Gabriel Otalora

El próximo 24 de enero, Sortu presentará en Irun cambios en su ejecutiva, siempre dentro de la estructura de EH BIldu, cuyo coordinador general es Arnaldo Otegi, a su vez el primer secretario general de Sortu. Los que vienen no son desconocidos: seis proceden de su rama juvenil Ernai, mientras que el coordinador general propuesto, Xabier Iraola, es miembro fundador de Ernai, la organización que compite con GKS por mantener un perfil más nítido de violencia callejera. Figuran también en la lista varios exmiembros de ETA, incluido David Pla, hasta ahora vicesecretario general de Sortu. (El secretario general saliente es Arkaitz Rodríguez, posible sucesor de Otegi en la coordinación general de EH Bildu).

Al parecer, poco queda de la esencia que aportaron ANV y Eusko Alkartasuna, sobre todo cuando la izquierda abertzale deja atrás (2017) la clásica fórmula de coalición de partidos para ser más izquierda que abertzale. Desde sus comienzos, la independencia y la autodeterminación tuvieron una lectura interna alejada de los mantras nacionalistas mayoritarios en nuestro País. Como dijo honestamente Letamendia (Ortzi), la independencia es respecto de la burguesía. Es decir, “una independencia de clase que une la independencia a la revolución socialista” (Congreso de EIA) desde una concepción marxista-leninista que parece mantenerse con fervor.

En cuanto a la autodeterminación de los pueblos ocurre algo similar, ya que la interpretan conforme a la ortodoxia marxista-leninista es decir, como lucha revolucionaria que busca la eliminación del estado burgués. El derecho de autodeterminación debe interpretarse respecto de la “masa trabajadora” mediante la lucha de clases, no de los pueblos como tales. Por tanto, cuando la izquierda abertzale se refiere a los movimientos de liberación nacional tiene un doble carácter. Nada más alejado del movimiento separatista como lo entendieron los abertzales bajo el gobierno del lehendakari Aguirre. De hecho, el ideólogo operativo de esta dualidad, expresada por ETA como bietan jarrai, fue Lenin.

Esta manera dual de presentarse la manejaron igualmente los partidos del Movimiento Comunista Internacional, incluido el PC de Santiago Carrillo. Con semejante dialéctica bifronte es posible movilizar a amplios sectores al servicio de la causa, como parece ser la dinámica de Sortu; es por lo que Podemos y Sumar tienen poco margen electoral en la medida en que EH Bildu tenga presencia social entre nosotros como el motor ideológico de la marca electoral.

Creo recordar que Mario Onaindia fue de los que alentó políticamente esta ceremonia de la confusión (1981), tan querida por Mao, cuando afirmaba que “Herri Batasuna abarca todo el espectro político, desde la extrema derecha nacionalista hasta la extrema izquierda nacionalista”. La famosa “acumulación de fuerzas” que ayude a lo que es, pero simulando lo que no es. La realidad es que la estrategia ha dado resultados electorales.

Es evidente que la realidad vasca en Hegoalde no es la misma que hace 20 años. Es de justicia recordar el reconocimiento  del “sufrimiento y dolor” de las víctimas de ETA, mostrando su pesar ante la “falta de sensibilidad hacia el sufrimiento y dolor ajeno”. Una declaración  en la que se comprometieron a “volcar nuestro esfuerzo en el camino para conseguir la reconciliación y el respeto mutuo”. Esto es importante porque la dialéctica leninista enfrenta la lucha con la reconciliación; sin embargo, Ernai (dentro de Sortu y EH Bildu) mantiene viva esta confrontación, igual que GKS.

La evolución de la izquierda abertzale evidencia su capacidad para acomodar su estrategia a la realidad social de cada momento. Ahora es una fuerza política dentro del sistema democrático con participación en el marco democrático estatal, hasta el punto de sostener al gobierno de Sánchez. Una posición bien alejada de cuando se negaba a participar en las instituciones españolas al considerarlas ilegítimas (y de paso, criticar al PNV de españolista por hacer política vasca en Madrid).

En resumen, hemos pasado del enfrentamiento frontal y violento a una estrategia política de guante blanco encarnada en la marca EH Bildu con personas que electoralmente venden muy bien el binomio “izquierda abertzale”. Pero se mantiene la esencia dual con la apuesta de Sortu con perfiles en sus dirigentes que encajarían perfectamente en tiempos pasados de confrontación abierta. De hecho, Sortu se queda en la sala de máquinas con ilustres comunistas al mando de la reorientación política, organizativa y funcional con el objetivo de desarrollar la ponencia Herri gogoa, la nueva hoja de ruta para los próximos años, con la marca EH Bildu tratando de convertirla en votos y escaños atrayendo a unos y otros. Den Xiaoping, sucesor de Mao, lo resumió muy bien: gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones.

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