Pedro de Zubiri
Hay declaraciones políticas que, sin pretenderlo, revelan el nivel real de análisis de quien las pronuncia….
La reciente y brillante intervención de Ursula von der Leyen en la conferencia anual de embajadores de la UE pertenece a esa categoría incómoda: Europa, dijo, ya no puede confiar únicamente en un sistema internacional basado en reglas para defender sus intereses. Traducido al lenguaje de la realidad: las reglas no detienen misiles, dictadores ni teocracias.
Es una constatación bastante elemental de geopolítica,sobre todo para quienes siguen interpretando el mundo con el manual simplificado de las consignas: «no a la guerra», «ni con unos ni con otros» y «defendamos el derecho internacional».
Ahí es donde aparece el contraste con discursos como el de otras inmaduras Eurodiputadas.
La cómoda equidistancia del «ni con unos ni con otros» tiene una ventaja evidente: permite mantener intacta la superioridad moral mientras otros tienen que enfrentarse a la realidad.
La equidistancia es el lujo desde una falsa supremacía moral «progre» de quien no tiene que tomar decisiones y por consiguiente, nunca se equivoca .
El argumento suele apoyarse en la defensa del «derecho internacional». Pero curiosamente ese derecho parece «académicamente sagrado» cuando se trata de defender estados y fronteras, y mucho más flexible cuando se trata del derecho de los pueblos a liberarse de regímenes autoritarios.
Los ejemplos de Irán y Venezuela son realmente incómodos para esa lógica.
Von der Leyen recordaba que muchos iraníes celebran la desaparición del régimen de los ayatolás. Y ahí surge la pregunta que las pancartas del 8 M, no responden: ¿también hay que decir «no a la guerra» cuando un pueblo quiere librarse de una tiranía?
El problema de este pacifismo de pancarta, no es solo su ingenuidad. Es su enorme utilidad partidista. Algunas guerras movilizan manifestaciones y discursos inflamados. Otras generan silencios hipócritas y matices repugnantes. El pacifismo, al parecer… también tiene geografía ideológica.
Mientras algunos dirigentes europeos empiezan a admitir que el mundo ya no funciona como en los manuales del orden internacional de los noventa, parte del debate político sigue instalado en la guardería moral de las consignas Woke en implosión: «No a la guerra». «Ni con unos ni con otros».
Frases que suenan muy bien en un mitin. Pero que tienen aproximadamente el mismo efecto sobre la geopolítica que un cartel de «prohibido llover» frente a la tormenta perfecta . 🌧️