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Las víctimas, el nacionalismo y Joseba Arregi

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Imanol Lizarralde

El ex político nacionalista se muestra obsesionado en su penúltimo artículo por marcar músculo moral respecto a sus antiguos correligionarios. El tema de las víctimas, de la emisión a altas horas de la noche de un programa acerca de las mismas en ETB, es ahora el motivo que le impele a plantear una denuncia.

Para Arregi la anécdota del programa insufla la potencia de una tremenda diatriba:

“La incomodidad del nacionalismo, manifiesta en el proyecto de ley y aún más en el tratamiento dado por ETB al documental de las víctimas, es la incomodidad que causa la pregunta: ¿qué significa para el nacionalismo el que ETA haya asesinado en nombre de un proyecto nacionalista a casi mil personas? Es la pregunta cuya formulación pretende evitar a toda cosa el nacionalismo”.

Arregi interpreta todo esfuerzo por parte del nacionalismo gobernante de satisfacer a las víctimas como intento de ocultar “el que ETA haya asesinado en nombre de un proyecto nacionalista a casi mil personas”.

Es hora de poner la lupa sobre esta observación de Arregi: ¿Es verdad que el nacionalismo pretende ocultar el hecho de que el proyecto nacionalista de ETA haya asesinado a mil personas? Porque habrá que entender que en la falta de distinciones a la que nos tiene acostumbrados Arregi, la palabra “nacionalista” incluye, en íntima hermandad a PNV-EA y a ETA.

Primero habría que remarcar que ETA nunca se ha declarado organización “nacionalista” sino que se califica a sí misma “organización socialista, revolucionaria de liberación nacional”. Por tanto hay un buen trecho entre la autocalificación de ETA y la naturaleza de un partido vulgarmente democristiano como el PNV. ETA mata en nombre de un proyecto “socialista revolucionario” al que Arregi no le dedica ni un leve parpadeo. ¿Por qué tamaña omisión? ¿Por qué remarcar el aspecto de “liberación nacional” de ETA, que ni siquiera es calificado por la organización como “nacionalista”?

Por otro lado podríamos juzgar que ETA y el PNV tienen cuestiones comunes y que ETA mata por esas cuestiones. ¿Es ETA seguidora de Sabino Arana? ¿Mantiene la comunidad de admiración y referencia respecto al fundador del nacionalismo? Desgraciadamente para la opinión de Arregi, el fundador del PNV es calificado por parte de ETA y sus ideólogos (en perfecta correspondencia con los miembros del Foro de Ermua u otros grupos ideológicos afines) de racista, clerical, etc y ETA se constituye históricamente para la refutación de su nacionalismo. Recomiendo a Arregi que lea la crítica de Federico Krutwig y de Julen Madariaga, fundadores de la ETA de la V Asamblea. Ellos querían romper de forma explícita con la adhesión al modelo democrático, a los valores cristianos y a la legalidad que había enarbolado el nacionalismo histórico. Arregi omite esta cuestión esencial: la crítica antidemocrática de ETA se dirige, primero, al nacionalismo democrático. Tampoco, en este ámbito, la palabra “nacionalista” expresa un ámbito común entre ETA y el PNV.

ETA no mata ni por nacionalismo ni por la independencia ni por la autodeterminación ni por el euskara (aunque nos reverberen los oídos con este tipo de observaciones y Arregi concretamente se cebe en que ETA mata por “nacionalismo” o por “ideas nacionalistas”). ETA mata por los programas mínimos que va sacando a la calle. ETA mata por la Alternativa KAS, por la Alternativa Democrática, por la Propuesta de Anoeta. Por objetivos que pone delante del público mediante los valedores políticos del MLNV.

ETA mata por cuestiones programáticas y por una cuestión de base y de principio (disputar al estado y al gobierno vasco el monopolio del uso de la violencia). Por ello resulta sangrante enfrentarse a las vaguedades analíticas de Arregi que casi siempre se resuelven en un insulto al nacionalismo vasco y a los nacionalistas, entre los cuales se encuentran también víctimas.

Es decir: digamos que en los últimos 30 años de transición democrática ETA y el nacionalismo del PNV y de EA coinciden en un periodo muy breve de 1999 en lo referente al Pacto de Lizarra-Garazi, donde llegan a acordar un programa mínimo común. A condición de que ETA no matase. Ni en el momento de mayor connivencia entre el nacionalismo y ETA llega a darse que ETA mata por “nacionalismo”.

Finalmente Joseba Arregi nos habla de otra cuestión. Del mito “de la buena conciencia innata del nacionalismo”:

“La incomodidad del nacionalismo con las víctimas asesinadas y con su verdad, la verdad puesta de en ellas por la intención de quien las erigió en víctimas, por ETA, es la incomodidad de tener que renunciar al mito justificante de todos sus planteamientos: el mito de la buena conciencia innata del nacionalismo, del nacionalista”.

Digamos que una vez probado, de forma fehaciente, que el nacionalismo democrático y el MLNV no han compartido programa mínimo más que en un breve periodo de 1999 (cuando, además, ETA no mataba), hay que decir que la teoría de Arregi del “mito de la buena conciencia” del nacionalismo tiene alguna realidad. El nacionalismo desarrollo esa “buena conciencia” en el primer periodo de la transición cuando ETA mataba a saco y el estado torturaba también de forma masiva. Era normal que los nacionalistas se vieran a sí mismos equidistantes entre un estado fascista que cambiaba en otro democrático y una organización armada que mataba todos los días. La existencia posterior del GAL no ha redundado más que en esa buena conciencia que, así, tenía también una nueva justificación, respecto a una fuerza, además, antifranquista como era el PSOE.

La “buena conciencia” es producto de eso. Pero es que, además, como decía en mi anterior artículo sobre los planteamientos de Arregi, tenemos al propio Arregi como político nacionalista en funciones de alta responsabilidad a lo largo de la mayor parte de la historia reciente, que nos podría explicar, referida a sí mismo, la teoría de la “buena conciencia” nacionalista.

¿Tenía una “buena conciencia” Arregi cuando en su papel de portavoz del Gobierno Vasco a principios de los 90 defendía el acuerdo de la Autovía de Leizarán?

¿Qué sentía respecto a las víctimas, muy reales, unas tres personas, que perecieron por el trazado oficial de la autovía, que luego se modificó y cuya modificación –fruto de un pacto con ETA- fue defendida tan gallardamente por Arregi?

Es mucho más grave que cambiar de hora un programa de televisión defender desde instancias gubernamentales un acuerdo, como el de Leizarán, que supuso un golpe muy fuerte al funcionamiento de la democracia en Euskadi. ¿Cuál es el estado de la conciencia de Arregi al respecto?

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