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Ciudadanías (3): Localidad Desnacionalizada, Multilocalidad e Interculturalidad

Iñigo Lizari

Quisiera en este capitulo hablar de otro fenómeno cada vez más creciente que ha pasado de ser una realidad de hecho a una realidad de pleno derecho. Casos que nos resultan muy próximos, cuando una persona se desplaza a vivir a otro lugar, sintiéndose del nuevo lugar a la vez que sigue sintíendose de su lugar de origen. Y a su vez, si comparte su experiencia vital con otra persona, esta persona también puede llegar a sentirse del lugar de origen de su amigo: el primero sufre una ciudadanía localizada pero desnacionalizada mientras que el segundo vive una localidad múltiple.

Para ello debemos tener claro claro que no cabe oponer identidad local a identidad universal, que la asunción de mi localidad es la renuncia a mi universalidad. Somos seres humanos y por tanto seres sociales. Necesitamos sentirnos parte de algo y no puede ser artificial ni impuesto. Cuando lo sentimos tenemos esa seguridad te aleja de sentirte desgraciado y todo lo que suponga reducir el dolor en esta vida me parecerá siempre éticamente, desde una razón práctica, loable.

Enmanuel Kant creyó en la república universal pero Enmanuel Kant nunca salió de Konnisberg. Él era Prusiano pero no por ello dejaba de ser universal. Yo que soy vasco, quiero seguir sintiéndome vasco, quiero ver prestigiada mi identidad vasca y no renunció con ello a la universalidad porque estoy abierto a otra gente con otra identidad y a la vez ir conformando mi identidad con la suma de los que vaya aprehendiendo. El universalismo es el localismo bidireccionalmente abierto al mundo. ¿Pero qué sucede cuando consecuencia de lo que Ulrich Beck bautizó “glocalidad” los individuos ya no tienen una localidad única, sea vasca, donostiarra, bilbaína.. sino que en su experiencia va adquieriendo una localidad múltiple, sintíendose a la vez donostiarra y berlinés, o vasco e irlandés?

Siendo mi mujer senegalesa, concretamente de Ziguinchor, mi hijo habla ya euskara y habla en Mankayne con ella y con su hermana, un idioma minoritario de allí, pero el idioma que le servirá para hablar con su familia y sentirse parte de algo, no sólo aquí sino también allí. En cuanto a mí, viviré con atención lo que sucede en mi ciudad pero también viviré con intesidad lo que suceda en esa ciudad senegalesa, porque pasaremos muchos veranos y está mi familia politica. Pero nada de eso implica mi renuncia a ser vasco ni a sentirme donostiarra y ese interés puede llevarme a integrarme e involucrarme en la vida política de allí, sin que ello me convierta en Senegalés. Esto es una simple cuestión de hecho: mi localidad ya no se reduce a mi ámbito local vasco, sino que ya soy múltiplemente local.

Veamos ahora la inversa: ¿qué sucede con muchos ciudadanos de la Unión Europea, que viven y trabajan en Donostia, Iruña, Gasteiz o Bilbao, que participan de nuestra vida social ya formando parte de una tamborrada de una sociedad gastronómica, del carnaval, de Mari Jaia, San Fermín o Celedón y que participan como profesionales incluso en equipos adscritos a la planificación urbana o estratégica? Por Derecho puede partipar tanto activa como pasivamente en las elecciones municipales? Estas personas son donostiarras de Derecho pero son a la vez extranjeros, una ciudadanía localizada pero ajena a su nacionalidad de origen, una nueva ciudadanía localizada pero desnacionalizada.

Esta la vivimos con especialmente con los intracomunitarios, pero la adscripción a una ciudadanía localizada en el lugar en donde se vive y se trabaja debe ser entendida como un derecho humano básico al margen de la nacionalidad de estos ciudadanos. Esta nueva ciudadanía localizada pero desnacionalizada debe merecernos a los nacionalistas vascos toda la consideración que ello merece pues lejos de constituir una amenaza constituye la mayor  oportunidad que se nos brinda con los nuevos tiempos. Estos nuevos donostiarras y bilbaínos y baracaldeses, tendrán en el futuro hijos que nacerán ya aquí, que podrán ser no solo ciudadanos de pleno derecho sino nacionales de pleno derecho al cabo de un tiempo. ¿Qué reto plantea esto a nuestro nacionalismo vasco?

Debe abordar la oportunidad de hacer a estos nuevos vascos partícipes de la vieja lengua de Aitor sin descender de aquél, pues descenderán de otros mitos que les han sido transmitidos. A través de ellos enriqueceremos de nuestra cultura, redundando en una verdadera interculturalidad superadora de cualquier espíritu asimilacionista. Ajena al asimilacionismo construido con la revolución francesa e imitada por UPD y PP, que practican un negacionismo del estadio de una multiculturalidad que debe ser gestionada para confluir en una interculturalidad efectiva.

Vivir la ciudad es sentirse feliz y responsable. Que todas las personas que viven en la ciudad sientan que les pertenece. Pero no es lo mismo cohabitación de culturas que integración. Reproduzco aquí las palabras de José Serna Andrés en un artículo titulado “Vivir la ciudad” de la revista municipal “Bilbao”:

“Vivir una ciudad no es lo mismo que vivir en una ciudad. Vivir la ciudad es sentirse feliz y responsable. Que todas las personas que viven en la ciudad sientan que les pertenece. Pero no es lo mismo cohabitación de culturas que integración. Y en Bilbao la cultura vasca, la cultura castellana, las culturas de los distintos países de donde son originarios sus habitantes han de fecundarse mutuamente, sin diglosias, sin eludir los conflictos reales, pero sin actitud de repliegue o confrontación, creyendo en la complementariedad y en el enriquecimiento mutuo.”

La identidad de una persona está hecha de múltiples pertenencias, y mayor número de pertenencias mayor riqueza de esa identidad humana. Con las pertenencias pasa como con los idiomas, se pueden ir sumando, con ellas construimos nuestra identidad del mismo modo que con la suma de idiomas construimos nuestro conocimiento. No se puede hacer del hecho de ser vascoparlante una cuestión de religión donde o se es católico o protestante. Se puede ser bilingüe y el problema en nuestra sociedad con los idiomas es que no todos son bilingües. Y nuestra sociedad sería aún más abierta si fuéramos todos cuatrilingües.

Tenemos que defender con sinceridad la necesidad de una cultura vasca que camine hacie el mestizaje. Tenemos que aspirar a una Euskadi fuertemente asentada sobre una democracia intercultural. Sitúo a largo plazo el futuro JELtzale en la defensa de un tránsito de su humanismo cristiano hacia un humanismo intercultural, y en la defensa de esta ciudadanía local integrada por distintas nacionalidades que puedan intercambiar su valores con los valores de la cultural nacional vasca. Cuantas más personas participen de esta fe sincera practicando con el ejemplo, mayor será la esperaza de este pueblo, ya que entonces Euskal Herria se habrá hecho mayor de edad y será la Euskal Hiria de todos y para todos abierta al mundo.

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