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Niños como escudos: verdades y mentiras acerca de Israel

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Imanol Lizarralde

Como tantos otros, me he visto asaltado por la brutalidad de las noticias y de las imágenes derivadas de los graves incidentes que están ocurriendo en la franja de Gaza. Es algo repetido, pues es lo que vimos también cuando Israel irrumpió hace no tanto tiempo en el Líbano. En ambos casos, las noticias eran las mismas: frente a los tanques y la potencia del ejército israelí, gente enloquecida de dolor y odio, niños, mujeres, haciendo frente, protestando por las víctimas civiles.

Como en el caso de la invasión del Libano, los medios de comunicación, españoles y vascos, prensa escrita y televisión, ponen énfasis en las consecuencias de un proceso del que sólo se subraya una parte de la tragedia. Y las imágenes de niños muertos por la aviación o por los tanques israelís son consecuencia de algo más allá que el supuesto espíritu sanguinario del sionismo.

Los medios de comunicación soslayan, ocultan o minimizan, el hecho de que Hamás (que ganó las elecciones palestinas) había roto una tregua de seis meses y que sus militantes lanzaban bombas sobre los civiles israelíes desde las azoteas de sus casas familiares. La acción de Israel, como la del Líbano, es respuesta a un hostigamiento constante por parte de los militantes islamistas, que son perfectamente conscientes de las consecuencias que pueden acarrear sus acciones.

Como en el caso de Hezbola en el Libano, Hamás usa a la población civil, a su propio pueblo, como parapeto y barrera. Así lo proclaman sus dirigentes como en este video de YouTube: “Hemos creado escudos humanos de mujeres, niños, ancianos y muyahidínes para desafiar a los sionistas”. ¿No es este fanatismo increíble y casi inhumano de los islamistas el que hace que la guerra afecte a más viviendas, familias, mujeres y niños? ¿Eso no es también criticable? Ellos han implicado a sus propios hermanos en ese tipo de guerra, que no es más que una versión muy ajustada de la guerra popular, prolongada y de desgaste, teorizada y practicada con Mao Zedong. La intifada no es más que una forma organizada de poner en pie de guerra a niños y muchachos, que matan y que mueren por que sus mayores así lo quieren y así les enseñan.

¿Qué podemos decir de aquellos que disponen sus bazokas y sus cañones en orfelinatos, hospitales y casas familiares? La respuesta del estado de Israel, con todas las graves consecuencias que acarrea, es coherente con la respuesta de cualquier estado frente a una provocación de tal calibre: ¿qué harían Francia, Inglaterra u otros países si un país vecino le lanzara continuamente misiles contra la su población civil? Cuando en una guerra el contrario es capaz de martirizar a su propio pueblo, como es el caso de Hamás respecto a los palestinos, aludir a la reacción enemiga cuando se lanzan misiles contra su población civil es cerrar los ojos ante la naturaleza de este conflicto.

Una de las partes, la de Hamás, no quiere ni hablar de paz, rechazó los acuerdos de Oslo y pretende destruir “el enemigo” con cualquier medio. Y uno de esos medios, y ellos lo saben, es la posible presión internacional humanitaria en contra de Israel. De ahí que no les importe poner a sus familias en el punto de mira de los tanques israelíes y luego enseñen los cadáveres de sus familiares frente a las cámaras de televisión. A mayor abundamiento, es preciso recordar aquí los repetidos avisos del primer ministro israelí Olmert a Hamás, advirtiendo de forma continuada de que, en caso de no cesar los ataques con misiles, el ejército israelí atacaría, y la población civil de Gaza podría correr serio peligro.

Estos incidentes tienen también su lectura política. Hamás quiere al Likud en el poder. El gobierno del Kadima no podía hacer otra cosa que intervenir en Gaza. Los radicales islámicos necesitan radicales israelíes para seguir echando leña al fuego de la guerra prolongada.

Quisiera señalar el papel de los medios de comunicación, y me refiero sobre todo a ETB, cuya parcialidad y falta de matices a la hora de informar acerca de este tema es escandalosa. A cincuenta años de Auschwitz, surgen organizaciones, como Hamás y como Al Qaeda, cuyo primer mandamiento es el exterminio de los judíos y del estado de Israel. Y nuestros medios de comunicación les hacen la rosca. La postura de Angela Merkel y de Alemania, en este sentido, de apoyar a Israel en esta nueva y amarga hora de soledad internacional, es, al menos, un avance.

Los judíos se saben nuevamente el chivo expiatorio de las políticas infames de este mundo. Pero ahora al menos tienen la conciencia de esa situación y la determinación para hacerle frente.

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