamiento” es: “el proceso por el cual las personas, conscientemente, fortalecen sus capacidades, confianza, visión y protagonismo como grupo social de cara a impulsar cambios positivos en las situaciones que viven, reforzando así el control y la autonomía de cada individuo en su propia vida y la de su sociedad” (medicus mundi gipuzkoa número 11). Una dinámica que profundiza en la importancia del individuo dentro de la colectividad, sin que ésta ni sus representantes lo diluyan, buscando un equilibrio entre la persona y el grupo. Un proceso en el que las instituciones vascas canalicen esa voluntad ciudadana, sin ahogarla, tal y como defienden políticos del PNV y de H1. Porque la razón de Estado no está por encima de las ansias ciudadanas, ya que defenderlo sería “totalizar” el papel del Estado y reducir al ciudadano y a la sociedad a una mera comparsa, reduciendo su derecho a crear colectividades a su medida.

Aun así, el camino no es tan sencillo. Las actuales instituciones que más vascos representan no están por la labor de “empoderar” a la sociedad y ya lo han dejado claro. El PSOE no se va a “dividir” entre “socialistas vascos” y “socialistas españoles” y qué decir de UPN. Además, el MLNV tampoco va a hacer nada porque los vascos tomemos la palabra. No hay más que ver cómo en anteriores procesos han ninguneado a las instituciones vascas gobernadas por abertzales. Lo hacen porque saben que ahí reside la voluntad de los vascos que tanto les molesta, ya que da la espalda a sus planes totalitarios y deslegitima sus coartadas. Asimismo, tácticamente, la salida del PNV del Gobierno vasco le ha venido bien al MLNV, porque ya tiene una razón para marginar al Nacionalismo vasco de la “supuesta solución” que propone. Además, el MLNV sabe que cuenta con la adhesión de Eusko Alkartasuna y ELA, además de otros abertzales “sin partido”, que aplauden con las orejas cualquier paso que den, aunque sean vueltas en círculo. Así, además, parecen más.

Es por ese juego tenebroso por el que los vascos debemos empezar a ser conscientes de que el futuro nos lo jugamos nosotros. La solución a los problemas de nuestra Tierra la debemos dar los propios vascos. No puede ser que quién nos mete en una situación de terror negocie nuestra libertad en despachos ajenos en nuestro nombre y que sus dirigentes sean homenajeados como “buenos patriotas, dignos de admiración”. Es realmente intolerable y paradójico que quienes detentan el Gobierno de los vascos no hagan nada y se dejen seducir por la idea de  poder decir a sus nietos “nik pakea ekarri nian Euskalerrira”. Los defensores del “Pensamiento único” español les llenarán de honores, pero como con la Transición española siempre habrá quien pregunte: “zeren truke?”.

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