Aberriberri bloga

Cuatro partidos viables y un pacto necesario (1)

Read Time:6 Minute, 23 Second

Iñigo Lizari

Existe una fragmentación política absolutamente desbordante. Cada matiz ideológico, cuando no personalista, se ve multiplicado por los diferentes matices respecto del factor nacional, y a ellos se añade el factor de la violencia que lo adultera todo y multiplica aún más la complejidad de nuestro mapa político. Esta situación ha producido un número absolutamente desproporcionado de partidos políticos. Esto es la prueba más palpable de nuestra anormalidad política.

En consecuencia, el número de partidos es tal que se hace necesaria la búsqueda constante de coaliciones con lo que los partidos no pueden ni tan siquiera comprometerse a ejecutar ningún programa frente a la ciudadanía, ya que ningún partido puede gobernar por sí sólo, y es esa necesidad de pactos que involucran a tantos partidos la que genera después un gran desengaño en el electorado que ve como su voto se diluye.

Es obvio, a tenor de la sistematicidad con la que la sociedad vasca ha sufrido la violencia, que no es explicable una normalización política sin la paz, pero la normalización política es una situación de un calado mucho más profundo que el de la paz. Prueba de que la normalización política y violencia son cuestiones totalmente distintas reside en el hecho de que podría haber una rendición unilateral de las armas y que la sociedad vasca siga dividida en las mismas cuestiones que forman parte del problema vasco. Es más, puede que en un escenario de no violencia arreciaran las tensiones soberanistas y asistiríamos a otra multiplicación de sus artículos de opinión en un sentido y en otro.

En este sentido, como paso intermedio para alcanzar un día esa futura normalización política es necesario reducir el sistema vasco de partidos a un esquema cuatro. Esta reflexión última fue la defendida en aquella intervención del Diputado General de Bizkaia, José Luis Bilbao en la conferencia sobre la LTH. Aquí, en un futuro muy próximo el espacio se reducirá a la representación de las cuatro corrientes de fondo que tomarán el cauce que puedan representar una IA Democrática, un PNV, un PSE y un PP.

Por ello, es posible que se delimite la Derecha conservadora españolista a un partido, para lo cual ya existe el PP. También se hace necesario recuperar el espacio abertzale de centro y centro-derecha como partido de ley y de orden que puede presumir de una raíz humanista demócrata-cristiana. Un partido que tiene en su haber haber sido siempre un partido interclasista y cuyos planteamientos ideológicos hoy lo hacen compatible con un liberalismo social y una socialdemocracia. Un espacio para el cual ya está EAJ-PNV.

Para el espacio de un Centro Izquierda que con esa cultura de clase obrera española en origen, que hoy afortunadamente se va abriendo a otras adhesiones, y que ha servido de refugio y reconversión de otros grupos de izquierda antaño muy doctrinarios, ya está el PSE-PSOE-EE que tiene aún pendiente la realización de un comprometido giro vasquista. Y para una izquierda que aspira a seguir siendo vanguardía en la renovacón de los valores de la izquierda y en la actualización de las expresiones de la cultura vasca y su constante defensa, es imprescindible contar con izquierda abertzale democrática homologable y coaligada en torno a un proyecto común o cuando menos, comunidad de intereses.

Este país necesita una Izquierda Abertzale Democrática unida o coaligada que se ajuste a los estándares de los movimientos de nueva izquierda vinculados a movimientos ecologistas y antimaterialistas que apuestan por un desarrollo sin crecimiento y que se dan en las sociedades avanzadas como la nuestra, y que los podemos encontrar tanto en Australia, Nueva Zelanda, como en Alemania, los Paises Nórdicos o en las Islas Británicas o el Canada, con gente implicada en ecobarrios urbanos, comunidades urbanas de trueque, en la defensa de la educación no competitiva y de la interculturalidad, la defensa de la biodiversidad y permacultura,  etc…

Es necesario una fuerza que desde el planteamiento vanguardista y actual que se establece en el wellbeing-manifesto unido con las propias raíces de la idiosincrasia euskaldun, de la cosmogonía vasca y de la relación de los vascos con su tierra, encuentre un lenguaje nuevo en los propios valores. Una fuerza que abandone por completo el nefasto discurso de la lucha de clases, el marxismo-leninismo que de vasco no tiene nada y huya del paradigma de la penuria y de los oprimidos que en absoluta responde a la complejidad de una sociedad opulenta como la nuestra, y por supuesto reniegue de la justificación impresentable de la violencia con fines políticos en una situación como la actual.

Sin embargo estamos muy lejos de esta situación, y lejos de la situación que propició un cambio del Gobierno en Catalunya con el relevo de CiU por una coalición “natural” por afinidad ideológica como la del PSC+ERC+ICV. Estamos lejos porque en Catalunya no existe el estigma de la violencia, no existe un equivalente vasco en representanción a ERC como fuerza democrática independentista de izquierdas, ni el PSE de aquí es equivalente al PSC de allí, cuyo Catalanismo es defendido hasta por un Montilla que, afirma quere mucho a Zapatero pero no más que a Catalunya.

Un pacto PSOE+PP que tuviera en contra al PNV, aunque permitiera la gobernabilidad en solitario del PSOE, seria un pacto antinatura y que generaría una enorme crispación por más que se alcanzasen los 38 diputados. Esta crispación se vería acrecentada además por la marginación por primera vez en la historia vasca de reciente de la concurrencia parlamentaria de una fuerza política con la representación como la que ha tenido la izquierda abertzale radical tradicional. Situación que le restaría una enorme falta de legitimidad a ese gobierno que contaría además de la amenaza de una eventual Sentencia condenatoria al Estado Español por parte del TEDH. Algunas voces afirmaban hace meses cuando la euforia estaba desbordada, que debería ser más lógico que si el PSOE ganase al PNV, debería ser el PNV quien debiera apoyar al PSOE y exigir las contrapartidas adecuadas, ya sea en las Diputaciones, o en los Ayuntamientos.

Siguiendo ese razonamiento debería ser también evidente para los mismos en un país desarrollado como el nuestro, que si el PNV ganara al PSE-PSOE, debería ser el PSE quien debiera apoyar al PNV exigiendo para ello las contrapartidas que estimase oportunas. Una opción que es vista con simpatía por el electorado vasco y que representa la centralidad de la sociedad. Durante estos meses se han apuntado diversas formulas en muchos foros y ámbitos, incluso en boca de los líderes políticos. Algunos, del mismo modo de lo que sucedió en su día con la designación de Izaskun Bilbao frente Atutxa, consecuencia de las exigencias de EHAK, ponen sobre el tapete el “riesgo” o “necesidad” (según a quién se le pregunte) de un gobierno de coalición con un lehendakari de consenso, que personalmente dudo que fuera un precedente menos honroso que en el caso anterior. Otros han sugerido gobiernos en solitario con apoyos recíprocos en el parlamento y el congreso e incluso gobiernos de concentración.

Bien es cierto que estos acuerdos amplios (tan legítimas como las formulas ensayadas durante estos últimos años) serían condición necesaria pero no suficiente para una normalización  política. Para caminar hacia la normalización política los acuerdos deben ser verdaderamente de calado porque en mi opinión existe normalización política cuando en una sociedad existe un consenso sobre una serie de aspecto estructurantes de la misma. Saber cuáles son y trabajar sobre estos aspectos estructurantes compartidos es una tarea a la que debieran dedicarse no solo los políticos sino la sociedad en general. Aspectos que intentaré desgranar en el próximo capítulo de este artículo.

(Continuará…)

Salir de la versión móvil