Bilbo: La Libertad no puede arrodillarse

Lo ocurrido ayer en Bilbao no es una algarada espontánea ni una simple disputa entre extremos políticos. Es la expresión de una dinámica organizada de intimidación que, como sucedió en su día con la kale borroka, aprovecha cualquier excusa para ampliar su espacio de actuación y condicionar la vida democrática.

Hoy es Vito; mañana será una campaña electoral de Abascal o cualquier Mari Carmen o Husuf de oportunidad. El objetivo es el mismo: ocupar la calle, silenciar al adversario y convertir la violencia en un instrumento de presión política.

Cuantas más «zonas liberadas» en fiestas, más gaztetxes y más txoznas sin control, mayor será el terreno conquistado por quienes pretenden imponer sus propias reglas. Las amenazas contra las familias de los representantes públicos que se atreven a plantarles cara revelan la naturaleza mafiosa de esta coacción.

EHBildu en Bilbao condena los altercados, pero alaba «las ejemplares respuestas populares, pacíficas y democráticas de hoy». Esta ambigüedad no es inocua. Impedir que hable un facha no es democracia: es fascismo. La libertad de expresión no puede depender de la autorización de una turba ni del beneplácito de quienes se arrogan el monopolio de la virtud democrática.

Estamos ante una dinámica de acción-reacción-acción que amenaza con convertir en objetivos potenciales a todos los que nos oponemos a esta deriva. Ernai, GKS, Jardun y otros sectores de la izquierda abertzale radical han consolidado espacios de influencia en universidades, medios públicos, ayuntamientos y gaztetxes.

Ante el riesgo de alternancia democrática, pretenden trasladar la confrontación a la calle. Su abertzalismo comunista, palestino e internacionalista ofrece una imagen muy reveladora de sus prioridades políticas.

La situación adquiere rasgos prerrevolucionarios y una preocupante dimensión de confrontación guerra civilista. La polarización interna se combina con un escenario internacional de guerra híbrida y desestabilización de las democracias europeas. Mientras tanto, nuestros políticos siguen mirando hacia otro lado, enzarzados en estupidas disputas internas entre familias políticas, atribuyendo todos los males a un fascismo omnipresente mientras el comunismo organizado actúa con plena libertad.

La equidistancia entre quienes ejercen sus derechos y quienes pretenden impedirlos por la fuerza recuerda peligrosamente al relato de las «dos violencias» que terminó sirviendo para justificar lo injustificable en la historia de ETA.

Nuestros gobernantes son COBARDES cuando sustituyen la autoridad por las declaraciones y la responsabilidad por el cálculo partidista. Bingen Zupiria ha demostrado una incapacidad intolerable para afrontar este problema y debe dimitir. Pradales no puede seguir haciendo juegos malabares de equidistancia para evitar enfrentarse a quienes amenazan la convivencia democrática.

Esto no se resuelve con buenas palabras. Se necesita un servicio de inteligencia propio de primer nivel, capacidad preventiva, medios tecnológicos sometidos a control judicial y actuaciones eficaces de dispersión y detención cuando la ley lo permita. Si aumenta la participación de menores en estos episodios, habrá que revisar la legislación y estudiar cómo exigir responsabilidades a padres y tutores en los supuestos legalmente previstos. La minoría de edad no puede convertirse en un instrumento de impunidad.

La kale borroka condiciona la capacidad de actuación de la Ertzaintza, la educación está en mínimos, Osakidetza desbordada y la sostenibilidad financiera del Concierto exige respuestas. ¿Cuál es el balance del Gobierno Vasco? ¿Dónde está su autoridad, dónde su estrategia y dónde la defensa inequívoca de la libertad?

Se avecinan intentos de construir gobiernos tripartitos en torno a una nueva Línea Maginot antifascista, destinada a presentar cualquier alternativa política como una amenaza y a convertir a los vascos disconformes en imbéciles útiles de una estrategia ajena. Frente a ello, hacen falta vascos valientes, capaces de romper el silencio, denunciar la cobardía y ofrecer un análisis político a los cientos de miles de abertzales que se sienten huérfanos .

Bilbao es una advertencia. O las instituciones recuperan la iniciativa y garantizan las libertades, o quienes pretenden imponer su hegemonía mediante la intimidación seguirán ganando terreno. La democracia no puede arrodillarse ante los comandos de la extrema izquierda… y tal vez sea el momento de recordar que lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la eternidad. 

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Un comentario en «Bilbo: La Libertad no puede arrodillarse»

  1. ¿Para qué queremos competencias si vamos a utilizarlas igual o peor que en España?

    ¿Para qué queremos Ertzaintza si no puede actuar como debe y no protege a la ciudadanía frente a la kale borroka que todos sabemos que no viene de la ultraderecha sino de la ultraizquierda?

    Azkuna: «Al navajero, palo» vs Pradales: «no los queremos aquí»

    Barkatu Lehendakari, pero los ideólogos de la kale borroka llevan muchas décadas aquí. No se mueve un dedo de violencia en Euskadi sin la connivencia de los de siempre.

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