Aberriberri bloga

Reflexión sobre Euskal Herria

Read Time:4 Minute, 51 Second

Jon Inchaurraga, Xabier Zubiri

Introducción

Creo que antes de cualquier reflexión sobre cualquier tema es necesario identificar los conceptos. Cuando hablamos de Euskal Herria hablamos del concepto cultural del Pueblo vasco. Aquel que pasa por encima de cualquier administración política o judicial. Cuando hablamos de Euskadi, sin embargo, hablamos de la reivindicación política de Euskal Herria como estado-nación. Pienso que separar ambos conceptos es imprescindible para poder desenmarañar esto que se llama “conflicto vasco”. Un “conflicto” dividido en dos partes; la parte política (el problema del encaje de Euskadi en España y en Francia) y la parte “militar” (el aprovechamiento que hace ETA del conflicto político para amordazar la voluntad de la sociedad vasca a punta de pistola).

Difícil solución

En una tierra tan plural como la nuestra, es imposible encontrar una solución al “conflicto vasco” (político). Euskal Herria es una zona de contrastes; en la que se hablan tres idiomas y hay múltiples formas de entender “lo vasco”. Asimismo, la estructura jurídico-política impide una fácil solución territorial, ya que los cambios políticos serían muy lentos. Aun así, no hay que perder la perspectiva de la voluntad popular. En Euskal Herria la mayoría de los ciudadanos, aun sintiéndose vascos, no tienen porqué desear un estado independiente. Lo que si es cierto, en cambio, que nadie tiene derecho, por muchas leyes o Estados que existan, para negar a cualquier pueblo su derecho a ser lo que desee. La democracia exige tolerancia y pide también respeto a las peticiones legítimas que se hagan. El derecho de autodeterminación es un derecho reconocido y si el Pueblo vasco quiere hacer uso de él, nadie puede impedirlo.

La violencia no sirve

ETA debe desaparecer. Para que el Pueblo vasco pueda avanzar en su historia necesitar dejar atrás a la organización que lleva cincuenta años amordazando la voluntad popular de los vascos. ETA, con su planteamiento militar, es el mayor impedimento para el desarrollo de la democracia en Euskal Herria. Por encima de las medidas “ilegalizadoras” del España o del jacobinismo francés, la conculcación del derecho a la vida es la mayor lacra de esta tierra y sólo tiene un responsable: Euskadi Ta Askatasuna.

El final de ETA pasa porque ellos mismos decidan. Los vascos sólo podemos presionarles, que no coaccionarles ni utilizar los métodos que emplea la organización con los vascos, y deslegitimar su actividad y sus símbolos. Eso pasa porque quién lleve una camiseta a favor de la Amnistía de los presos de ETA se sienta culpable y se la quite o porque quién pida el legítimo acercamiento de los presos de ETA a las cárceles vascas no crea que esa petición viene porque los presos sean héroes; sino porque los Derechos Humanos (que ETA no respeta) lo ampara.

Para crear las condiciones para que ETA desaparezca hay que ser “mejores que ellos”. Eso pasa por unos tener valores éticos firmes. Unos principios que sepan distinguir el grano de la paja; diferenciar las reivindicaciones legítimas del MLNV y las ilegítimas. La “Euskal Herria socialista” o el “NO” al Tren de Alta Velocidad son reivindicaciones legítimas; mientras que empleo de la violencia de persecución para conseguirlas no lo es. Es cuestión de ir quitando “excusas” al mundo violento sin caer en el camino de la concesión política. La paz es el objetivo, pero no tiene cualquier precio.
El futuro europeo
Es imprescindible unir el futuro de Euskal Herria con el de la Unión Europea. La globalización está quitando poco a poco el poder a los estados y se lo está cediendo a las empresas. Esta nueva situación puede ser una oportunidad para que Euskal Herria sea un polo de atracción de capital, lo que le permita desarrollarse económica y socialmente sin tanta dependencia estatal. Pero no sólo debemos importar; sino también exportar. Nuestro modelo empresarial cooperativo es un capital a expedir al mundo.

Los vascos debemos ser motor de la globalización, pero sin caer en los excesos en los que han caído quienes han abocado al mundo a esta grave crisis económica. Para eso sería necesario abogar por valores que han estado asociados al vasco como “honestidad” o “trabajo”. Suena utópico, pero es preciso marcar unos objetivos para intentar cumplirlos.

Conclusión

“La persona no podrá salvarse si no se embrida a sí misma y asume la responsabilidad de autolimitarse en el ejercicio de sus capacidades” (“Pueblo Vasco y Soberanía”; F. Garmendia).

Las soluciones eternas no existen. Por eso, es necesario ir renovando los pactos anteriores y amoldarlos a los nuevos tiempos. En Euskal Herria es hora de revisar las leyes que nos rigen y de ponerlas en un nuevo contexto globalizado. Aun así, sin el consenso necesario es imposible que esto salga adelante. No hay que impedir ningún proyecto, pero tampoco imponerlo. Es una frase muy sencilla, pero que muchas veces es difícil de cumplir porque cada ideología cree tener la llave mágica para llevar a esta tierra a la “Arcadia Feliz”. Por eso, es necesario labrar de nuevo la cultura foral del “pacto” y añadir en letra pequeña el cumplimiento de los acuerdos. No es normal que el Estatuto de Autonomía de Gernika esté incumplido treinta años después de haber sido aprobado.

De todos modos, no hay que olvidar que son los vascos quienes construyen su país. Son ellos quienes han de tener la llave del futuro vasco, sin intrusiones. Para eso es necesario una pedagogía ética que ahonde en la necesidad de un “deber ser” común vasco. Una obligación que exija empatía con el adversario político y honestidad con uno mismo. Pero para conseguir esto, primero hay que analizar sin prejuicios la raíz del problema vasco y separarlo totalmente del problema de ETA. Son dos problemas diferentes cuya unión dificulta el sofocamiento de la tensión política vasca. En el espíritu crítico, la formación y la comprensión está parte de la solución

Salir de la versión móvil