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Las dos caras de Eusko Alkartasuna (y 2)

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Imanol Lizarralde

[Continuación de Las dos caras de Eusko Alkartasuna (1)]

Libertad para opinar

Pedía también Iñaki Galdos en el acto de presentación del proceso Suspertu “libertad para opinar” dentro de la reflexión que teníamos que hacer los afiliados de EA y también los nacionalistas acerca de los resultados electorales. Esta petición no es baladí, pues los oficialistas de EA son especialistas en escurrir en bulto de sus responsabilidades, apelando a un debate interno que casi nunca llega, y cuando llega está predeterminado, encajonado o limitado.

La entrevista de Rafael Larreina arroja muy malos augurios a este respecto. La mayor parte de la misma está encaminada a culpabilizar y responsabilizar, de forma vaga pero insidiosa, a los compañeros de partido: “hay gente que ha traicionado el esfuerzo de consenso y trabajo en común impulsado por el sector mayoritario del partido”. ¿A qué espera Rafa Larreina para hacer funcionar los tribunales internos para depurar esas responsabilidades? Es evidente que Larreina no avala esas falsas acusaciones con pruebas fehacientes. Pero la “libertad de opinión” ya tiene un aviso para navegantes, proveniente de uno de los máximos líderes de EA.

Apela además al tema de los congresos para impedir la “libertad de opinión” fuera y dentro de EA:

“En los congresos deciden los afiliados. Yo le diría al sector crítico que respete la voz de la afiliación. Para algunos nada es válido mientras no se diga lo que ellos defienden. La construcción nacional y social es la línea que marca la mayoría de nuestros afiliados y que hay que seguir independientemente de las coyunturas electorales. Si uno no está de acuerdo y discrepa con las decisiones que por mayoría se toman en los congresos, tiene que ser coherente y, si procede, tomar otros caminos”.

Por ahora ningún congreso de EA ha planteado la estrategia del “polo soberanista” ni los términos de la misma que Ziarreta y los oficialistas de EA han defendido en esta última campaña electoral. ¿A qué viene apelar a los congresos, cuando los propios oficialistas hacen caso omiso de ellos y plantean una línea política que no ha sido apoyada en ningún órgano del partido?

Es evidente la actitud inquisitorial de Rafael Larreina respecto a los críticos de EA, coherente con su línea de decir que no se arrepiente de ninguna decisión, de esas de las que han llevado a nuestro partido político al borde de la desaparición. Es evidente también que la única razón a la que apela es a la de una mayoría interna del partido, que todavía habrá que ver, pero de la que Larreina, investido por no sabemos que poderes, se autoconstituye en tutelador perpetuo. Por su mente, estamos seguros, en ningún momento pasó la palabra “dimisión”.

Yo me resisto a pensar que la mayoría de los afiliados de EA, incluso la mayoría de los oficialistas, no piensan que la responsabilidad del descenso electoral y del debilitamiento de nuestro partido no es responsabilidad de aquellos que lo están pilotando de una forma tan chapucera. ¿No es responsabilidad de los oficialistas la mala situación de EA? ¿No es responsabilidad del capitán el rumbo de un barco?

Iñaki Galdos ya ha anunciado que los críticos de EA no vamos a perder el sueño por un congreso (¿otra lucha interna tras una debacle electoral? ¿esa es la decisión que piensan los oficialistas de EA que hay que tomar?). Dentro de un proceso de reflexión que tenga esas tres características, de “separar el polvo de la paja”, “estar dispuestos a revisar y corregir” y dar “libertad de opinión”, EA de Gipuzkoa pretende tratar de encontrar el fondo de las razones de esta crisis, que no es sólo de EA, que es crisis del nacionalismo en general. Es la visión amplia con la que podemos desenvolvernos de forma razonable en los tiempos que nos vienen de incertidumbre y triunfalismo españolista. Es la visión de recuperación parte del nacionalismo de sus raíces institucionales y democráticas y la visión de la recuperación de las propias raíces y valores fundacionales de Eusko Alkartasuna.

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